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Educación: Familia y futuro de la sociedad

Descubrir Las Raíces

Recientemente se publicó en Family Studies, un análisis del Dr. Nicholas Zill, psicólogo norteamericano especializado en temas familiares, que explica que frecuentemente se incluye como factor decisivo para el éxito educativo el nivel económico de las familias. Sin negar que ese punto es un indicador, el Dr. Zill señala –con estudios científicos- que el factor más relevante es… la estabilidad matrimonial. La estabilidad familiar es lo que más protege el desarrollo psicológico de los niños.Con la oportunidad de este estudio y con ocasión de las recientes situaciones políticas, sale un tema colateral. Y es que si se descuida la educación del carácter moral de los jóvenes, de poco servirán los esfuerzos del sistema educativo por inculcarles una mayor conciencia acerca de los asuntos públicos. Educar la dimensión ciudadana es, sin duda, algo completamente necesario, pero está abocado al fracaso si la calidad moral de las personas decae. En ese contexto, debe sostenerse que para el buen  ejercicio de la ciudadanía se requiere ser una persona con valores, ser una “buena persona”. El problema es cómo se consigue hacer buenas a las personas. Y educar en estos valores a los jóvenes es algo más de fondo que  construir un edificio singular o tener especiales aparatos.

Y el ámbito más fundamental para esa educación, donde una persona forma su carácter moral es la familia. El intenso componente afectivo de la relación familiar estructura con una fuerza irrepetible, y normalmente desde su nacimiento, el carácter de una persona. Lo que se aprende –o no se aprende- en el hogar marca, no absolutamente pero sí decisivamente su personalidad. Por ello los expertos –y la experiencia- dicen que mejorar el bienestar de los jóvenes y su crecimiento en valores no significa sólo gastar más dinero, sino ponerlos como lo primero; que los padres pasen más tiempo con sus hijos y construir relaciones familiares más sólidas.

Y finalmente, como se ha señalado, la familia por su fuerza afectiva, la relación familiar estructura de modo insustituible, desde el nacimiento, el carácter de una persona. Es la mejor escuela de humanidad, facilita personalidades maduras, capaces de enfrentarse a las dificultades y superar conflictos con generosidad. El hogar humaniza la sociedad, porque contribuye a hacer buenas personas… y buenos ciudadanos.No hay que perder de vista nunca que la educación del carácter moral de los ciudadanos es un objetivo educativo irrenunciable, que requiere el impulso de la familia –primera educadora- en lo que deben colaborar padre, madre e incluso los hijos: cada uno tiene en esto su responsabilidad personal y debe concretarla. Y también se requiere la colaboración de la escuela y de los grandes proveedores de los medios de opinión pública. 

No olvidemos que el futuro de la educación es nuestro futuro.

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