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Simplicidad del feminismo

Descubrir Las Raíces

Hace poco se propagaba una frase que impactó: decía que el siglo XXI será de la mujer o no será. Y continúa afirmando que no se puede evitar el reflexionar esa frase sin agregar que la mujer limpiará la raza humana. La mujer tendrá en sus manos ese poder, ya depositado y confiado a ella, En fin…

También recientemente, con ocasión de la entrega de un  premio Nobel de Literatura a una mujer (Doris Lessing), y se ha relacionado con su capacidad de retratar la experiencia femenina. Aparte de méritos literarios, esto trae a la memoria la historia de tantas luchas feministas, muchas positivas y el tema feminista. Y cómo, aún conseguida una igualdad en la vida pública y la conciencia de que la mujer es igual al varón, quedan todavía numerosos estereotipos y prejuicios por eliminar.

En esta línea Juan Pablo II explicaba que hay dos tendencias erróneas en la cultura contemporánea. Una, subraya que para que la mujer sea ella misma tendría que ser antagonista del hombre; plantea, equivocadamente, una rivalidad entre los sexos: la ventaja de uno es desventaja del otro. La otra corriente cancela las diferencias entre sexos, que serían simples condicionamientos socio-culturales. De ahí nace el cuestionamiento de la familia –compuesta por padre y madre- y la equiparación de la homosexualidad. Según ellos la naturaleza humana no lleva en sí misma características sexuales claras: toda persona podría configurarse, sin predeterminación biológica.

Por esto es básico reafirmar la diferencia sexual. La persona humana, marcada por el sello de la masculinidad o la feminidad, está llamada a existir en la afinidad y en donación recíproca. En esta concepción realista las mujeres están llamadas a estar presentes en la familia y en la sociedad, aportando soluciones innovadoras a los problemas económicos y sociales; siempre según su carisma propio, el ‘genio de la mujer’, que le permite adquirir muy pronto madurez, sentido de responsabilidad, respeto por lo concreto, resistencia ante las adversidades.

Como un tema conexo a este planteamiento, cada vez se oyen más voces de mujeres con resonancia pública que reinventan el orgullo de ser madre. Muchas veces son mujeres que han alcanzado el éxito profesional y advierten que eso no justifica el sacrificio de sus deseos y satisfacciones familiares. Y precisamente piden que la sociedad permita realmente que la mujer pueda elegir, sin que el Estado ni la empresa decidan por ella. Son triunfadoras que se atreven a ir contra corriente, luchando para rehabilitar una ocupación –la familia, los hijos- que ha sido quizá no debidamente valorada durante años e incluso maltratada. Podemos reafirmar que el feminismo moderno valora a las mujeres que se dedican a sus hijos.

Por otra parte, como alguien señalaba, actualmente la mujer no es un ser definido en relación al varón. Ella tiene valor y dignidad por sí misma, no lo recibe de otro. No es sólo “la hija del presidente” o “la madre del arquitecto”. Puede ser ella misma presidenta o arquitecta. Y con esto, si que de veras todos salimos ganando: hombres y mujeres.

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