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El Elogio a la Estulticia

Editorial

El Elogio de la locura (Morias Enkomion -Μωρίας Εγκώμιον- en griego y Stultitiae Laus en latín: literalmente, Elogio de la estulticia o de la tontería) es un ensayo escrito por Erasmo de Róterdam e impreso por primera vez en 1511; está inspirado en De triumpho stultitiae del italiano Faustino Perisauli, natural de Tredozio (Forlì). En una traducción aparece como título «Elogio de la necedad» porque moria es necedad, insensatez, locura.

Se considera el Elogio de la locura como una de las obras más influyentes de la literatura occidental y uno de los catalizadores de la reforma protestante.

Comienza con una loa satírica (un fragmento de virtuosa locura) a la manera del autor griego Luciano de Samósata, cuya obra había sido traducida hacía poco al latín por el propio Erasmo y por Tomás Moro. Tras esto, el tono se ensombrece con una serie de discursos solemnes, en los que la estulticia hace un elogio de la ceguera y la demencia y en los que se realiza un examen satírico de las supersticiones y de las prácticas piadosas y corruptas de la Iglesia católica, así como de la locura de los pedantes (entre los que se incluye el propio Erasmo). El autor había regresado recientemente de Roma profundamente decepcionado y donde se había lamentado de la evolución que veía en la Curia Romana; poco a poco la locura toma la voz de Erasmo.

En la obra se hace una relación puntual de las “ventajas” de la Estulticia sobre la Razón; señala cuán felices son los hombres cuando viven arropados por la necedad, situación de la que no escapan ni siquiera los Gramáticos, los Filósofos, los Teólogos, los Papas, los Obispos Germánicos, los Reyes ni los Príncipes. La estulticia se presenta ante un auditorio donde desarrolla un elogio de sí misma, logrando que su sola presencia desarrugue entrecejos y produzca cálidas sonrisas. Enumera una por una sus cualidades, vanagloriándose de que sus muchos beneficios se reparten entre todo tipo de personas: desde el vulgo que se contenta con pláticas de viejas, hasta los reyes y eclesiásticos que se embriagan con toda clase de diversiones.

La Estulticia da razón de sus orígenes (Las Islas Afortunadas), de sus padres (Pluto y Hebe) y del cortejo que la acompaña en su tarea de hacer más agradable la vida del género humano (La Adulación, el Amor Propio, la Demencia, la Pereza, la Molicie, el Olvido, y la Voluptuosidad); se lamenta de quienes reniegan de su nombre, pese a ser grandes beneficiarios de sus dones; efectúa una sátira de los leguleyos y de los médicos; de los estudiosos exhibe su desdén y patanería, dejando en claro que las mujeres prefieren la compañía de los necios; exhibe a los comerciantes, describiendo cómo son sus indulgencias la llave para seguir cometiendo sus fechorías; del clero, desde los mendicantes hasta el Papa, muestra qué tan cerca están de la vanidad como lejos de Jesucristo.

La locura se presenta como una diosa, hija de Pluto y de la Juventud (Hebe), criada por ebriedad y la ignorancia; entre sus compañeros fieles se encuentran Philautia (el narcisismo), Kolakia (la adulación), Leteo (el olvido), Misoponia (la pereza), Hedone (el placer), Anoia (la demencia), Tryphé (la irreflexión), Komos (la intemperancia) y Eegretos Hypnos (el sueño profundo).

En el país del Realismo Mágico, parece que hubiera sido escrita la obra relatada, puesto que la Corte Celestial o de Constitucionalidad, mal llamada así, (pues lo único que ha hecho en los últimos años es atentar contra la misma Constitución Política de la República de Guatemala, la cual se supone debe defender). Nuevamente se da a la tarea de servir a los traidores, al emitir un amparo provisional para que puedan los verdaderos miembros del pacto de corruptos, asumir las curules que supuestamente ganaron en una elección viciada y por demás fraudulenta, contraviniendo sus propias resoluciones emitidas con anterioridad.

Mientras tanto el Tribunal Supremo Electoral, emite un fallo en el que pretende no adjudicar una curul en el Parlamento Centroamericano aún y cuando el diputado legalmente electo fue amparado por la Corte Suprema de Justicia y sí tiene (contrario a los amparados por la Corte de la Estulticia) el respectivo finiquito emitido recientemente por la Contraloría General de Cuentas de la Nación.

¿Hasta cuándo los guatemaltecos, seguiremos siendo víctimas y comparsa de los politicastros que dicen ser de la nueva política y no son más que porquería de la misma especie ya conocida?

¿Será que el pueblo aguantará más de lo mismo per saecula saeculorum? ¿Creerán los señores de Xibalbá UNE, Semilla y demás hierbas izquierdosas, que pueden babosear permanentemente a un pueblo?

¿Será el Elogio a la Estulticia, la narración de la realidad política de Guatemala?

Por una Nación Libre, Justa y Solidaria.

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