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COVID-19 y el espacio virtual

Punto De Vista

El COVID-19 nos ha sorprendido y está teniendo grandes impactos en todas las esferas de la vida, la sanitaria obviamente, pero también en la economía, en la política, en la forma de relacionarnos. El nuevo virus nos obligó a cambiar las rutinas.

Hasta hace tan solo pocas semanas, vivíamos aglomerados, agitados, apresurados, desplazándonos de un lugar a otro dentro de la ciudad, el país y el mundo. El nuevo virus nos hizo parar, quedarnos en casa. Nos obligó a dejar ese mundo tan rápido, masivo, incesante. Así, el encuentro personal quedó limitado, prohibido en muchos casos. Se cerraron escuelas, industrias, comercios, espacios de recreación, se cancelaron eventos deportivos, culturales, el transporte masivo se suspendió y nos quedamos en nuestras casas, aislados, tal vez solos, con consejos de cómo superar el encierro. Aceptamos la restricción de libertades, para sentirnos seguros.

El cambio de hábitos causado por el nuevo virus nos obligó a estar en el espacio virtual mucho más que antes, ya sea para estar informados, comunicados, estudiar o trabajar. Tal vez, estamos viviendo la primera experiencia masiva de trabajo, reuniones, conferencias y clases virtuales, entre otros eventos, planteando que tan necesario es que ocupemos determinados espacios físicos y si es necesario nuestro desplazamiento para cumplir con algunas o muchas tareas.

Es evidente, que no todo se puede realizar desde el ciberespacio, muchas industrias serán severamente afectadas como el turismo, a modo de ejemplo. Sin embargo, el espacio virtual  es una gran herramienta que nos brinda la posibilidad de estar y vernos de alguna forma, aproximarnos pero sin el contacto físico, no se necesita transporte y en consecuencia se reduce el tiempo. El espacio virtual es ahora el espacio seguro, donde no estamos aglomerados y agitados.

El COVID-19 nos somató la mesa, resultó más contagioso y letal que otros virus para algunas personas, nos hizo parar nuestro mundo turbulento, pero también ha permitido que emerjan las potencialidades del espacio virtual, las cuales han mitigado en algunos grupos y actividades económicas el impacto de la pandemia, al estar informados, comunicados de una forma segura, tal vez, de una forma más calmada, incluso denunciar algunas situaciones.

Las medidas tomadas por los países, nos dan cuenta de la dependencia del mundo y de los desplazamientos de las personas. La movilidad humana es uno de los factores clave que contribuyen a la propagación de la enfermedad, dicho de otra forma, si no nos movemos, el virus no se propaga. Si bien hay esperanza de que la situación provocada por el COVID-19 se controle pronto, ha dejado claro lo vulnerable que somos.   

En Guatemala, el acceso al ciberespacio e internet es limitado para una gran mayoría. En ese sentido, pensando en un futuro muy cercano es necesaria la inversión en este ámbito. Sin temor a equivocarme, hoy solo reciben clases virtuales los colegios privados y me atrevo a afirmar que no todos estaban preparados, menos aún el sector público escolar.

El gobierno puede comenzar realmente con una estrategia de gobierno o estado digital. Según la recomendación del Consejo de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos sobre las estrategias de gobierno digital, este último puede definirse como “el uso de las tecnologías digitales como parte integral de las estrategias de modernización de los gobiernos con el fin de crear valor público. Esto se basa en un ecosistema de gobierno digital constituido por los actores estatales, organizaciones no gubernamentales, empresas, asociaciones de ciudadanos y personas encargadas de la producción y acceso a los datos, servicios y contenidos a través de interacciones con el gobierno” (OCDE, 2014). El uso de la tecnología, del espacio virtual, puede ser un catalizador para la innovación, el crecimiento económico y el desarrollo social. Guatemala podría adherirse a la Recomendación del Consejo sobre Estrategias de Gobierno Digital de la OCDE.

Lo cierto es que el mundo ya no es y no será igual que hace unas semanas, pasamos de comportamientos colectivos a comportamientos individuales, pasamos del mundo real al espacio virtual y es necesario pensar, planificar e invertir en este último para estar mejor preparados a los impactos que genera una pandemia, porque el COVID-19 no será la última.

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