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El legado que pretende dejar el embajador de EE.UU.

Kidon

El cargo de embajador apareja respeto a la institucionalidad y soberanía del país en el cual ejerce sus funciones, esto, con el objeto de garantizar el respeto y reciprocidad entre estados, condiciones necesarias de toda diplomacia.

De la misma forma, las reglas del derecho internacional prohíben el ejercicio de cualquier acto hostil en contra del Estado receptor, así como la intromisión en asuntos políticos o de gobierno, pues la gestión diplomática implica únicamente llevar a cabo actos de cooperación y apoyo recíproco.

Sin embargo, al parecer estas regulaciones han sido ignoradas por varios agentes diplomáticos acreditados en el país, pues, basta solo con recordar los dos últimos embajadores de corte demócrata designados por los Estados Unidos de América, así como el de la república de Venezuela, el reino de Suecia y los que conforman el G-13, para llegar a la conclusión de que el interés de estos delegados no es precisamente la colaboración entre estados.

Como no recordar al demócrata Todd Robinson, quien no solo intentó reformar nuestra Constitución sino qué, además, coaccionó al gobierno de turno para nombrar a sus peones ideológicos en los ministerios de salud, gobernación, finanzas, trabajo y en la Superintendencia de Administración Tributaria, gestiones ilegales que a la postre le valieron para ocupar el cargo de fotocopiador en una pequeña oficina en Washington.

Lastimosamente, luego de la salida por la puerta de atrás del señor Robinson, el país sufrió otro golpe diplomático con la venida del también demócrata, Luis Arreaga, quien contrario a los intereses del presidente Donald Trump y por ende de la nación a la que representa, continuó la línea de la desestabilización nacional proyectada por su antecesor, apoyando a diferentes personajes de dudosa reputación dentro de los que figura el agente fiscal Juan Francisco Sandoval Alfaro.

Ese sostén del cual hasta hoy goza este mal fiscal, ha hecho sumamente difícil procurar los procesos de investigación que se han promovido en su contra, pues, los fiscales y jueces ante el temor de perder su visa o trabajo, han optado por retardar, incluso desestimar las investigaciones que pesan en su contra, a pesar de los graves hechos delictivos cometidos por Sandoval, lo cual nos ha obligado a plantear las oposiciones judiciales respectivas, para evitar que esos actos queden impunes.

Al parecer, el embajador está más preocupado por quedar bien con los grupos de la supuesta sociedad civil o falsos defensores de derechos humanos, qué en cuidar los intereses de su nación, como por ejemplo la migración ilegal de personas o el tráfico de estupefacientes, flagelos sociales que en parte obedecen a la conducta omisa o permisiva del embajador.

No logro entender como un funcionario de su talla, tuvo la desfachatez de llegar y presenciar junto a mercenarios del enfrentamiento armado interno que vivió el país, la condena ilegal dictada en contra de nuestros veteranos de guerra, a sabiendas que esos mismos que estuvieron sentados junto a él en esa sala de audiencias, fueron los que asesinaron al embajador John Gordon Mein, en 1968.  

Por fortuna, la salida próxima e inminente de este mal embajador, está programada para finales de abril, fecha en que será reemplazado por un republicano, conservador, de la línea del presidente Trump, lo cual nos garantizará por un lado, el final del apadrinamiento de Sandoval, y otros malos funcionarios públicos como los de la CC, el PDH, y algunos jueces y fiscales, para que sean juzgarlos y procesarlos de manera objetiva e imparcial y por el otro, orientar el desarrollo del país por el camino de la legalidad, el trabajo y la producción.

Pero mientras ese día llega, el agente diplomático prepara su despedida del país, con una sorpresa monumental que consiste en, utilizar los sucios servicios de la FECI, y en especial  de su ahijado Juan Francisco Sandoval Alfaro, para lanzar desde allí, la ofensiva destinada a reformar la Constitución Política, mediante el caso denominado Comisiones Paralelas 2020, el cual explotarán a su máxima expresión, para lograr un cisma de tal magnitud que incluso sea capaz de retorcer el brazo del presidente Giammattei, y así, garantizar la entrega del sistema de justicia, soberanía e institucionalidad en manos de la extrema izquierda.

Ante ello, se le recuerda al embajador Arreaga, que tal y como se lo demostramos a Todd Robinson, Iván Velásquez, Thelma Aldana y Jorge De León Duque, entre otros vende patria, que el pueblo de Guatemala no permitirá una reforma constitucional, bajo ningún pretexto.

Feliz uno de marzo a los caballeros alumnos de ayer, hoy y siempre.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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