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Un plan de reactivación contraproducente

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El Presidente de la República presentó ayer en el Congreso lo que denominó su Programa Nacional de Emergencia y Recuperación Económica, en una primera etapa. Según indicó, los objetivos son preservar la confianza para favorecer el empleo incentivando la inversión, aunque más bien se enfoca en incrementar el gasto y deuda pública; mantener la estabilidad macroeconómica; propiciar la recuperación en el corto plazo para lo cual sostuvo que requiere financiamiento para atender la emergencia actual; implementar el programa mediante legislación, políticas y adecuaciones presupuestarias y concretar determinadas acciones sociales. Indicó que la proyección de crecimiento anual se habría estimado, previo a esta situación, en un 3.6% y que luego del impacto de la pandemia las principales economías del mundo habían caído en recesión, lo cual sumado al impacto de las medidas de prevención adoptadas por su gobierno, repercutirían en que la nueva estimación de crecimiento sería del 2.5%. A mi criterio, ya se percibían síntomas de que las principales economías entrarían en recesión previo al problema del coronavirus y éste en cierta forma vino a catalizar un proceso que ya se veía venir. En opinión del presidente, implementar el paquete de propuestas que hizo tendría como resultado un crecimiento del 3.1%, paliando los efectos de la crisis.

Presento un resumido análisis de algunas de las propuestas del presidente y cuáles serían los efectos reales de las mismas. La primera radica en aplicar una política de incremento al gasto público, especialmente la inversión, para recuperar la economía y generar empleo, bajando entre un 20 y 25% los gastos de funcionamiento del gobierno para trasladarlos a inversión, orientando el gasto a construcción de infraestructura. Si bien el mejoramiento de la infraestructura es deseable y debería ser una prioridad frente a usos alternos de los escasos fondos públicos, la realidad es que dada la forma en que están comprometidos los recursos dentro del presupuesto en tanto programa y fondo inútil, y dado que en su inmensa mayoría se consumen en alimentar una burocracia inefectiva y parasitaria, hablar de una reducción del 20% del gasto de funcionamiento del gobierno es nada realista. Sería ideal que el gobierno se redujese en esa magnitud, o aún más, pero la realidad es que la clase política y la burocracia imperante no lo van a permitir.  En cuanto a incrementar el gasto público para que, per se, se reactive la actividad económica, ha quedado ampliamente demostrado que eso solo funciona en el imaginario keynesiano, ya que en la realidad, todo incremento del gasto público solo conduce a inflación. Lo único que conduce a un crecimiento económico real es la creación de valor y de riqueza (que no rentas) en el campo empresarial y para ello se necesita estabilidad monetaria, una política fiscal prudente que no desincentive la inversión y condiciones favorables a la inversión. Además, muchos de los proyectos de infraestructura que mencionó perfectamente bien los podría llevar a cabo la iniciativa privada, sin necesidad de expoliar a los ciudadanos de sus recursos mediante impuestos o deuda (impuestos futuros), en un marco de certeza jurídica, competencia y transparencia.

La segunda se refiere a crear un programa de “transferencias monetarias” por Q350 millones para supuestamente apoyar a 160 mil familias. Esto no será más que la versión actualizada por este gobierno de los ya conocidos y clientelares programas similares a los que fueron severamente criticados en la administración Colom-Torres y en su versión modificada por Pérez-Baldetti y que continuó Morales, y que seguramente caerán en los mismos riesgos de manejos corruptos, así el actual presidente les haya llamado “temporales”. Como siempre, este tipo de subsidios realmente le hacen daño a la economía del país, desvían recursos de actividades productivas a programas clientelares e inefectivos del gobierno y crean inflación. No mencionó la fuente de financiamiento de este programa, pero ello solo puede significar más impuestos o más deuda (impuestos a futuro) que son más bien en detrimento del crecimiento económico. Lo mismo se puede decir de los 100 millones de quetzales que supuestamente se utilizarán para subsidiar vivienda, o del subsidio de 100 millones para las MIPYMEs. Aunque se cumpliera la falacia de que se va a reducir el gasto en 300 millones de quetzales, lo cual no va a suceder, de lograrse alguna reducción, le hace mucho más beneficio a la economía que esos recursos se queden en el sector productivo y que generen empleo para mucha de esa gente pobre, necesitada y vulnerable a la que alude encuentre un trabajo y pueda satisfacer sus necesidades dignamente.

En cuanto a la liberación de importación de ciertos productos, lo importante es que lo haga con todos los productos, reduciendo aranceles y eliminando tanta traba y abuso en las aduanas. Así logrará abaratar el costo de infinidad de productos para millones de consumidores, mejorando su calidad de vida literalmente de forma instantánea. Así tampoco va a tener el problema de especulación y acaparamiento, puesto que abrirnos al comercio fomentará la competencia, incrementará la oferta y reducirá los precios. En cuanto a la devolución del crédito fiscal a exportadores, la forma más sencilla e inmediata de hacerlo es darle certeza a que toda persona pueda compensar ese crédito fiscal con otras obligaciones tributarias. Eso mejora el flujo de las empresas de inmediato y el gobierno no tendría que desembolsar un centavo. En cuanto a la expansión monetaria y la ampliación presupuestaria, el único efecto de esto va a ser generar inflación y acelerar la explosión de la bomba monetaria derivada del endeudamiento público irresponsable en el que ya nos encontramos.

Señor Presidente, con las propuestas que formuló, la proyección es que el crecimiento económico real del país será más bien negativo y no ese ilusorio 3.1% que pretende. Espero sea lo suficientemente responsable para recapacitar y adoptar medidas que dinamicen la economía, den certeza y estabilidad, alienten la inversión productiva y generen empleo.

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