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La agonía de la vida en la Tierra II

Sueños…

El problema ambiental es tan real e intenso, que hasta los pensadores más conservadores le ponen atención, David Attenboroug y Christine Lagarde, dos conocidos analistas realizaron un ensayo sobre la relación economía y medio ambiente, que estamos tratando de interpretar.

“Un primer paso necesario es reconocer que el enemigo es el desperdicio. Desperdiciar alimentos, energía o materiales es una afrenta a la sostenibilidad. Producir plásticos que se convierten en basura es un desperdicio, sobre todo si esos plásticos contaminan nuestros océanos. Si pudiéramos vivir conforme al simple mandamiento de “no hacer daño”, tanto las personas como las empresas y las economías, juntos podríamos marcar una diferencia. El consumo excesivo y la producción insostenible han puesto al planeta en peligro.”

Attenborough y Lagarde, como estrategas destacados de la visión humana, se desvían del camino. El enemigo de la naturaleza y la vida en el planeta no es un enigmático e invisible desperdicio, el enemigo es el ser humano y su sistema de economía liberal, eficiente y competitivo. Lo que hacen es el llamado de todos los libros economía y administración, seamos eficientes en el uso de los recursos, esa lógica malvada nos hace creer que el culpable del deterioro ambiental son unos fantasmas llamados capitalismo, socialismo, neoliberalismo, desperdicio, etc. No, los culpables somos los seres humanos y nuestros sistemas de producción, consumo y uso de la ciencia y la tecnología para depredar el planeta.

“Como el mundo natural y el mundo económico están conectados, los principios que se aplican a ambos son similares. En el mundo financiero, por ejemplo, no consumiríamos el capital hasta el punto de agotarlo porque eso supondría una ruina financiera. Y, sin embargo, en el mundo natural hemos hecho esto una y otra vez, con la sobrepesca y la explotación excesiva de bosques, entre muchos otros recursos, en algunos casos hasta llegar al punto de extinción.”

La solución no es apliquemos al mundo natural la lógica de la economía depredadora, los principios fundamentales de la economía liberal. Pues esos principios nos conducen al consumo innecesario y la destrucción del planeta. Hagamos al revés, vivamos conforme las leyes de la naturaleza, es decir, la convivencia entre todos los seres que aún quedamos en el mundo, respetando la libertad, los sentimientos y la vida del resto de animales.

“Tenemos que tratar el mundo natural como trataríamos el mundo económico, es decir, protegiendo el capital natural para que continúe arrojando beneficios hasta muy a futuro. Esto es algo que los economistas pueden apreciar: la importancia de reducir al mínimo el desperdicio, de aprovechar las ventajas que ofrece la eficiencia y de reflejar adecuadamente los costos en los precios, incluidos los costos impuestos a la totalidad de nuestro recurso compartido, el medio ambiente.”

Aquí se toca el problema esencial de la actualidad. El asunto es si podemos ver la contradicción sociedad-naturaleza en forma objetiva, para construir una solución en la realidad. Podremos resolver la contradicción entre nuestro sistema global de producción y consumo frente a la destrucción de la naturaleza, o no podremos encontrar ninguna solución y el sistema de competencia y productividad de la economía nos llevará al desastre anunciado.

La solución no es planteamiento teórico, sino un problema práctico. “Es en la práctica donde el hombre tiene que demostrar la verdad, es decir, la realidad y el poderío, la terrenalidad de su pensamiento.”  Si no podemos resolver la contradicción entre la vida y la muerte en el planeta, en forma práctica, entonces no tenemos más que conformarnos con seguir arrasando bosques, plantas, océanos y animales, haciendo sufrir a todos y prepararnos para la vida infeliz que aguarda a las futuras generaciones de humanos.

No podemos olvidar que los humanos son producto de las condiciones del medio y la educación, estamos ante un momento de la historia que podría permitir que los humanos, por primera vez estén conscientes de que son parte de la naturaleza, y que la vida dependen no solamente de las leyes naturales, sino que también de la construcción humana de sociedades con pocos humanos y respetuosas de la vida del resto de especies, animales y vegetales, una acción humana que parece imposible.

Los humanos nos hemos movido entre un mundo imaginario y un mundo real. En el imaginario nos creemos seres especiales, mitológicamente hijos del creador de la Tierra, y por lo tanto dueños y señores de todo lo que existe, con la capacidad de destruirlo si nos apetece. En el mundo real, nacemos, tenemos hambre, frío, enfermedades, gozos y morimos, somos seres naturales. Para preservar la belleza y dignidad de la naturaleza, de la que somos una diminuta parte, tenemos que respetarla, tenerle cariño.

La destrucción de la naturaleza, es la muestra de nuestro poderío. Aquí empieza la solución, o la continuidad de nuestras frustraciones. La realidad nos muestra que existe un desgarramiento entre nuestra forma de organización social basada en la lógica del mercado y las condiciones de vida en la Tierra. ¿Podremos reconstruir nuestras sociedades para garantizar que en este planeta continúe la vida o no?

TEXTO PARA COLUMNISTA

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