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Resiliencia ante el coronavirus

Poptun

La Organización Mundial de la Salud (OMS) como consecuencia de la velocidad de expansión del coronavirus consideró el pasado 11 de marzo que el brote de COVID-19 es una pandemia por encontrarse presente en distintos países y los casos se han multiplicado alarmantemente.  Refiere la OMS que la palabra pandemia no debe ser utilizada en forma incorrecta con el afán de provocar un miedo irracional en la población, sino para que se tomen medidas urgentes y agresivas para reducir o evitar la expansión del virus.

Previo a esta declaratoria de la OMS, algunos países consumaron algunas medidas extremas para combatir el covid-19.  Entre ellas decretaron el cierre de escuelas así como impusieron fuertes restricciones a los viajes, fijaron cuarentenas por largo períodos que aún subsisten, determinaron suspensión total de reuniones sociales y eventos públicos, impusieron la obligación de permanecer un metro de distancia entre persona y persona para evitar la trasmisión, efectuaron la invitación para que las personas no salgan de sus residencias, y se promueve una actitud de autoaislamiento de las personas con algún signo de la enfermedad.

A pesar de los grandes esfuerzos formulados por las autoridades de los Estados afectados por el virus, observamos que esos países están presentando graves dificultades para detener el avance de la infección como consecuencia que a la fecha no hay una vacuna para curar la enfermedad, los productos sanitarios escasean y no hay suficientes pruebas de detección del virus.  El temor de la expansión del virus ha provocado que las bolsas de valores entren en crisis, que junto a la reducción de la actividad comercial y la caída del precio del petróleo están induciendo a una recesión económica global.

En Guatemala, las autoridades han insistido que no hay casos confirmados de COVID-19, y por eso únicamente se han implementado medidas para retardar la entrada del virus a nuestro país.  Una de las efectuadas es evaluar los signos vitales de todas las personas que ingresan al país, a la vez se ha ordenado que previo a la realización de eventos masivos, se debe realizar una notificación al Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social, esto derivado del estado de calamidad pública que fue decretado por el Presidente el 5 de marzo de 2020.

Sin embargo, extraña que en nuestro país no se hayan ejecutado medidas más estrictas a lo interno para frenar algún brote del virus que surja de forma local o que haya soslayado los controles migratorios;  esto en consideración que somos un país de alto riesgo por poseer un sistema de salud débil.

Lo sucedido en esos países del primer mundo debe de constituir un conocimiento adquirido con el propósito de evitar los errores y replicar los aciertos.  Lo anterior se expresa porque expertos en materia de salud refieren que la propagación del virus en diversos países obedeció que se minimizó el riesgo del virus, y las medidas de prevención se decretaron de forma tardía por las autoridades.

En ese sentido, ante la pasividad estatal, las condiciones adversas de nuestro sistema de salud, ausencia de protocolos para evaluar a las personas con síntomas de la enfermedad, los guatemaltecos debemos ser parte de la solución del problema, por lo que es oportuno que nos involucremos activamente para evitar un contagio excesivo del virus dentro del territorio nacional.  Poseemos un gran desafío y una enorme responsabilidad ciudadana de guardar la calma y tomar las medidas de precaución y/o de asistencia ante un eventual caso de COVID-19 en nuestros núcleos familiares, centros de trabajo y comunidades, con el fin de reducir las posibilidades de expansión de la infección y resguardar a aquellos conglomerados sociales que poseen mayor riesgo de consecuencias fatales.

Es momento de ser precavidos, solidarios, empáticos y practicar nuestra fe para tener éxito y combatir positivamente el grave riesgo que representa esta emergencia sanitaria mundial.

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