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Alcanzar la dignidad a través de la educación

Antropos

La educación es el principal punto de partida para la reducción de las desigualdades sociales. Una sociedad educada es por esencia, respetuosa, solidaria, inteligente, creativa. Es una sociedad en donde la agresividad y la violencia no tienen cabida, porque la dignidad de la persona humana es lo que prevalece como hilo articulador.

La educación trasciende los aspectos instruccionales y de capacitación, porque tiene que ver con la persona, los valores e ideales. Pero, indudablemente al pensar qué tipo de educación queremos para nuestra sociedad, es porque esperamos forjar a las nuevas generaciones con un futuro en el cual sus proyectos de vida, sean una realidad y no una frustración. Significa que al centro de todo esto, está la visión de nación que se convierte en la columna en donde se asienta un proyecto renovador de corto, mediano y largo plazo.

Necesitamos voluntad política que garantice el horizonte y sostenibilidad a partir de un consenso de todas las fuerzas políticas, sindicales, padres de familia, empresarios, iglesias, comunidades de los pueblos originarios, sociedad civil y la imprescindible cooperación internacional que acompañen esta dinámica renovadora de la educación guatemalteca.

El país requiere de un pacto político en el cual la educación, por la nobleza de su esencia, sea el eje central que contribuya a encontrar una coherencia social que nos permita superar las confrontaciones de manera civilizada, porque necesariamente se debe trabajar en torno a reconstruir una sociedad educada.

En cuanto a los jóvenes, habrá que buscar los mejores caminos para el logro de una formación capaz de abrirles el camino de una vida plena. Formar el recurso humano que necesita el país, en el marco de los objetivos del desarrollo sostenible. Se debe valorar el conocimiento como fuente de sabiduría y de competencias para el trabajo, recordando lo que afirmó Brunner, sociólogo chileno, que tenemos deudas del siglo veinte y desafíos del siglo veintiuno.

Ya es tiempo que en Guatemala se lleve a la práctica el derecho a la educación. Está en la Constitución de la República y en todos los documentos internacionales que el Estado ha firmado. Obviamente bajo la consideración que los aprendizajes deben responder a los requerimientos del presente siglo. Se debe enfatizar a su vez, la formación ciudadana en el marco de la interculturalidad, así como entrelazar la educación, la economía y el empleo. Se deben formar los valores de respeto a las diferencias paralelamente a una fuerte y sistemática inversión en innovación tecnológica.

Aspectos nodales que deben estar en la agenda de un pacto político por la educación, es el principio que, sin nutrición, no hay desarrollo de la inteligencia y de las capacidades corporales para las prácticas deportivas de la niñez y juventud. Se deben buscar todos los caminos que lleven a la puesta en práctica de comedores escolares, como medida concreta para superar la desnutrición.

Indudablemente para el logro de una educación que dignifique a nuestra sociedad, los maestros juegan un papel central. Es en el aula donde se forma y se capacita a la niñez y a la juventud y es por tanto la escuela en donde debe prevalecer la calidad de los aprendizajes y el afecto.

El pacto político por la educación debe superar la dicotomía entre cobertura, equidad y pertinencia. Cada uno de estos propósitos, se deben articular entre sí para que las acciones se encaminen con un solo propósito, alcanzar a través de la escuela, la felicidad como un derecho ciudadano.

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