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Día Internacional de la Felicidad

COLUMNISTA

Tanmi Tnam

La Organización de las Naciones Unidas, ha recomendado a todas las personas y pueblos que el día 20 de marzo de cada año sea dedicado a celebrar la felicidad humana por parte de los habitantes e instituciones del planeta. La felicidad como uno de los indicadores que debería de darle sentido a la plenitud de vida de todos los hombres, mujeres, jóvenes, niñas y niños, ancianas y ancianos.

Pero en la práctica, la felicidad de las personas y de los pueblos no es posible en contextos donde lo común es la injusticia, la corrupción, la discriminación, el racismo y la descalificación de quienes no se identifican con la cultura considerada superior. No hay felicidad donde abunda la pobreza, la miseria, la desnutrición y la escasez de recursos. Tampoco se puede aspirar a la felicidad en contextos donde el liderazgo que lucha por la defensa del territorio y por la vigencia de los derechos humanos y colectivos sufre de persecución, cárcel y asesinato. Es difícil alcanzar la felicidad en ámbitos donde la población que integra el Estado no cuenta con servicios públicos de educación, salud y conservación del medio ambiente. Está ausente la felicidad cuando en espacios religiosos el uso de espacios privilegiados, están para uso de pocos y no se permite allí a los descalzos y andrajosos.

Hay claridad que todo ser humano y cualquier pueblo que desea vivir donde las condiciones de su entorno inmediato y mediato, la solidez de sus condiciones internas y el clima de confraternidad le ayudan a alcanzar la felicidad. En este sentido, la felicidad se puede medir cuando todas las familias tengan comida suficiente y nutritiva, vivienda aceptable, trabajo digno y permanente, clima afectivo en el hogar, el uso de conceptos que aprecian la presencia del otro, el uso de palabras que demuestran afecto por las ancianas y los ancianos, la admiración por la ternura de vida de las niñas y de los niños. En fin, en el seno familiar, hay conceptos y prácticas que mantienen la felicidad para todos.

En las comunidades, la alegría y la felicidad están presentes cuando las personas y familias disfruten de buena salud, hay servicios gratuitos que velan por la salud de personas de todas las edades, hay disponibilidad de medicinas gratuitas, la amabilidad de los servidores públicos de salud y el esfuerzo porque el pueblo viva libre de enfermedades.

La ciudadanía activa debe gozar de la libertad y de la justicia cuando hombres y mujeres en el ejercicio de la ciudadanía tengan oportunidades garantizadas para expresar opiniones, de señalar las prácticas débiles e inadecuadas de autoridades y trabajadores públicos y hacer denuncias de corrupción sin que peligra la vida.

Para el Pueblo Maya, la alegría de las plantas es parte de la felicidad del ser humano, el verdor del campo cuenta con conceptos de aprecio y entonces hay que demostrar respeto por la conservación de la flora. La alegría de los animalitos del bosque, de las montañas y de los que viven en casa es parte de la felicidad, deben de estar bien para que el ser humano también esté muy bien. El sufrimiento de cualquier ser vivo no es compatible para la felicidad de las personas. Por otra parte, la alegría de otras personas es parte de mi felicidad y por eso abundan expresiones cuyo significado es la preocupación por la alegría y bienestar de los demás.

Ante la llegada del coronavirus a Guatemala, las familias y la población en general deben seguir de manera responsable las orientaciones que vienen de las autoridades. Corresponde al Estado dotar recursos, personal especializado y cobertura total.

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