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La agonía de la vida en la Tierra I

Sueños…

Tyller Miller, célebre analista de la economía ambiental nos dice: “los problemas medioambientales a los que nos enfrentamos (crecimiento de la población, sobreexplotación de los recursos, destrucción y degradación de los hábitat de la flora y de la fauna, extinción de plantas y animales, pobreza y contaminación), están relacionados entre sí y crecen en progresión geométrica”.[1]  Y lo confirman con datos recientes David Attenborough, experto en historia natural y narrador de la serie documental de Netflix Nuestro planeta, y la ex Directora Gerente del FMI, Christine Lagarde. Estos distinguidos expertos conversaron para la revista Finanzas y desarrollo del FMI, en diciembre pasado. Sus reflexiones son las siguientes, que pasamos a comentar:

“En la naturaleza, todo está entrelazado. Y se puede decir lo mismo de la relación entre un medio ambiente saludable y una economía saludable. No cabe pensar que sea posible preservar la vida sin cuidar la naturaleza. Y necesitamos economías saludables para sacar a la gente de la pobreza y alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas.”[2]

El ser humano es parte de la naturaleza, la sociedad humana dio lugar a un ser capaz de dominar la creación y convertirse en forma artificial en el amo de todo el mundo. Esto implica una enorme responsabilidad, ya sea para el bien, garantizar la vida de todos los seres que habitan el planeta, o esclavizarlos y destruir los recursos naturales provocando el fin de la vida en este mundo maravilloso. Todo está entrelazado, todo cambia y nada permanece. Lo que está por definirse es cómo crear una relación entre un medio ambiente saludable y una economía eficiente. La economía actual, la economía real, la economía de la división del trabajo, la especialización y el uso intensivo de los recursos naturales está cuestionada, nos conduce a un bienestar para la minoría y la destrucción de la vida en todo el planeta. Podremos preservar la vida en el planeta solamente si pensamos en otra economía, una economía más austera y para una menor cantidad de seres humanos. Los objetivos del desarrollo sostenible se basan en esta economía obsoleta que está en crisis, es la visión de que lo único importante es la vida del ser humano y que la vida de otros seres no importa.

“En nuestro modelo actual, estos objetivos a veces parecen contraponerse, y nuestras actividades económicas parecen estar al asedio de la naturaleza. Pero la naturaleza —un clima estable, agua dulce fiable, bosques y otros recursos naturales— es lo que hace posible la industria. No se trata de elegir entre lo uno y lo otro. No es posible lograr desarrollo humano a largo plazo sin un clima estable y un mundo natural saludable.”

No existe la economía actual. Lo que existe es una formación económico-social llamada capitalismo en diferentes variantes. Que es un éxito completo en el uso intensivo, eficiente y competitivo de los recursos, con la capacidad de crear inmensas masas de bienes y servicios para el consumo humano, frente a una incapacidad completa por construir sociedades equitativas, solidarias y cultas, capaces de respetar la vida de los otros seres vivos del planeta. El capitalismo subsiste en varias formas. Puede ser un capitalismo democrático, un capitalismo semifeudal, y en algunos casos un capitalismo de esclavitud y colonial.

Los objetivos económicos, sociales y ambientales no parecen contraponerse, se contraponen en forma real. El reto para las ciencias y la política es sí tendremos tiempo de resolver la contradicción entre una economía depredadora y la existencia de condiciones naturales en el planeta. O todo será fagocitado por la industria y la vida artificial.

La naturaleza hace posible la sociedad industrial; la industria provoca la muerte de la naturaleza. Y sí, sí se trata de elegir entre una y otra. Prevalecerá el humanismo, el antropocentrismo destructor de la vida o prevalecerá la vida natural, ese es el dilema, y quien tiene la solución en sus manos es el depredador.

“El impacto de nuestra creciente huella económica es una amenaza directa para nuestro propio futuro. Según ciertas estimaciones, más del 50% de la población mundial ahora vive en zonas urbanas, lo que hace más probable que la gente pierda contacto con la naturaleza. Con el aumento proyectado del nivel de los océanos y el incremento de la temperatura media del planeta, enormes franjas de tierra, incluso países enteros, se tornarán inhabitables, lo cual desencadenará migraciones masivas inducidas por el clima. Nunca ha sido tan importante comprender cómo funciona el mundo natural y qué debemos hacer para preservarlo.”

El daño al ambiente es una realidad palpable. Que el causante de la misma es el ser humano y su organización social es indiscutible. Que nuestros mitos para garantizar el poder humano conducen a nuestro bienestar y el martirio del mundo es ineludible. Lo que tenemos que hacer es recuperar nuestro ser natural. Entender que tenemos derecho solamente a vivir y desarrollarnos en un porcentaje del mundo y permitir que los otros seres vivan en libertad en el otro porcentaje de la tierra. Que ocupar todo el planeta y someterlo a la destrucción es criminal, es humanismo.


[1] Miller, Tyler. Ciencia ambiental. Thomson, 2007.

[2] Attenborough, David y Christine Lagarde. “Un equilibrio muy difícil, la economía y el clima mundial”. En Finanzas y Desarrollo, FMI, diciembre 2019.

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