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Hacen falta más palabras

Tanmi Tnam

Cuando la población alejada de los centros urbanos toma un descanso después de una jornada de trabajo, generalmente aparta tiempo para comentar las noticias que llegan a través de la radio o la televisión local. El espacio donde se realiza la reflexión varía según las circunstancias, puede ser bajo una galera, al pie de un árbol, a la orilla del río o frente a un negocio sencillo del lugar.

En las reflexiones de la gente que vive en el campo, hacen falta palabras para referirse al quehacer cotidiano de un diputado del Congreso de la República por lo que se oye de ellos, por lo que hacen y por lo desconocido que son a nivel de comunidades locales.  Por los medios de comunicación se conoce que el pueblo de Guatemala les paga mucho dinero cada mes, además que gozan de muchas prebendas. Imagínense que hay departamentos que cuentan con 8 o más diputados y no se percibe concretamente qué es lo que hacen como parte de esa oportunidad de estar en el Congreso.

Si fuera gente con vocación de servicio a los demás, estaría dispuesto a atender a todas las personas y habría algunas leyes o acciones que velen por el bienestar de los pobres, los abandonados y a los discriminados. Si fuera un trabajador del pueblo, debería de estar preocupado por cumplir sus responsabilidades, tener presente el compromiso contraído con el pueblo y entregar cuentas cada fin de mes cuál es el resultado para que se le pague el sueldo que corresponde. Bueno, y si fuera un representante del pueblo, entonces su discurso y sus propuestas de ley deberían tener como contenido algo que beneficie a los pueblos de Guatemala y en sus intervenciones deberían de referirse a sus representados y sus actitudes serían modelo de ejercicio de la democracia en cualquier contexto. Qué tal si se les califica como funcionarios del más alto nivel del Estado, entonces brillarían por su liderazgo, responsabilidad, ser modelos de diálogo democrático, competentes para cumplir las funciones contraídas. Y si es un buen político entre sus características deberían de estar con el pensamiento puesto en el bienestar de los demás y de su país, enemigo declarado de la corrupción, alejado del tráfico de influencias, con liderazgo nacional y competente académicamente.

La reflexión continúa y se centra en que los diputados del Congreso de la República solamente atienden a sus intereses personales y de sus familiares cercanos, les gusta atender beneficios de sectores bien identificados con el poder y el dinero, corren para legislar a favor de intereses de actores foráneos al país, parecen gente de un mercado raro donde se venden puestos de trabajo, ofrecen ejecución de obras con dinero público, se les califica como tramitadores porque visitan oficinas públicas para la atención de sus intereses y sus allegados se apuran en presentarlos porque en las regiones son desconocidos.  Es curioso que a muchos les gusta hablar de un ser supremo pero sus acciones hacen que nadie les crea. Del perfil negativo de los diputados, hay algunos que se salvan, pero por ser mínimo este porcentaje no logran avanzar con sus propuestas de importancia para todos.

Mientras hay pueblo, se mantiene la esperanza de llegar a un momento con pocos y muy buenos diputados, competentes para trabajar por la democracia y la pluralidad del país, que sus actitudes sean reflejo de la moral y de la ética, estrategas para legislar los grandes procesos políticos y económicos para la eliminación de la pobreza y miseria que padece el país. Será de ver alternativas para educar a la juventud para transformar Guatemala en un gran país.

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