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Nostalgia por Guatemala

Antropos

Nadie ha escogido cuándo nacer. Llegamos a este mundo en una algarabía de gritos que salen de tiernas gargantas. Es el milagro de la vida que acontece en algún lugar del planeta. En tanto, nuestras madres nos recogen entre brazos y gotas de lágrimas desparramadas por las mejillas como una expresión de alegría.

Nos palpan y colocan la boca del recién nacido, en los pezones para alimentar la maravilla de la creación de un nuevo ser humano. Hay momentos traumáticos como fue mi propio caso. Bajo la desesperación de una asfixia temprana, la comadrona sumergió mi cuerpo en un tonel de agua fría. Todo sucedió en la casa pastoral de la iglesia evangélica del pueblo de Esquipulas, en el cual sobrevino con un llanto, el camino de la vida.

Mientras pasaban los días, crecimos en los barrios, pueblos, aldeas, caseríos, junto a otros niños y niñas con quienes aprendimos a compartir. Sobraron las risas y peleas infantiles entre juegos que hacían alegre cada momento pueblerino. Fuimos a la escuela y nos enseñaron a leer y escribir. Conocimos un poco de historia y geografía. Caminamos a hurtadillas por las complejidades de las matemáticas. Platicamos, bromeamos. Hicimos deporte bajo la autoridad del maestro. No faltaron los cursos de música y el aprendizaje de los himnos con el acompañamiento del docente en un piano viejo. Algunos fuimos afortunados porque aprendimos a cultivar hortalizas, a conocer el mar, así como las ruinas arqueológicas de los antiguos mayas.

La adolescencia nos llevó a los estudios de nivel medio. Surgieron  nuevas aventuras juveniles y estudiantiles. Fue posible leer novelas, cuentos y poemas. Aprendimos a disfrutar los deportes y la música en los grupos que se creaban. Unos dominaron el arte de las teclas morenas de la marimba, la oratoria, a declamar poemas, otros la guitarra, el saxo y en mi caso, la trompeta. Fuimos felices en medio de limitaciones económicas porque gozábamos nuestra estancia en las aulas, en las canchas deportivas, salones de música y de hurtadillas, disfrutamos los libros de la biblioteca.

El escalón más selectivo de este andar, fue la universidad. Amigos inteligentes, talentosos, imaginativos, grandes deportistas y músicos exquisitos, se quedaron en el camino frustrados porque las limitaciones materiales eran enormes y tuvieron, tempranamente, que trabajar. Otros logramos avanzar.

En fin, todo esto se vive en un país, independientemente del lugar donde crecimos. Para mis amigos, familiares, compañeros y vecinos, la experiencia la gozamos y sufrimos en Guatemala. Fue en este remolino de la vida cotidiana, en donde sucedieron muchas cosas. Disfrutamos de las fiestas, de los bailes y de la vida de los pueblos. Miles de anécdotas están ahora en nuestras cabezas. Están presentes los recuerdos de montañas, volcanes, paisajes, ríos, lagos, personas, diversidad de pueblos vibrantes llenos de colores que los identifican como sujetos de una rica diversidad cultural. Hubo noviazgos, casamientos, hijos, nietos. Muchas aventuras que da la vida. Peligros y miedos. Angustias, sufrimientos, frustraciones, sueños, ilusiones, batallas contra lo imposible, esperanzas y fracasos. De todo lo que nos podemos imaginar.

Esto hace que este conjunto de historias personales, cuando respiramos desde las profundidades del pasado, resuena al vivir lejos de la patria, el sonido del tambor de la nostalgia.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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