Press "Enter" to skip to content

Comisión Anticorrupción: Prueba de fuego

Divi Filius

El escándalo que se ha suscitado luego de revelarse que Gustavo Alejos se reunió con diferentes parlamentarios, abogados y empresarios es la primera prueba para la comisión anticorrupción propuesta por el presidente Giammattei.  Este escándalo es inaceptable, inaudito y el reflejo perfecto de la corrupción corporativa que mueve los engranajes del sistema político guatemalteco.

Por eso es que, en aportaciones anteriores había apuntado que el detalle de esta comisión anti-corrupción radica precisamente en su diseño y en las debilidades que el mismo podría mostrar.  ¿Tiene la capacidad un órgano creado en el propio ejecutivo para fiscalizar la corrupción de alto nivel en los poderes legislativo y judicial?  La respuesta es sin duda complicada porque, una comisión anticorrupción que depende del ejecutivo requiere del ejecutivo mismo para operar y carece de movilidad, autonomía y propia capacidad.

Es clarísimo y no hay duda alguna que el sistema judicial está corroído, sin capacidad para blindarse y sin capacidad para prestarse al mejor postor.  En ello la Comisión Internacional Contra la Corrupción (CICIG) tenía toda la razón cuando apuntó las debilidades del sistema judicial guatemalteco.  Un privado de libertad aprovecha un permiso de hospitalización para reunirse con operadores políticos y pactar nombramiento de magistrados (no es la primera vez que esto sucede).  Y ahora viene la pregunta compleja: ¿La CICIG hubiese podido hacer algo al respecto?  Muy posiblemente.  Pero para que no sea echada de menos, precisamente, esta comisión anticorrupción tiene que mover sus piezas o de lo contrario, simplemente se verá como un ´juguetito´ del ejecutivo.

Precisamente para lo anterior, la experiencia de todas las super-fiscalías y cuerpos anticorrupción buscan no solamente una separación del ejecutivo sino además mecanismos que le protejan de la influencia de los poderes políticos.  Lo anterior asegura poder seleccionar los casos, poder seleccionar al mejor personal y un tanto sin fin de etcéteras que en este caso en particular aún estaría por probarse que están presentes.  Y para molestia de los enemigos políticos de la extinta CICIG, fue la FECI quien revela todo este caso.

Situaciones como esta son las que en realidad hacen complejo el debate con respecto a la experiencia CICIG.  En efecto su accionar requirió llegar a ser capaz de sentar la agenda política del país, pero casos de corrupción de altísimo nivel fueron no sólo revelados sino perseguidos.  Sin ella fuera, se depende de un sistema de justicia corrompido y que hasta el momento se ha visto muy lento.  Si por esta razón el presidente Giammattei decide crear esta comisión anticorrupción presidencial se aprecia sin duda alguna el esfuerzo.  Pero no deja de ser cierto que esta comisión ostentaría funciones que el Ministerio Público ya tiene. Y por último, ¿Cómo probar que no depende del poder ejecutivo – y su agenda- para decidirse a funcionar.

Bueno, allí esta la prueba de fuego para este proyecto.

TEXTO PARA COLUMNISTA

Lea más del autor:

%d bloggers like this: