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Guatemala, piérdete conmigo

Sueños…

Según las historias antiguas, cuando los mayas habitaban desde Yucatán, hasta Chiapas, Sololá, las Verapaces y el mundo olmeca, pueblo que ellos denominaban Mayapán, desde lo que lo que hoy son Bocas del toro hasta el istmo de Tehuantepec, se propusieron construir, una torre que llegara hasta el cielo, y a través de las nubes encontrara los secretos de la creación.

Una obra tan gigantesca no se podía construir solamente con los pueblos de una lengua. Juntaron todos los pueblos y se pusieron a soñar que podían elevar la obra humana hasta el centro del universo para encontrar la única ciencia verdadera que explicara todo y que les permitiera a todos los habitantes del mundo conocerse y hablar el mismo idioma, de paz, armonía, solidaridad y convivencia con todos los animales del mundo.

Guatemala, entra un nuevo giro de la tierra alrededor del astro luminoso que nos da vida y energía. Esta vez no quiere perderse. Este país espera por fin ingresar desde el año 2020 en la modernidad y crear un sistema económico social amigo de todos los seres maravillosos de la naturaleza que la pueblan, generando también bienestar equilibrado para la mayoría de sus habitantes. Este cuerpo complejo multinacional espera encontrar un proyecto y un liderazgo social que resuelva los grandes problemas de analfabetismo, desnutrición y pobreza, y que la lleve más alto que el cóndor y el águila real.

Por alguna razón, aquel sueño quedó en nada, y la obra monumental se derrumbó sobre el istmo e inundó todos los pueblos mayas destruyendo sus encantos de paz imaginarios, todo quedó destruido en el fondo del mar y en los grandes bosques. La tierra se partió en dos continentes en este nuevo mundo.

Siglos después, Franz Kafka, un checo esplendoroso haría el recuento de aquella leyenda compartida por todas las civilizaciones. Al principio no faltó el orden en la planificación para construir la portentosa torre, una planificación excesiva tal vez. Querían construir una torre como una sociedad perfecta, en donde los humanos podrían convivir en la perfección de la creación. Dice Kafka que allí empezó el desorden de la sociedad, pues todos creían que podrían construir la torre, la sociedad inclusiva perfecta con mucha calma, “un poco más y habrían desistido de todo, hasta de echar los cimientos”.

Desde el primer momento procrastinamos: en el génesis, sabíamos que teníamos que construir una sociedad. Tenía que ser eficiente, solidaria, integrada con la naturaleza y culta. Entonces, según las visiones fatales de Kafka, los humanos pensaron lo más importante de la obra es la intención de construirla. Lo otro sería sueños, deseos, nimiedades. “mientras existan hombres en la tierra, existirá también el ferviente deseo de terminar” la sociedad perfecta. “Por lo cual no tiene que inquietarnos el porvenir.”

Eso seguimos pensando, para qué nuestra generación tiene que preocuparse del porvenir, ni la protección de la naturaleza, ni los otros seres vivos. El humano descubrirá nuevos conocimientos científicos y al final de los tiempos tendrá un nuevo mundo feliz. No hagamos nada nosotros, sigamos la fiesta de la productividad, el consumo innecesario y la destrucción del ambiente. Una generación final tendrá la respuesta para construir el mundo perfecto.

O como dirían los cantantes de hoy en día:

“Tanta gente quiere decir, quiere opinar, y criticar
Pero al final nadie más entiende esta locura
Yo a tu lado puedo volar, puedo subir, puedo bajar
El amor eterno es un helado de dulzura
Y yo quiero disfrutarlo lentamente, mientras dura.”

Pero las sorpresas abundan en estos tiempos de infinita dispersión. Por ejemplo, nos deja anonadados que el Fondo Monetario Internacional, hasta hoy epicentro del pensamiento liberal más conservador y líder de la productividad eficiente suicida, levante la mano y nos diga que entramos en una nueva era, “La era adaptativa”, con palabras de su gerente general Kristalina Georgieva, https://blog-dialogoafondo.imf.org/?p=12431, diciembre 2019.

Sus palabras son contundentes. “Ninguna institución o persona puede permanecer al margen de la lucha contra el cambio climático.” El futuro es sombrío y lleno de calamidades. Inundaciones, huracanes, tsunamis, terremotos, sequías desastres salidos de las manos de Zeus y Hefesto, que desencantados de los humanos los barrerán con aire, fuego, agua y tierra.

Queda una esperanza, que nos portemos bien, y no sigamos portándonos mal. Es decir, diría Georgieva, que actuemos. “Podemos evitar ese futuro sombrío, y sabemos qué debemos hacer: reducir las emisiones, compensar lo que no se puede reducir y adaptarnos a las nuevas realidades climáticas. Ninguna institución ni persona puede quedarse al margen.”

Un baño de realidad

Un título bonito para nuestras tareas futuras. “Estemos o no preparados, vamos entrando en una era de adaptación. Y debemos ser inteligentes al respecto. La adaptación no es una derrota sino una defensa contra lo que ya está sucediendo.” Por supuesto, tendríamos que dejar de ser seres humanos. No podemos seguir siendo egoístas y oprimir al planeta y sus animales y plantas. Ya no podemos seguir pensando en los dividendos y las ganancias como eje central de nuestras extraviadas vidas. Tenemos que generar un nuevo concepto, detener el crecimiento de la población humana, el gran depredador, provocar innovaciones para que el norte sean beneficios sociales y ambientales.

Las naciones terminan la primera década del tercer milenio con un reto monumental. Ser resilientes. Es decir, ser responsables y no reproducirse más. Eso o el fin de la historia, sin Torre de Babel.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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