Press "Enter" to skip to content

Una sociedad educada para un país civilizado

Antropos

Singapur, Vietnam, China, países escandinavos como Finlandia, Noruega y Suecia, así como Costa Rica en la región centroamericana y Uruguay en el cono sur de América Latina, nos dan grandes ejemplos de lo que significa la inversión inteligente en educación, lo cual se ha convertido en la transformación económica y cultural de estas sociedades.

Otros países como Guatemala, resultan ser la expresión contraria, o sea, la no inversión en ningún sentido, en educación.  Cada período gubernamental ha representado, al menos en el discurso político, una esperanza ciudadana que las cosas podrían cambiar para lograr un país civilizado. Pero al pasar el tiempo, nos atrapa la frustración y con ello el escepticismo de que algo bueno pueda suceder en el campo educativo.

Siempre recordamos con nostalgia aquellos diez años que van del cuarenta cuatro, al cincuenta y cuatro. La escuela fue el eje central de la cultura. Alrededor de ella giraba la historia de un país con ansias buscando mejores condiciones de vida. El maestro fue respetado y admirado. Se conducían con dignidad y elegancia. La relación docente y alumno tuvo un carácter de entendimiento, porque el primero estaba consciente que frente a él, estaba una persona a quien debía de formar e instruir. El segundo era claro al entender que es necesario aprender. De tal suerte que en medio de una relación dialógica, los propósitos educativos se iban a cumplir. Y así fue por un corto período.

Hoy día, después de tantos años de descuido en el ámbito de la educación, hemos entrado en el túnel de una crisis profunda educativa, que se expande hasta la Universidad de San Carlos.

Lo más dramático de esta triste realidad, es que los ciudadanos y ciudadanas, no nos hemos puesto de acuerdo de que es lo que queremos en el ámbito de la educación. No veo en el medio ni siquiera asomar preguntas centrales, de cuál es el ideal de ser humano que deseamos como sujetos de esta nación. Lo mismo sucede en la USAC, por la ausencia de una reforma universitaria radical, que cambie el rumbo de lo que hasta hoy se está haciendo. Por ello, sin una evidente respuesta a esta interrogante, vamos a seguir haciendo lo mismo, que es no hacer nada. Los años avanzaran y las frustraciones crecerán. La ciudadanía incluso ya perdió confianza en la educación pública y prefieren matricular a sus hijos en instituciones privadas, porque al menos, hay seguridad y esto nos debe llamar a la reflexión.

Si lo dicho es un punto central, peor estamos al observar que miles de niñas y niños, no alcanzan a promoverse, porque unos no están alimentados y otros subalimentados. He visto que los gobiernos presentan propuestas para atender el enorme déficit alimentario y gastan millones sin resultado alguno. No han entendido que la alimentación como base central para el desarrollo de la inteligencia, es un tema que debe asumirse de manera integral. Ejemplos como la galleta escolar, el vaso de leche, el aumento a cuatro quetzales por alumno, entre otros, no han resuelto, sino que lo han agravado. Me he preguntado si en estas propuestas hubo corazón, afecto e imaginación, o simples negocios políticos o económicos, porque el problema continúa y sepa Dios, cuando aparecerá una idea que haga realidad la transformación de la vida triste de la niñez, por un rostro alegre que los haga correr envueltos en risas y energía, por los patios de la escuela. Esperamos que Dios y nuestra inteligencia nos alumbre si queremos de verdad una sociedad educada para un país civilizado.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor:

Comments are closed.

%d bloggers like this: