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Tanmi Tnam

Hoy más que nunca, los guatemaltecos debemos asumir las prácticas recomendadas por los especialistas en salud para detener el avance del Coronavirus. Cada familia debe estar atenta para que todos se laven las manos, se cubran la nariz al momento de estornudar y permanecer en casa, entre otras recomendaciones. También está claro, prestar atención a las autoridades locales, alcaldes municipales y al Presidente de la República. Así mismo, hay que escuchar a aquellos que no están contentos con las restricciones, puede que tengan razón, especialmente quienes no quieren perder dinero y no les importa que mueran muchas personas.

Es el momento adecuado para apreciar los medios de vida con que cuentan muchas familias en el área rural donde hay abundante bledo, nabos, papas, cebollín, ayotes, maíz y frijoles. A estas familias les corresponde valorar las prácticas y conservar la tecnología de la reproducción agrícola que han heredado de sus antepasados, porque ahora se dan cuenta de que pueden sobrevivir varios días con lo poco que tienen.  Revisar cuáles son las prácticas a fortalecer y conservar, por ejemplo, el uso de abono orgánico, la diversificación de los cultivos, el control de los insectos con productos de la misma comunidad y el intercambio de productos entre familias. Qué interesante es observar el intercambio de frijoles por maíz, de habas por duraznos. Revisen el patio y corredor de las casas para ver qué plantas medicinales están allí en espera de ser consumidas de manera constante para mantener alguna expresión de salud.  Observen bien qué plantas hay en las orillas de las veredas que recorren todos los días para identificar y darle uso a aquellas plantas que tienen propiedades medicinales. En las prácticas antiguas, anticuadas para algunos y atraso para otros, hay hechos que nos pueden salvar en parte de calamidades como la que estamos viviendo ahora. Para muchas familias del campo, la ida al mercado del pueblo no hace mucha falta, pues hay tantas clases de atoles que se pueden elaborar y plantas para hacer un sabroso té. No es extraño reconocer que muchas familias han sobrevivido consumiendo chile, unas cuantas tortillas y agua. Son las familias empobrecidas de Guatemala, que han vivido fuera del alcance de los publicitados servicios públicos, pero es de admirar que generación tras generación, mantienen la esperanza de que algún gobierno en turno las reconozca y diseñe políticas públicas que atiendan sus necesidades básicas de salud y educación.

Estos días que estamos viviendo, son propicios para evaluar cómo actúan muchos de los autodenominados políticos, a la mayoría no le interesa la salud y bienestar del pueblo, se recetan millones de quetzales, por ejemplo, el seguro recién creado que posiblemente ningún niño del área rural va a disfrutar.  Hay trabajadores públicos que mes a mes obtienen un salario y todavía en plena crisis solicitan prebendas sin pensar en los desnutridos, analfabetos, olvidados, miserables y excluidos de siempre. La llegada del coronavirus al país, llevó a algunos actores locales a limpiar, aunque sea por esta única vez, los viejos y sucios mercados populares y ahora con el toque de queda, por fin las familias están disfrutando de alguna tranquilidad y silencio porque no hay iglesias con parlantes a todo volumen. Con esta crisis de salud, ya nos dimos cuenta que el personal de salud del Centro de Atención Permanente de varios municipios no cuenta con equipo mínimo y hay aldeas enteras donde no se conoce qué es un puesto de salud y por lo mismo, las personas desconocen un chequeo médico.

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