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Fundamento sólido

Emunah

La fuerza y solidez de un edificio dependen en gran parte de la fortaleza de su fundamento, por lo que se tiene que tener mucho cuidado al escoger esa base sobre el cual será edificado. Todos estamos familiarizados con la tormentas, pruebas y tribulaciones ya que las mismas son parte de la vida. Y, aunque no podemos elegir cuáles tormentas evadir, si podemos decidir edificar nuestra vida sobre un fundamento sólido, uno que produzca raíces fuertes que nos permitan soportar todo tipo de tormentas.

Lo difícil de todo esto es escoger el fundamento correcto sobre el cual edificar ya que el mundo esta en constante movimiento: la tecnología, los movimientos artísticos, los géneros musicales, los métodos, las ideologías, y muchos cambios en la medicina, lo económico, lo político y lo social. Estamos siendo testigos de rápidos procesos de cambio, entonces ¿Sobre que fundamentos edifico? Primera de Juan 2:17 nos dice que el mundo pasa junto con sus deseos, pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre.

Así mismo nos dice que Jesucristo es el mismo ayer, y hoy, y por los siglos, por lo tanto ¡Él nunca cambia! Así que la Palabra de Dios es un ancla para nuestras vidas, ya que es la verdad, produce vida y durará para siempre. Afirma que Jesucristo es “la piedra angular de fundamento” en quien todo el edificio, bien ajustado, va creciendo para ser un templo santo en el Señor. Además, nos anima a seguir “caminando en unión con él, siendo edificados en él y  establecidos en la fe”.

Jesús nos dice que el que oye la palabra de Dios y la práctica, será un hombre prudente que edifica su casa sobre la roca; ya que aunque desciendan lluvias, y vientos sobre él no caerán; porque está cimentado sobre la roca. Pero a cualquiera que hace caso omiso a las enseñanzas de Dios, será un hombre insensato que edifica su casa sobre la arena; ya que al venir la lluvia, y al soplar los vientos grande será su ruina.

Así que aunque edifiques tu vida sobre la roca o sobre la arena, las tormentas vendrán sobre ambas personas, la diferencia es que la casa sobre las rocas sobrevive y la que está sobre la arena se destruye. Si nos paramos firmes, actuando con fe, fortaleza y valentía ante las tormentas confiando firmemente en Dios y su Palabra seguiremos navegando; mientras si por vivir sin la Biblia, sin la seguridad que nos dan las promesas de Dios para enfrentar las dificultades entonces naufragaremos.

Solamente esa fe en Dios y su Palabra es lo que nos sostiene hasta el final, sabiendo que sin importar lo que enfrentemos, Él ha prometido sostenernos en todo momento. Así que cuando todo se derrumbe a nuestro alrededor, debemos recordar que Jesucristo es el cimiento de nuestra vida, nuestra salvación y esperanza. En medio de nuestras circunstancias podemos regocijarnos, mientras descansamos en las promesas de Dios, y decir como el Rey David “Al Señor he puesto continuamente delante de mí; porque está a mi diestra, permaneceré firme”. Salmo 16:8.

Debemos confiar en el Señor sin importar la circunstancia que enfrentemos; Él es nuestro Salvador, nuestra paz y seguridad, nuestra roca y fundamento firme, la Palabra viva que habla a nuestro corazón y a nuestra vida. Por el contrario, cuando Dios no es parte de nuestra vida, cuando las enseñanzas de Jesús no permanecen en nuestro corazón y no son significativas para nosotros, cualquier cosa que nos suceda puede conducirnos al fracaso.

“No se contenten solo con escuchar la palabra, pues así se engañan ustedes mismos. Llévenla a la práctica. El que escucha la palabra, pero no la pone en práctica es como el que se mira el rostro en un espejo y, después de mirarse, se va y se olvida en seguida de cómo es. Pero quién se fija atentamente en la ley perfecta que da libertad, y persevera en ella, no olvidando lo que ha oído, sino haciéndolo, recibirá bendición al practicarla.” Santiago 1:22-25.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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