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¿Qué hubiera querido de Jimmy Morales la izquierda?

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El gobierno del presidente Jimmy Morales pareció haber sido destinado a provocar la furia o la cólera de la izquierda. Y furia y cólera engendraron una efervescente hostilidad que se complacía en el grosero insulto, la cómoda calumnia, la licenciosa difamación o la holgada ofensa. ¿Qué hubiera querido de Jimmy Morales la izquierda, para sustituir el insulto por el elogio, o la calumnia por la exaltación, o la difamación por la glorificación, o la ofensa por la defensa? He aquí algunas intrépidas conjeturas sobre ese querer de la izquierda.

Primera. Laizquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales fuera candidato presidencial ganador propuesto precisamente por algún partido de izquierda, o notablemente afín a ella. En este caso hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, fue candidato ganador propuesto por un partido que había sido fundado por militares, enemigos de izquierda, y que habían impedido el triunfo de la guerrilla; de aquella misma derrotada guerrilla que pretendía imponer el socialismo en el país. Entonces el presidente merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Segunda. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales renunciara del partido que había propuesto su candidatura presidencial, porque tal partido había sido fundado por militares. Y tenía que renunciar a ese partido porque su propósito debía ser servir a la izquierda. En este caso hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no renunció ni declaró que era su propósito servir a la izquierda. Entonces el presidente merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Tercera. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales emprendiera una mayor reducción del Ejército de Guatemala, para cumplir con apetecible exceso, aquel acuerdo de paz en el que se convenía tal reducción. En este caso hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no hubo mayor reducción y hasta hubo intención de incrementar y modernizar el poder armado del ejército. Entonces el presidente merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Cuarta. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales se comprometiera a prorrogar decenas, centenas o millares de veces el acuerdo de creación de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, para perseguir eternamente a los enemigos de la izquierda. En este caso hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no hubo tal compromiso, sino que, por notorias acciones criminales de la comisión, el presidente Morales finalizó la vigencia del acuerdo antes del tiempo convenido; y el jefe de la comisión fue expulsado. Entonces el presidente merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Quinta. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales se uniera a la deificación del delictivo jefe de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala, el extranjero Iván Velásquez, y que cooperara con él en la persecución penal de los enemigos de la izquierda, y en la protección de líderes criminales de izquierda. En este caso hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no hubo tal unión ni tal cooperación. Entonces el presidente merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Sexta. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales condecorara a aquellos embajadores que cooperaban con ella, y que, como parte de esa cooperación, le aportaban recursos para financiar movimientos populares aptos para asaltar el poder del Estado. Entonces hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no los condecoró, sino que mostró su disposición a expulsar a aquellos que intervinieran en asuntos internos de la nación. Entonces merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

Séptima. La izquierda hubiera querido que el presidente Jimmy Morales fuera un apologista internacional del gobierno socialista de Cuba o del gobierno socialista de Venezuela; y que fuera un aliado diplomático de los enemigos de Israel; y que no trasladara a Jerusalén la sede de la embajada de Guatemala en Israel, sino que suprimiera esa embajada. Entonces hubiera merecido elogio, exaltación, glorificación y defensa. Empero, no fue tal apologista ni tal aliado diplomático. Entonces merecía insulto, calumnia, difamación y ofensa. Y había que destituirlo o derrocarlo.

In summa: la izquierda insultó, calumnió, difamó y ofendió al presidente Morales por ser un presidente cuya candidatura había sido propuesta por militares que eran enemigos de la izquierda, y que habían combatido eficazmente a sus facciones más beligerantes: aquellas facciones que fundaron la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca.

La izquierda invocó el pasado profesional de comediante del presidente Morales, para burlarse de él, o para ridiculizarlo, o para humillarlo, y hasta para acusarlo de haber sido un payaso, como si fuera delito serlo. Empero, si Jimmy Morales hubiera sido un presidente cuya candidatura hubiera sido propuesta por un partido, o una alianza partidaria, de izquierda, habría sido un comediante más genial que Charles Spencer Charlie Chaplin, o que Mario Forinto Alfonso Moreno Reyes, Cantinflas. O habría sido un raro tesoro del humorismo universal.

Post scriptum. En el intento de insultar, calumniar, difamar y ofender al presidente Jimmy Morales, la izquierda mostró una extrema pobreza mental, que le prohibía acudir a un recurso que impresionara por su brillantez creativa, o por su irresistible poder persuasivo, o por su elevada calidad intelectual. Y agregose a esa pobreza mental una repulsiva plebeyez que le prohibía mostrar alguna elegancia.

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