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El mundo pariendo embajadores y guerras

Mirilla Indiscreta

Como si fuéramos un territorio ocupado por fuerzas extranjeras, es triste, muy triste aceptar, que el escenario de la política estadunidense se trasladó fronteras adentro en territorio guatemalteco.

Un embajador a todas luces comprometido con las corrientes del Departamento de Estado profundo, como posiblemente era su obligación, que esperando la derrota electoral del Presidente Trump, decidieron apostar a la promoción de un cambio de régimen económico, político y social más próximo a un proyecto socialista, que al que fundió la base de la democracia capitalista más poderosa de la tierra.

Si la gente emigra por centenares de miles a los Estados Unidos, en busca de la realización de su sueño de emancipación económica y libertad política, resulta groseramente contradictorio que algunos líderes políticos demócratas de esa nación, sustenten su plataforma electoral proponiendo políticas doctrinariamente colectivistas propias de un sistema socialista.

El ala liberal del partido demócrata liderado por los Clinton, Obama, Berni Sanders Elizabeth Warren y Joe Biden ex-vicepresidente de Obama constituyen ese frente denominado “progresista” que encubre una abierta tendencia socialista.

¿Pero es realmente socialista? ¿o una novedosa forma neo-capitalista que asienta su estrategia en un proyecto de globalización?

Resulta interesante pensar qué, sometiendo a los pueblos, sustituyendo la democracia formal y representativa por otra extraña forma de organización corporativista, que anula el sistema de partidos políticos y le transfiere la representación de la población a la llamada “Sociedad Civil” se pueda sustituir el régimen democrático y representativo y por ende la República como la conocemos.

De esa disputa, no participa el pueblo estadunidense. Que acude con transparencia, esperando transparencia, en sus procesos electorales, pero que es indiferente a la discusión fundada de carácter ideológico o político.

Esperando primordialmente, la satisfacción de sus necesidades básicas y un régimen económico que le otorgue los beneficios de una economía de libre mercado.

La política se la deja a los políticos, cuyo liderazgo lo califican por resultados, considerando su propia solvencia económica y posibilidades reales de emprendimiento y desarrollo personal, como puntuación.

Por su propia experiencia, son esencialmente individualistas y el éxito personal lo asocian con el marco de libertades económicas que le proporciona el sistema.

Amantes de las libertades individuales, defienden sus derechos esenciales con vigor, pero cumplen escrupulosamente con sus deberes y obligaciones.

Una sociedad conformada por individuos que se rigen por el Estado de Derecho y régimen de legalidad, asumiendo la Democracia como una forma de decidir el acceso al poder.

Un Modo de Producción capitalista asentado en un sistema de leyes que protegen las libertades individuales y políticas de la población.

Por esa razón fundamental, la exportación de un aparente modelo socialista hacia el exterior parece más una trampa perfecta, para subyugar a los pueblos mediante una nueva forma de dictadura colectivista que les permita la explotación y apoderamiento de los recursos estratégicos y naturales de quienes víctimas de esta maniobra perversa, se asocian e impulsan este nuevo modelo de explotación neo-imperialista.

No es la expansión de la Democracia lo que persiguen, ni la lucha contra la corrupción, tampoco el imperio de un Estado de Derecho.

Es exactamente lo contrario. La destrucción de las instituciones republicanas representativas de la voluntad popular, la desintegración de los Partidos Políticos evidenciando su poca incidencia en las decisiones nacionales.

La destrucción de la división de los poderes, neutralizando y desacreditando las funciones ejecutivas y legislativas del Estado republicano, y tomando por asalto las funciones judiciales, como mecanismo represivo y autoritario de control ciudadano.

La visión aparentemente globalizante, es una forma de internacionalizar esta estrategia propiciando como sucede actualmente, en América Latina y gran parte del mundo, la desestabilización, confrontación y enfrentamiento social y político de los pueblos, para que repudien las formas democráticas de participación y favorezcan la dictadura y dominio de las élites.

Controlar el poder político, como primer paso, haciendo cómplices y socios de segunda a vende-patrias locales, de esta nueva forma de colonización y explotación económica de los pueblos subdesarrollados.

En su óptica existimos solamente, como proveedores de materias primas, energéticas, minerales, tierras raras y posiciones geoestratégicas en la confrontación de los imperios contemporáneos.

En contraposición a esta posición maniquea y falsa, el Presidente Trump, asentó en una política nacionalista de defensa a la soberanía, fortaleza militar y crecimiento económico interno, toda su estrategia.

Ver hacia adentro y propiciar la defensa de los intereses económicos y políticos de su país, a su juicio, fortalece la hegemonía de los Estados Unidos de América en la lucha global frente a los intereses de otros imperios en su afán de dominar el mundo.

La supremacía del poder económico y militar como su mejor carta de negociación para imponer la visión que fortalece a su nación.

Entiende que la globalización, multilateraliza el poder de las potencias, y agota como fuerza dominante los intereses de su país.

Y en esa contradicción la utilización de la fuerza como disuasivo riesgoso pero efectivo frente a los demás, lo ha utilizado como advertencia de una política para ejercer unilateralmente su hegemonía como primera potencia mundial.

Llevando al mundo, con un riesgo calculado, al borde de una confrontación global, entiende que fortalece su poder interno ante el inminente proceso electoral estadunidense.

En la solución a dos problemas estratégicos, ha basado su fortalecimiento electoral interno, que lo sitúan en este momento como un candidato difícil de derrotar.

Migración y Defensa por la vía de la persuasión política o militar le sitúan hasta el día de hoy como un virtual ganador de las elecciones estadunidenses.

Esa es la explicación a la exacerbación de las contradicciones en nuestro país.

Los seguidores de la política exterior de la dirigencia demócrata, no quieren perder la oportunidad de hacerse de la mayor parte del poder real de la nación, antes que la eventual derrota de los demócratas en los Estados Unidos de América debilite la política de ese Departamento de Estado Profundo, dominado por esa tendencia.

Y la población y dirigencia guatemalteca que ama la República y el sistema democrático de representación política, lucha en desventaja por impedir la toma del poder, por parte de la pseudo izquierda del país.

Ya no se pudo evitar con la designación (no elección) impropia de los diputados al Congreso de la República que se revirtiera el proceso  y luce complicado por la elección que hará ese congreso de los magistrados, la liberación urgente y necesaria de un sistema judicial capturado y al servicio evidente de esa facción.

Esta semana fue un claro ejemplo de la desesperación de los grupos radicales por tomarse el poder político de la nación, tratando de captar y llevar al ejecutivo a su empoderado bando.

En esa disputa, el señor embajador, desde su llegada, tomo claramente partido por la línea del sector dominante en el Departamento de Estado Profundo.

Fortaleció e hizo públicas sus preferencias, asociándose con un solo sector político de la población.

Su período terminará muy pronto y justo, según ha trascendido, con el servicio diplomático en Guatemala, termina su carrera para jubilarse.

No nos permitió enseñarle otras facetas del pensamiento político guatemalteco que quizá hubieran potenciado la neutralidad política deseada en un diplomático de su rango.

Quizá por esa razón, seguidores del partido demócrata o del republicano en Guatemala, piensan qué, para sanear la intervención desde su base, no queda otra opción que el triunfo del Presidente Trump y el control inmediato de ese Departamento de Estado profundo, por el daño irreparable que le ha ocasionado al mundo.

Por lo menos hasta que los Estados Unidos de América deje de ser la potencia más poderosa de la tierra.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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