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Rubio veneciano

Editado Para La Historia

Rubio veneciano es una coloración muy particular del cabello y se ve mucho en esta ciudad italiana. Hoy en día, gracias a las maravillas de la tecnología, los tintes permiten a muchas mujeres obtener este color que va desde un rubio dorado hasta una especie de pelirrojo. El personaje del que les quiero hablar hoy era veneciano, pelirrojo y por todos conocido por “El Prete rosso”, el cura rojo, por el color de pelo que había heredado de su padre.

Vivaldi es tan conocido hoy en nuestros días como lo fue en su época de esplendor. ¿Quién no conoce las Cuatro Estaciones de Vivaldi repetidas hasta la saciedad por todos los medios? Pero no nos equivoquemos, Antonio Vivaldi no solo compuso esta conocida obra. Fue un gran violinista y un gran organista. Tocó para príncipes, duques, reyes, tocó dos veces para el papa Benedicto XIII y para su amigo, el emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Francisco I.

Antonio Vivaldi nació en el seno de una familia numerosa. A su nacimiento ya había cuatro hermanos y cuatro hermanas y nació el día del terremoto del 4 de marzo de 1678. Al recibirlo, la comadrona llegó a decir que era un “peligro mortal”. De su padre, que era músico en la Catedral de San Marcos, aprendió a tocar violín y órgano, llegando a ser virtuoso en ambos instrumentos. Fue designado para los estudios de sacerdocio, ordenándose a los 25 años. Pronto fue aliviado de la tarea de decir misa porque desde pequeño padeció de lo que en la época se le llamaba “estrechez de pecho” y que hoy lleva el nombre de asma. Fue designado como maestro de música y canto al Hospicio de La Piedad en Venecia, que se dedicaba a recoger en su seno y a educar a señoritas pobres o sin familia. En la época era mal visto que mujeres jóvenes tocaran instrumentos que normalmente eran del dominio de los hombres. Las alumnas de Vivaldi eran excelentes en su interpretación musical, viajaban por toda Europa y no se presentaban al público, sino que tocaban detrás de una mampara u ocultas en una galería para que nadie las pudiera ver y así no ofender los gustos de la época.

Vivaldi componía con una gran facilidad. Antes de Cuaresma, Venecia celebraba fastuosos carnavales a los que acudían personas de todas partes de Europa. Casinos había 25 para recibir a los jugadores de todo el continente y los adinerados turistas que llegaban y veían a Vivaldi le encargaban les compusiera una obra musical como recordatorio de su paso por Venecia. El resultado era rápido y perfecto.

El hecho de estar siempre componiendo y en otros menesteres de sus clases musicales y ocupándose poco de la oración y la prédica hicieron que los mecenas del Hospicio de La Piedad le dijeran que tendría que buscarse otra forma de sustento. Eso fue lo que hizo que se dedicará con mayor ahínco a lo que más le gustaba: la composición. Compuso más de 200 conciertos para violín y orquesta, casi 500 conciertos para todo tipo de instrumento, 49 óperas de las que solamente 13 han llegado intactas a nuestros días, música sacra, entre ellas un magnífico Gloria, sonatas y sinfonías. La muerte lo sorprende en Viena, a donde había ido a instalarse para estar cerca del emperador, su amigo y mecenas y gran amante de su música. Pero lamentablemente para Vivaldi el emperador murió poco después de su llegada de un envenenamiento alimenticio y ya a nadie le interesaba su música. El estilo barroco que tan bien había sabido interpretar pasaba de moda. Murió en la miseria más profunda, por todos ignorado y sin que nadie quisiera interpretar su prolífera obra. Hoy descansa en algún lugar desconocido de Viena en una fosa común. El mundo olvidó la existencia de este gran músico.

Juan Sebastián Bach fue un gran admirador de la obra de Vivaldi. Escribía sobre él y tomaba obras de Vivaldi para transcribirlas. Fue gracias a este interés que tuvo Bach por Vivaldi que a comienzos del siglo XX un estudioso de la obra del gran compositor alemán redescubrió la existencia de Vivaldi, casi dos siglos después de su muerte.

Fue entonces que los estudiosos comenzaron a desenterrar de las bibliotecas las obras del Prete Rosso, donde languidecían. Los grandes intérpretes retomaron sus partituras y se le devolvió a Vivaldi la gloria y reconocimiento que conociera en su gran momento de esplendor.

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