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La popularidad y autoritarismo

Barataria

Bien es sabido los acontecimientos ocurridos en El Salvador protagonizados por el Presidente de aquel país el señor Bukele y que han dado que hablar en el curso de la semana, especialmente porque promovió una convocatoria del Congreso de Diputados con la conseguida exigencia de la aprobación de un préstamo que se utilizaría para continuar el combate de las pandillas de aquel país.  Puede que los motivos que le hayan llevado a provocar estos actos se encuentren justificados en la lucha en contra de la delincuencia, sin embargo las consideraciones de que, por ser muy popular puede actuar en muchos casos casi en contra del orden constitucional es uno de los aspectos más preocupantes de esta situación.

Muchos de los gobernantes latinoamericanos en los años anteriores gozaron de mucha popularidad y respaldo de sus electores que les llevaron a alterar el orden constitucional de sus países y a alzarse a arriesgadas decisiones y reformas que les permitieron, bajo el respaldo de esa popularidad, actos autoritarios cuyos resultados finales los encontramos a la vista y que limitaron la democracia de esos países.  Casos como el de Chávez y Maduro en Venezuela, Correa en Ecuador, Evo en Bolivia, Lula y Russeff en Brasil, Los Kirchner en Argentina, Los Ortega en Nicaragua, Hernández en Honduras y otros claros en los que la popularidad que los impulsó a obtener el gobierno también les sirvió de puente a promover toda clase de actos autoritarios respaldados originalmente por sus poblaciones que luego, con el pasar de los años han mostrado la peor cara de las “dictaduras democráticas” de las cuales el pueblo se ha hartado hasta el punto de que en casos como Bolivia llevó a exigir la renuncia del gobernante bajo serias acusaciones de fraude.

Las personas como las instituciones gozando de altos índices de popularidad pueden apartarse del mandato de la ley para ejercer sus funciones al considerar que pueden ser respaldados por actos que en realidad no se enmarcan plenamente en ley.  Así hemos tenido que además de gobernantes, existen instituciones que anteriormente gozaban de gran popularidad pero que sin embargo hoy en día su trabajo se ha cuestionado.  En Guatemala tenemos casos como el Tribunal Supremo Electoral, La Corte de Constitucionalidad, el Procurador de Derechos Humanos, son ejemplos palpables de estos sucesos, ya que en el pasado gozaron de mucha popularidad sin embargo a través de diversos actos y resoluciones que han realizado demuestran un autoritarismo tal que en muchos de los mismos han pasado a la ilegalidad, de tal suerte que hoy en día se cuestionan estos actos.

Cuando un gobernante recién inicia su periodo constitucional, es natural que la población tenga muchas expectativas y con ello exista un respaldo popular a sus incipientes acciones pero existe también el peligro de que las mismas revistan autoritarismo que puedan llevar desenfrenadamente hasta el rompimiento del orden constitucional.

Los hechos como los acontecidos en El Salvador con el Presidente Bukele pueden estar justificados desde muchos puntos de vista, pero no bajo el argumento que este es el juego de la democracia y que por el hecho de gozar de popularidad se pueden hacer este tipo de actos.  En Guatemala ya hemos tenido un poco de esto con lo que sucedió con el Presidente Serrano Elías, quien creyó que el pueblo respaldaría tales actos como la disolución del Congreso y de eso ya tenemos ejemplos de autoritarismos.  El señor Giammattei debería de tener especial cuidado sobre el autoritarismo o considerar que tiene un nivel de popularidad que le permita realizar todos los actos que pretenda sin considerar el marco legal y sus consecuencias.

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