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¡No somos pobres!… ¡Nos tienen pobres!

Mirilla Indiscreta

En una disputa donde vencer es la meta, todos los instrumentos al servicio del razonamiento lógico pierden importancia.

Vencer no significa lo mismo que convencer, y su diferencia radica esencialmente en que para vencer el fin justifica los medios y para convencer la gloria no radica en la fuerza si no en la razón.

Acumular el mayor número de medios para vencer no significa lo mismo que recurrir a los argumentos para convencer y que la victoria sume la voluntad del convencido haciendo una sola fuerza positiva y creadora.

En esta lucha universal por concentrar el poder vencer por los medios que sean necesarios no constituyen obstáculo para avasallar al contendiente y someterlo por la fuerza importando poco que en lugar de sumar una voluntad convencida y creadora se forje un adversario resentido y en vigilia de la oportunidad propicia para vengarse.

Las luchas por el poder en nuestro suelo patrio, han derivado en un afán sin medida, ni moral ni ética, confrontando recursos tácticos y estratégicos, como en una guerra, para someter incondicionalmente al adversario.

Nos encontramos en una guerra no declarada, que persigue triunfos y derrotas no importando que sea entre hermanos de una misma nación.

Se invoca y se aplica la ley, no para corregir y enmendar la plana de una conducta socialmente inapropiada, si no como arma impúdica para someter al adversario político.

Toda la supra-estructura jurídica al servicio de una causa sectaria, armando o desarmando instituciones, legitimando acciones ilegítimas, sin apelar, nadie lo hace con el poder suficiente, para que no se atropelle el régimen de legalidad, y evitar sobreponer un Estado de Hecho, al destrozado y en proceso de putrefacción Estado de Derecho de la ya casi extinta recordación en Guatemala.

Aceptamos con ingrata cobardía ciudadana, como una ofensa permanente, qué se fabriquen resoluciones judiciales fundadas en interpretaciones inventadas o se tramiten acciones para oponerse a procesos constitucionales basándose en leyes inexistentes.

Resuelven invocando leyes que no existen para realizar actos ilegales o resuelven invocando leyes que no se han promulgado todavía para frustrar actos legales.

Es el colmo de la acción antijurídica y culpable, en un Estado de Reyes y Jueces, que ni es monárquico ni tampoco de Derecho.

Un Estado falsificado, confundido, con Territorio y población, sin gobierno republicano estructurado, ni soberanía.

Un Presidente con exaltados impulsos por ejercer soberanía, con todo el gobierno acatando un supra-poder jurisdiccional interno que obedece directrices extranjeras.

Un torero tratando de esquivar los cuernos envenenados del animal, qué en plazas nacionales, aterroriza a los pobladores exhibiendo el abusivo fierro forjado y calentado en fuegos del exterior.

Un pueblo agobiado y ausente que no entra a la plaza porque no tiene para pagar el ingreso, esperando que sobre las tribunas lancen los restos de comida chatarra que tiran esos afortunados, que aún tienen trabajo.

Ejércitos de niños desnutridos, que por deficiencias genéticas no tendrán la lucidez mental para enterarse, ya mayores, de su propia tragedia, mientras otros millones de hermanos envían la parte de alimento que producen aterrorizados por la espada de Damocles de la repatriación.

Un país hermoso, rico y generoso habitado por un pueblo desposeído, empobrecido, desempleado, enfermo y desnutrido.

Dos realidades inobjetables, pesadas, lacerantes, insultativas, y ofensivamente contradictorias.

¿O nacimos en un lugar equivocado? ¿o el país tuvo el infortunio de cobijar a la población equivocada?

Un irreflexivo optimismo me grita en el subconsciente que ni nacimos en el lugar equivocado ni el país tuvo la mala suerte de tenernos como su población.

Son las condiciones geopolíticas que nos situaron en una posición tan importante que nos transformamos en objetivo apetecido de los poderosos.

Son las estrategias de quienes sabiéndonos valiosos y con increíble capacidad de sobrevivencia nos someten a las tensiones y presiones más grandes para que nos abandonemos a su tutelaje y explotación.

No hay enemigos que nos odien tanto, ni amigos incondicionales que amen tanto nuestra prosperidad.

Solamente hay intereses que han podido sobornar la conciencia de mercenarios con documentos de identificación personal guatemalteca, que se ponen a disposición de esos intereses extranjeros porque son y piensan como extranjeros nacidos por equivocación en nuestro territorio o asumida su nacionalidad por conveniencia sin dejar de ser extranjeros, o lo peor traidores a su partida de nacimiento.

La veleidosidad y poca consistencia de la política nacional no pudo definir de manera ostensible en el último proceso electoral, la frontera categórica entre lo aceptable, tolerable o inaceptable.

Pareciéramos condenados a seguir conviviendo en el limbo de la indefinición nacional y regional, tratando de matar las instituciones centroamericanas y redefinir las posibilidades de transformarnos en un Estado Libre Asociado que tiene como principal opositor, la potencia a la que afanosamente quisiéramos pegarnos como rémoras oportunistas.

El buey sólo, bien se lame… y si con República Dominicana en el caribe y América Central, con Panamá y Belice, en el continente, con quienes ya somos uno en el Sistema de Integración Centroamericana, aceleramos fuerte para adentro, como potente motor de nuestra siempre saboteada, pero muy pronta unión e independencia regional y empujamos en lugar de jalar la carreta, en poco tiempo, muy poco tiempo estaremos ahogando en los estertores de la desaparición a los traidores y vende patrias.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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