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Desvencijados

Mirilla Indiscreta

En el inapelable tribunal de la historia, ese que juzga las acciones de los años, estoy seguro de que tiene reservado ya, su banquillo de acusados, al que ahora, zafando bulto, nos abandonó, en medio del jolgorio inconsciente, de todos nosotros, sus propias víctimas.

Un año complicado, que destronó a la República y decretó el reino de la anarquía.

Tendrán que empezar los jueces, por borrarle al 2019, la cínica sonrisa de satisfacción, por acreditarse falsamente, el mantenimiento del Estado de Derecho y Régimen de legalidad de una República, que finalmente entregó despedazada en su estructura institucional.

¡Pero, viéndolo bien, los años por sí mismos, no son los responsables!

Ellos sólo proponen el escenario, la fecha, el día.

Todo lo demás, con los acontecimientos que llenan el calendario cotidiano, los realizamos y llenamos, minuto a minuto, los actores principales del quehacer humano…

¡Nosotros mismos!

Hombres y mujeres que por distintas causas y sinrazones una vez situados en la cúspide de las decisiones, sellamos el acta de lo realizado, poniéndole como rúbrica personal imborrable, las consecuencias de lo decidido.

Una inmensa pirámide de actores, representando el triángulo equilátero del poder universal que dirige y decide por toda la humanidad.

Los de aquí… los que nos tocan en nuestra pirámide particular, sólo son una minúscula porción de serviles sicarios locales, en posesión de la porción de seres humanos que conforman el lote bajo su supervisión y explotación política o económica.

Esa ha sido la larga historia de la humanidad desde que se descubrió que el que más tenía… más mandaba.

La captura de recursos económicos mediante la explotación del hombre por el hombre por un lado y por el otro, la del poder político, para ejercerlo sobre la masa, siempre, en nombre de un poder superior al de la plebe, y así someterla sin resistencias.

Dos poderes claramente definidos: El económico y el político conjugados en interacciones pactadas y confabuladas para destruir las resistencias de la gente.

La nuestra, la nueva conquista de Guatemala, fue parte de una decisión con peso mundial, que favorecimos, con singular apatía por la ausencia crónica, de una verdadera organización ciudadana representativa y real.

Y, desde luego víctimas también de la desestructuración y trágica ausencia, de un sistema de Partidos Políticos orgánicos y responsables de su función fundamental de intermediación entre la Sociedad y el Estado.

Esas falencias estructurales y estratégicas facilitaron la toma del poder político con la connatural complicidad de agentes poderosos del capital, que bajo la máxima, de que don dinero no tiene nacionalidad ni patria, sólo intereses, hicieron posible, la entrega pacífica y sin resistencia del Estado de Guatemala.

Los responsables de la conducción económica del mundo, armando una nueva estructura política para imponer un modelo que invocando la paz, propicia la guerra, que descubriendo nuevas formas de opresión, sostiene como necesidad de los pueblos, la imposición violenta y militante de privilegios sectoriales disfrazados de derechos humanos universales.

La consigna: Transformar las diferencias peculiares, en falsas, banderas inclusivas, que, por el contrario, propician una lucha que fracciona y confronta a la sociedad.

Como  contrapartida: La identidad de Género, como fuente de provocación a la mayoría silente que desconcertada reacciona impávida frente a la descomunal presión económica y mediática de quienes confían en la desintegración social, como forma de nuclear y empoderar las diferencias para destruir la conducta y voluntad de la mayoría desorientada frente a esta novedosa forma de lucha, cuya finalidad se concentra en garantizar los intereses económicos de quienes fomentan y controlan estratégicamente la conducta anarquizada de las masas.

Transforman la confrontación étnica en fuente de conflicto intercultural, favoreciendo el desencuentro racial y la supremacía de quienes sintiéndose marginados, abrazan con entusiasmo la idea de sobreponerse como etnia dominante sobre las demás.

Estimulados con la prédica de la igualdad fomentan la confrontación en lugar de la inclusión, creando escenarios geopolíticos de dominación por supremacía étnica que ve con simpatía incluso la separación territorial como forma para crear nuevos feudos de explotación de recursos estratégicos con la complicidad de una población dispuesta a ser explotada en comunión increíble con sus explotadores.

-Te reconozco el poder político aparejado a tu condición étnica siempre que me permitas la explotación de los recursos estratégicos de tu territorio-

Impensable… pero cierto

Espejitos por oro. Es la razón de toda esta lucha que nos tiene sin identidad, sin democracia, sin Estado de Derecho y sin República.

Ostentando y ejerciendo el poder de los poderes, en esta segunda década del siglo veintiuno, igual que hace cien años, cuando por el mismo tiempo, el siglo veinte, por los mismos intereses nos encontraba inmersos en la algarabía diabólica de la primera guerra mundial.

Al parecer, con la penosa y desdichada complicidad de los sicarios locales, sin nacionalidad, sin patria y sin vergüenza, ese poder concentrado y coludido, económico y político ha decidido de nuevo incendiar al mundo.

En un planeta, inmerso en la tribulación, el odio, las migraciones por hambre, y la pretensión de globalizar todas las decisiones, soberanías y países bajo una conducción unificada, en el que poco cuenta las ideologías, aunque siempre se invocan para justificar los intereses y venderlos como ideales, decidieron nuevamente incendiar el mundo.

Ya no es en nombre del capitalismo, la democracia y la libertad, ni tampoco evocando al marxismo como signo de la justicia social y el bien común.

Una versión mixta de Neoliberalismo y Socialismo, jugando en la misma cancha, de un solo lado, frente al pueblo, en el otro, que, acostumbrado a jugar sin conducción técnica, no viste ningún uniforme, la mayoría con zapatos tenis o descalzos, sorteándose la portería y la delantera, sin pensar en la defensa ni la media cancha.

El desorden hecho equipo frente a los otros, planeando la masacre, coludidos con propuestas similares por su propósito de obtener de la gente el mayor beneficio con la mínima inversión.

En esas condiciones los estrategas de esa acción concertada de despojo universal no tuvieron mucha dificultad, en señalar a Guatemala, como el primer país latinoamericano para desarrollar la estrategia.

Nos invadieron, sin darnos cuenta, nos compraron, seguros que encontrarían gangas, se tomaron la ley y la transformaron en garrote enterrando a la justicia.

Nos rompieron por la base, inventaron causas nobles, envilecieron a los comunicadores y comunicados, y como tropel de caballos sin freno, patearon nuestras instituciones, disfrazadas las bestias de blancas cabalgaduras y los jinetes apocalípticos e infames, en héroes de película vaquera.

El año que feneció, fue violado todos los días, y no encontró refugio ni misericordia en ninguna parte.

Quienes hicieron factible ese ultraje, tendrán seguramente otro tipo de satisfacciones, pero la reconstrucción de la República, nos los recordarán todos los días.

Incendiados y en ruinas republicanas, no hemos reflexionado que fuimos los primeros de la lista continental.

Ya la vieja Europa, los países árabes, africanos y del medio oriente, despojados y en guerra, nos anticiparon a tiempo lo que nos esperaba.

Ignoramos el dolor de los lejanos, hasta que se trasladó a la América pródiga y generosa ese mismo dolor.

Hoy por las batallas campales que se libran en las calles de América, nos damos cuenta de que la consigna no fue ideológica sino estratégica para tomarse el continente más allá de los capitalismos y socialismos.

Somos oro, minerales, tierras raras, litio, uranio, agua, bosques, y un montón de gente pidiendo limosna sentada sobre bancos de oro como decía el poeta.

Somos pueblo, masa, plebe, buscando en el horizonte al año que nos haga buena gente, luchadora, digna y valiente.

Nuestra tierra está aquí, tiene nombre, y debiera tener dueños que la defiendan…todos nosotros.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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