Home > Cultura > La poesía de la danza: Maya Plisétskaya

Editado Para La Historia

Maya Mijáilovna, pronto se presentará en la ciudad de Mérida el ballet Carmen. Lo bailará Viengsay Valdés y como ya no está Alberto Alonso es su viuda, Sonia Calero, quien se ocupará del montaje. La invito a venir a la ciudad con su esposo Rodión Shchedrín a la presentación.

¡Qué bueno que todavía me recuerdan!

Pero cómo no. Usted escribió con letras de oro su nombre en la historia del ballet.

Gracias, pero ya no podemos hacer grandes vuelos, nuestra salud no nos lo permite.

Así fue el primero de mis contactos con la gran Maya.

Es precisamente este padecimiento del corazón el que nos arrebató a esta Gran Dama. Nos deja sus películas, sus fotos, sus entrevistas, sus libros y, sobre todo, el recuerdo imperecedero en aquellos que tuvieron la fortuna de verla bailar. Nos dejó su valentía.

Maya nació el 20 de noviembre de 1925 en Moscú. Nació en familia de intelectuales y artistas judíos, los Plisétskyi y los Messerer. Tuvo la desgracia de perder a su padre durante las grandes purgas estalinistas de los años 30 acusado de ser “enemigo del pueblo”. El “gran” crimen del padre de Maya fue haber trabajado para una compañía minera noruega. Su madre fue enviada a un gulag en Kazajistán para esposas de enemigos del pueblo junto a su hermano menor, Azari, de solo 7 meses. Esto marcó para el resto de su vida su posición política. Gran crítica y empecinada enemiga del sistema político que la vio nacer.

Entró a la escuela del Teatro Bolshoi en 1934 y ya en 1936 bailó por primera vez en una escena de La Bella Durmiente. Nunca formó parte del cuerpo de baile, sino que en 1943 pasó a ser inmediatamente solista de la compañía y en 1959 se casó con el insigne compositor Rodión Shchedrín, quien fue su gran apoyo y compañero durante toda su vida común en los menesteres de su profesión.

Siempre las autoridades soviéticas tuvieron desconfianza de ella por ser judía, hija de “enemigos del pueblo” y “persona políticamente poco segura”. A pesar de ello, y gracias a su maravilloso arte, era presentada a todos los dignatarios que visitaban Moscú, siempre con su maravilloso “Lago de los Cisnes”, que bailó más de 800 veces a lo largo de su vida. Viajó al extranjero en múltiples oportunidades donde hizo amistad con los grandes de la época, los Kennedy, Maurice Bejart, Pierre Cardin, Catherine Deneuve y muchos, muchos más.

Después vino el escándalo de Carmen. Ya Maya estaba consagrada como una de las mejores bailarinas del mundo en papeles como Raymonda, el Lago de los Cisnes, Bayadera, La Muerte del Cisne, La Bella Durmiente y otros. Sin embargo, quiso para ella el papel de Carmen, la sulfurosa cigarrera andaluza, a la que el recordado coreógrafo y bailarín cubano, Alberto Alonso, le dio vida con música de la obra original de Georges Bizet retrabajada por su propio esposo Rodión.

El realismo socialista no soportaba los modernismos, estaba sujeto a la tradición y aquel espectáculo era demasiado para el conservador Bolshoi. A la mañana siguiente fue convocada por la Ministra de Cultura de la URSS quien le prohibió volver a bailar nunca más esa obra pequeñoburguesa y de poca monta. Allí, de boca de esta mujer de temple salieron las históricas palabras: Carmen morirá el día que muera yo. Después, con motivo del jubileo por sus 80 años, dijo: Yo moriré y Carmen seguirá viva. Premonitorias palabras. Afortunadamente Carmen pudo volver a ser bailada porque el embajador de Canadá en la URSS había visto su única presentación y el gobierno de Canadá invitó oficialmente al Bolshoi para bailar esta obra con motivo de la Exposición Internacional de Montreal en 1968.

Más adelante se estableció en España con su esposo Rodión y después en Munich donde Rodión tiene una nueva casa editorial para su nueva obra musical. El Estado Soviético despojó a todos los grandes compositores soviéticos: Jachaturián, Shostakovich, Scriabin, Prokofief y a él mismo de sus derechos de autor vendiéndolos a una editorial musical de Hamburgo en Alemania.

Recibió innumerables medallas y condecoraciones de múltiples países. Ya el mundo se preparaba para el jubileo por sus 90 años. La muerte la sorprendió mientras preparaba sus maletas para viajar a Lucerna, en Suiza, donde comenzaban los festejos. Sus restos volaron de Munich a Moscú para ser incinerada y sus cenizas fueron esparcidas por las calles de su amada ciudad natal. Cada moscovita llevará en sí algo de Maya.

¡Gracias Maya por tu entrega al arte y por tu entereza! Nadie que aquilate el arte podrá olvidarte jamás.

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