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La Pietà

Editado Para La Historia

No se puede comprender el dolor extremo de una madre por la muerte de un hijo. Aún más inconcebible es el dolor de una madre cuando ese hijo es también hijo de Dios. Sin embargo, algunos artistas han tratado de representar el momento en que la Santa Virgen recibe a su hijo muerto en el descenso de la Cruz y antes de ser sepultado.

Hoy les quiero hablar de una obra escultórica que se encuentra en el Vaticano, a la derecha según uno entra por la Santa Puerta y antes de llegar al altar de San Sebastián. Esta obra se debe al insigne artista italiano Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) cuando solo tenía 24 años y a cuya realización dedicó tan solo 12 meses. Como hacían los artistas en la época del Renacimiento, Miguel Ángel hizo esta obra por encargo del cardenal francés Jean Bilhères de Lagraulas, benedictino, a la sazón embajador del Reino de Francia ante la Santa Sede, para formar parte del conjunto arquitecto sobre su tumba en la Capilla de Santa Petronila. El contrato entre las dos partes decía que la obra tenía que ser terminada en un año y por ella se pagarían 450 ducados de oro. El cardenal no pudo ver terminada la obra encargada, porque murió poco tiempo después.

La figura de la Mater Dolorosa es casi una constante entre 1300 y 1550. Quizás se deba al hecho de que en ese período hubo grandes devastaciones por diferentes epidemias, entre ellas la gran peste negra, y también muchas guerras, en particular en territorio italiano. También se dice que ante la precariedad de la vida ante tanta desolación por epidemias y guerras era una forma que tenían los artistas para facilitarse el camino al Más Allá.

La Pièta que nos ocupa fue realizada sobre un bloque de mármol seleccionado especialmente por Miguel Ángel entre muchos en las minas de Carrara, en tierra toscana. Fueron muchos los bloques desechados porque por su tamaño o por no tener la blancura perfecta no eran considerados los adecuados. Miguel Ángel para esta obra tan divina quería un blanco inmaculado. El mármol de Carrara es un material muy duro de trabajar y, desde el punto de vista técnico, es una real proeza que, de una sola pieza y sin posibilidades de error, el escultor logrará tan admirable obra.

La Piedad de Miguel Ángel tiene una composición en triángulo. Recordemos que el triángulo es el símbolo de la Divina Trinidad y la figura perfecta. El vértice superior del triángulo lo ocupa el rostro de la Virgen. Miguel Ángel no quiso representar un rostro transfigurado por el dolor, sino en perfecta calma, como quien acepta la muerte de su Hijo. También es de hacer notar que el rostro de la Virgen es extremadamente joven. Su propio hijo, de tan solo 33 años, parece más viejo. El propio Miguel Ángel explicaba que las personas que no conocían el pecado mantenían la juventud de sus rostros. En sus dos brazos la Virgen recibe a su hijo ya sin vida y lo sostiene con su brazo derecho y con su mano izquierda demuestra su tranquilidad y la entrega a lo consumado del hecho. Desde el punto de vista artístico y técnico se debe hacer notar el maravilloso trabajo del escultor en el tratamiento de su ropa y manto con el que cubrirán a su Hijo al depositarlo en el sepulcro.

Por su parte, Jesús es representado sin las feas laceraciones que le causaron sus verdugos antes y después de la crucifixión. Su rostro tampoco denota dolor. Se ha entregado para la salvación de sus hijos. Es la figura de un hombre guapo, casi pagano, que representa al Hijo de Dios. A diferencia de otras obras escultóricas de Miguel Ángel, este Jesús es delgado y para nada representa los generosos músculos grecolatinos, como se pueden apreciar en otras escultoras de Miguel Ángel como el David, cuyo original se encuentra en la Galería de Arte de Florencia y su copia delante de la Signoria de esa ciudad.  Tampoco tiene los músculos del Juicio Final que plasmó en pintura en la Capilla Sixtina y cuya excelsa reproducción acabamos de ver en Mérida.

La Pièta es la única escultura de Miguel Ángel que lleva su firma. Dicen que un día el artista contemplaba su obra como un espectador más y escuchó a alguien que preguntaba quién era el autor de esta escultura. Alguien respondió que era de Gobbo, el escultor milanés. Su orgullo herido hizo que esa noche, a ocultas, entrara al Vaticano y esculpiera una cinta sobre el pecho de la Virgen en la que se lee en latín: “Michael Ángelus Bonarotus florent facienbat” – “Miguel Ángel Buonarotti, el florentino, lo hizo”

Desde los años 70, en que un desequilibrado húngaro con un martillo desfiguró la obra con 15 golpes, podemos apreciar La Pièta de Miguel Ángel a través de un cristal blindado. Si bien las razones para visitar el Vaticano son muchas, sin contar las espirituales, la visita a esta maravillosa obra ocupa un lugar de honor.

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https://elsiglo.com.gt/2020/01/06/el-mundo-del-gulag1/

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