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Limitaciones presupuestarias de la USAC

Antropos

Los Constituyentes que pensaron, escribieron y aprobaron la Constitución de 1985, visualizaron que el presupuesto para la USAC, debería ejecutarse con el pasar de los años, de manera “progresiva”, tal como lo expresó el Decano de Ciencias Económicas Luis Suárez, al indicar que en ese año, los estudiantes ascendían a 85 mil y para el 2019, se cobijan 214 mil.

La diferencia es abismal, además de contar con 21 centros universitarios y más de 100 extensiones de la Facultad de Humanidades. La USAC, es la única universidad pública del país y se supone que el Estado debe velar por el desarrollo del país, que pasa por darle sostenibilidad financiera a su  Centro de Educación Superior.

Es impensable desde el punto de vista metodológico y sobre todo humano, que existan carreras en donde las aulas superan la cantidad de 150 alumnos. El docente se ve anulado en su capacidad didáctica, y a los jóvenes se atenta con su dignidad al asistir a salones hacinados y sin posibilidades de interactuar con sus docentes para avanzar en el dominio de conocimientos pertinentes.

El hormigueo de las y los estudiantes por los corredores, edificios, bibliotecas y aulas universitarias es masivo, porque ellos aspiran a forjarse un modo digno para vivir de mejor manera en la sociedad. Si a esto le agregamos que los laboratorios no son los más avanzados que se requieren en una era en donde el saber es el eje del desarrollo humano, nos daremos cuenta que la insuficiencia financiera que el Estado debe dar, es absolutamente limitada.

Países que le apuestan a la educación, a la ciencia y a la tecnología, saben que esto cuesta plata, pero vale la pena para el bienestar social. Saben también que se deben de establecer criterios de prioridad y racionalización de todo lo que se invierte. Ciertamente no todo se puede hacer, porque en países como el nuestro, abundan las necesidades. Y es en este sentido que el órgano máximo de dirección político-académico de la USAC, debe reparar para pensar y repensar los mejores caminos que se deben seguir.

Por ejemplo, a partir de una pequeña  experiencia, un grupo de personas con las dificultades del caso, desde la Dirección General de Docencia, elaboramos en el año de 2019, una política de calidad educativa para la USAC. Esta iniciativa quedó escrita a fines de esa fecha, pero hay más camino que recorrer, como lograr una adecuación y acuerdos precisos con los diferentes sectores de la Universidad, para una conceptualización que sea la expresión de lo que se aspira para este centro de estudios superiores, y de esa manera establecer criterios que van desde lo ideal y de lo real.  O sea, como dice Freud, se debe de tomar en cuenta, el principio de realidad para alcanzar la utopía educativa.

Una política de tales dimensiones y complejidad, de acuerdo a lo que analizamos en aquel momento los académicos reunidos, debe tomar en cuenta el presupuesto existente de la USAC y lo que se requiere para justificar con objetividad, el concepto de calidad educativa definido por Unesco, que va desde consideraciones serias de las edificaciones, aulas, laboratorios, bibliotecas, entornos, gestión administrativa tipo de estudiante y competencias del docente.

Con esta claridad de lo que afirma Unesco, concluimos que la USAC no tiene los recursos necesarios para implementar una verdadera calidad educativa, a pesar que ya están definidos los lineamientos generales. Si además le agregamos que se debe ampliar la cobertura a nivel nacional para atender las aspiraciones de estudios superiores de los miles de jóvenes, veremos que los problemas crecen aún más.

Lo peor de todo, es que nos referimos sólo al ámbito de la docencia. Aún falta analizar las implicaciones de un insuficiente presupuesto universitario, en la investigación, la extensión y los diferentes servicios que se prestan a las comunidades y al Estado de Guatemala, asunto a tratar en otra entrega periodística.

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