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La muerte nos llega a todos

Emunah

Desafortunadamente todos moriremos algún día, y lo más probable es que atravesaremos dolorosamente por el luto de la muerte de varios amigos cercanos y familiares queridos. El domingo pasado murió trágicamente el exjugador estadounidense de baloncesto Kobe Bryant en un accidente de helicóptero, desafortunadamente también fallecieron su hija de 13 años Gianna, y otros 7 tripulantes. Ese mismo día en Guatemala murió el corredor Julio Godoy, de 29 años, después de haber cruzado la meta en la tradicional Media Maratón Max Tott.

La muerte desdichadamente en algunos casos llega pronto, otras veces llegará más tarde, pero sin duda nunca faltará a su cita. Por muy duro que suene morir es la ley de la vida ya que, aunque parezca exagerado empezamos a morir desde el mismo instante en que nacemos. La idea de morir aterra, por eso la mayoría de nosotros le tenemos miedo a la muerte. Muchos no deseamos reflexionar sobre este evento, sino más bien anhelamos disfrutar del presente, vivir, amar, ser felices, y disfrutar con nuestros seres queridos.

Sin embargo, es una realidad que diariamente por causas distintas miles de personas fallecen. Actualmente la media de personas que mueren a nivel global a diario es de 155.520. Lamentablemente la muerte es constante, y se hace presente en todas partes del mundo sin hacer acepción de personas. La Biblia dice que, a la larga, a todos les espera el mismo destino, sean justos o malvados, buenos o malos, religiosos o no religiosos, ricos o pobres, al final a cada uno le llegará la muerte.

Como en el caso del basquetbolista y del maratonista la muerte les llegó sorpresivamente, así desgraciadamente muchas vidas terminan trágicamente sin previo aviso o preparación. Otras veces, por ejemplo, en un cáncer aún hay tiempo para poner muchas cosas en orden antes de partir. Sea como sea, la muerte nunca será bien recibida; ya que no importa cuál sea la causa del fallecimiento o cuánto tiempo tengamos de antemano antes que ocurra, al final solo traerá dolor y sufrimiento.

Aunque es un hecho que todos morimos, es propicio recalcar que la muerte no era parte de la idea original de Dios para la existencia humana. La Biblia dice que lo que causa la muerte es el pecado, pero aclara que Jesucristo quita el pecado del mundo. Al pecar nos alejamos de Dios, “la fuente de la vida”, pero al creer en Jesucristo y recibirlo como nuestro Salvador nos reconciliamos con Dios y recibiremos la dádiva de la vida eterna.

Creer en Jesús no te exime de la muerte física, pero te garantiza que así como el resucito de la muerte, tu también lo harás para que puedas experimentar el gozo de la vida eterna, en un nuevo mundo donde ya no existirán más el dolor, ni el sufrimiento. Será maravilloso vivir para siempre disfrutando de buena salud y felicidad; pero por el momento tu y yo inevitablemente partiremos de este mundo algún día; por lo tanto la pregunta que deberías formularnos antes de que este evento irrevocable suceda es ¿Estoy preparado para rendir cuentas a Dios?

La Biblia dice que mientras hay vida hay esperanza, porque los que están vivos al menos saben que un día van a morir, pero los muertos no saben nada. Así que la vida, nos brinda la oportunidad de reconciliarnos con Dios a través de Jesucristo quien es el camino que nos llevará hasta Dios cuando finalmente dejemos de existir. “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí” Juan 14:6.

La salvación comienza con el reconocimiento de que hemos pecado contra Dios, y que sólo Jesucristo tiene el poder para salvarnos, porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos. Cuando confiamos en que con su sacrificio en la cruz del calvario él pagó nuestra deuda de pecado, y que con su resurrección nos regala la eternidad entonces la muerte no será un final aterrador.  Si aún no es salvo, ahora es el momento.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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