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Quien no aprende de la historia

Barataria

Recientemente el Concejo Municipal de la Ciudad de Antigua Guatemala, acordó cambiar el nombre a la quinta avenida sur, salida a Ciudad Vieja conocida comúnmente como “La Calle Sucia”, renombrándola como “Calle Jerusalén”.   Al margen de cualquier polémica relacionada con las relaciones entre Guatemala e Israel y el conflicto Palestino, dado que muchos simpatizan más con Palestina que con Israel.  Quisiera referirme en esta ocasión de lo que entendemos por historia guatemalteca ya que, considerando que Antigua Guatemala es Patrimonio Cultural de la Humanidad desde 1979, resulta contraproducente que sus autoridades municipales no consideren necesaria la obligación de conservar los nombres de las calles de dicha ciudad que guardan con ello una enorme riqueza cultural e histórica que muchas veces se pierde por la falta de visión y protección.  Es triste ver que muchos de los lugares que tienen riqueza histórica no la conservan, las municipalidades del país no tienen proyectos de conservación y en muchos casos han renombrado calles y avenidas de sus respectivos municipios sepultando con ello la riqueza cultural.   Esto ha llegado hasta el sistema educativo nacional cuya enseñanza de la historia guatemalteca se aparta en muchos casos de la realidad.

Guatemala es, como todos los países del mundo, ricos en historia.  La historia reviste esa característica esencial que hace que sus habitantes puedan conservar y respetar su pasado y también acrecentar ese sentimiento de pertenencia que nos lleva a ser un pueblo fuerte y unido o un pueblo débil y dividido.  Sin embargo debemos de ser conscientes de que un pueblo sin historia es un pueblo sin identidad y en Guatemala padecemos de crisis de pertenencia.  En realidad poco se nos enseña en el sistema educativo nacional sobre la historia guatemalteca que se limita a enseñar que Pedro de Alvarado fue el conquistador español y Tecum Umán como héroe nacional que se opuso a las fuerzas españolas y alguna otra historia periférica, pero en realidad no nos adentramos a considerar además de todo, las razones políticas por la cuales se dio la independencia otras consideraciones.  Habrá quienes creen que la conquista de las naciones originarias en estas tierras se realizó en un par de meses a lo sumo, cuando esto en realidad no fue así.

Al parecer no hay un deseo objetivo de escribir, o reescribir si es necesario la historia nacional desde las naciones originarias hasta nuestros días, puesto que muchos de los lastres que acompañan a nuestro país tiene su origen precisamente en la forma en que se dieron las cosas y de cómo la marginación, la exclusión y la falta de oportunidades en lugar de ir erradicándose se ha promovido más y la brecha se ha ido agrandando.  Para nadie es un secreto que el sistema guatemalteco en muchos aspectos está determinado para mantener el “estatus quo” que no es otra cosa que los actuales privilegios que no permiten un desarrollo pleno para la sociedad guatemalteca.

Para los jóvenes que nacieron en los años ochenta, especialmente a partir de 1985 y que actualmente son una fuerza importante en el país y además han vivido el periodo más largo bajo una democracia, deberán considerar ser la generación que exija que se reescriba la historia guatemalteca, la verdadera historia no la que fue escrita por aquellos que querían hacer una diferencia en Guatemala, de aquellos que siempre retrataron a las naciones originarias guatemaltecas descendientes de los mayas como ignorantes y salvajes a quienes habría que “educar” y que ha sido la profunda división entre “ladinos” e “indígenas” que ha provocado un lastre innecesario en el país.

Hasta hace pocos años al propio estadio nacional se le llamaba Mateo Flores, cuando en realidad el atleta que honrosamente representó a Guatemala en diversas maratones se llamó Doroteo Guamuch y no como “ladinamente” se le llamó.  Esto es solo un ejemplo de la forma en que la historia nacional ha sido “manoseada” de tal forma que la poca historia que se conoce responde a intereses mezquinos y no a la realidad objetiva.

Con autoridades como las Municipales de la Antigua Guatemala y de otros muchos municipios y ciudades se está escribiendo una historia que no es la nuestra, no es la real sino la que muchos quieren contar y que desconoce lo que somos y no nos ayudará a la identidad nacional. Porque nuestros verdaderos héroes se han olvidado y se ha subido a los pedestales a quienes en realidad no merecen estar allí.

Estamos en un mundo globalizado, pero eso no significa olvidarnos de nuestras raíces, de nuestra cultura, de nuestra historia, de nuestra “guatemalidad” sino contrario a ello es hora de que el Gobierno considere como una responsabilidad prioritaria reescribir la historia guatemalteca de manera objetiva y que sea esta la enseñada en el sistema educativo nacional.  “Quien no aprende de la historia se condena a repetirla”.

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