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Antropos

La Venganza de la Tierra, es un libro que escribió el científico inglés James Lovelock, quien nació el 26 de Julio de 1919 y murió en el año  2019, o sea, cien años de vida productiva en el ámbito de la ciencia y  defensa del ambiente.  Fue un químico atmosférico, meteorólogo, ambientalista, docente, escritor, famoso por muchas cosas, pero de manera particular, porque inventó el término GAIA, visualizando la tierra como un sistema vivo autoregulatorio.

Asimismo, también promovió la idea de hacer uso de la energía nuclear a nivel pacífico, con el propósito de alcanzar altos niveles de disminución del uso de combustibles fósiles, a fin de evitar que el “sistema atmosférico llegue a un punto sin retorno que lo desestabilice”. Esta afirmación lo conduce a una conclusión, en la que señala que “la tierra se está rebelando y de cómo todavía, con un alto grado de sensibilidad y racionalidad podemos salvar a la humanidad”.

La idea  central de este libro, gira en torno a la preocupación que la humanidad está a punto de autodestruirse, por el calentamiento global y el cambio climático. En este sentido, indica que todavía no es demasiado tarde para salvarnos. Lo cual es reafirmado, en sus declaraciones recientes, por David Navarro, responsable de la OMS en Europa, a quien se le pregunta acerca del drama que hoy vive el mundo como consecuencia del virus que aplana fronteras. Indica, precisamente que todo esto es una muestra de lo que “es una amenaza existencial para la humanidad”. Pero que hay otros desafíos más grandes como lo es las consecuencias de la pérdida de la biodiversidad y de la rápida aceleración de la temperatura de la tierra”.

Es curioso saber que durante este período en el que se pararon las industrias chinas, hubo menos contaminación y sus habitantes pudieron observar el cielo azul. Otro ejemplo interesante es darnos cuenta que los canales de Venecia, altamente sucios y oscuros, hoy sin la visita de turistas, sus aguas son claras y los ojos pueden ver los peses que se mueven en la ondulación de este líquido precioso. Estas son muestras del otro lado de la moneda y nos están ilustrando de cómo debe comportarse la humanidad.

Pensando en silencio, también se me asoma otro dato curioso, como  es, la necesidad del afecto y el equilibrio armonioso de la racionalidad humana. No hay mejor momento, que en tiempos de crisis profunda, la angustia nos puede conducir a encontrar los lazos que nos acerquen espiritualmente a la humanidad entera. Obviamente, también me aterra el hecho que en medio del miedo, las personas se quieren salvar sólo individualmente.

Una muestra palpable es la compra irracional de bienes de consumo. Acaparo lo que pueda y el que viene atrás que se joda. Esta actitud, fue precisamente lo que dio origen a la acumulación violenta del capitalismo primitivo, especialmente en Guatemala  y todos los males que trajo para la historia de la humanidad. Soy yo y solamente yo. El otro no existe, al menos que sirva a mis intereses.

Sobre estas máximas, los seres humanos hemos caminado transitando entre guerras, plagas y destrucciones. Me temo que si lo que hoy vivimos a causa de este virus aterrador, no lo entendemos  como  posibilidad de  búsqueda del bien común, lo peor, como señala el delegado de OMS en Europa,  está por venir. Los límites están frente a nosotros, es el momento de dar el paso de encuentros afectuosos, contrariamente, habrá más sufrimiento y angustias. El  miedo, temor, agresividad  e incertidumbre estarán en nuestras puertas. Quizás, como lo que dijo el científico inglés en su libro La Venganza de la Tierra, a lo mejor la humanidad ya no encontrará refugios para sobrevivir con dignidad, sino que se autodestruirá.

La búsqueda de alientos solidarios, abrazos y afecto entre todos los que somos humanidad, es el gran desafío en medio del miedo que causa el coranovirus.

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