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Nada volverá a ser como antes

Existe Otro Camino

Esta pandemia ha cambiado el mundo para siempre

El contexto no parece el mejor. A las cifras oficiales se suman la desconfianza sobre su validez, el temor justificado a la multiplicación de infectados, la omnipresente angustia familiar y las preocupaciones económicas derivadas de este panorama.

En medio de esta nube de incertidumbre algunos intelectuales, científicos, economistas, sociólogos y gobernantes empiezan a ensayar previsiones sobre el futuro o al menos a imaginárselo en base a dispares criterios.

Es imposible saber exactamente que ocurrirá y todo lo que se dice sobre este tópico termina siendo una extraña combinación de retorcidas premoniciones, intrincadas suposiciones, algo de instinto y una discutible analogía respecto de situaciones similares que sufrió el genero humano.

Ante tantas variadas hipótesis incontrastables bien vale ensayar una adicional que podrá ser verificada cuando el tiempo transcurra lo suficiente como para que lo dicho pueda ser confirmado o absolutamente refutado.

Pareciera que lo que se conoce como sociedad contemporánea está transitando un periodo intermedio entre lo que fue y lo que será. La cuarentena vigente no es eterna y tampoco ahora es el fin de la civilización.

Lo que es posible, es que lo que ha quedado atrás sea un modo de convivencia y un sistema económico que jamás vuelva a ser el mismo. Esta bisagra cronológica no aparece como un irrelevante hito sino como el nacimiento de una inédita dinámica transversal que alienta al progreso.

De hecho, lo único constante es el cambio, que ahora asume gigantescos desafíos, pero todos ellos siempre incitan a iniciar procesos progresivos con pasos secuenciales que intentan configurar alguna flamante realidad.

La visión de que se está asistiendo a la gestación de un nuevo orden en esta coyuntura mundial se apoya en la feroz velocidad con la que los individuos han reaccionado frente a esta calamidad de la que se sabe tan poco y que todavía no responde a los múltiples interrogantes claves.

Algunos por genuina convicción y otros simplemente por las normas dictadas por los gobiernos viven, por estas horas, aislados físicamente, prácticamente confinados en sus hogares junto a sus familias, con la compañía de sus afectos y otros totalmente en soledad.

Con ese marco general todos han sido expulsados de su zona de confort. No están de este modo por sus propios deseos sino por el imperio de las circunstancias, esas que resultan insoportablemente incómodas.

Lo bueno de este escenario es que, ante ciertas imposibilidades no queda otra que intentar adaptarse y en ese recorrido obligado son cada vez mas los que se pusieron a estudiar herramientas para utilizarlas a la brevedad.

Lo paradójico de este fenómeno es que no se trata de instrumentos novedosos, recién inventados, sino de una larga lista de aplicaciones y desarrollos tecnológicos que han tenido enorme despliegue antes de esto.

En materia de comercio internacional muchos ciclos de elaboración clásicos han tomando nota de su elevada dependencia de factores exógenos y de la concentración del riesgo que conlleva la estrategia tradicional.

Una suposición sin sustento argumental alguno afirma que cuando todo esto termine, cada actividad volverá a la normalidad asumiendo linealmente que las vivencias no dejarán ninguna huella ni invitarán a las transformaciones.

La sensación mas firme es que este brutal y despiadado cimbronazo que trajo consigo esta catástrofe sanitaria dejará muchas enseñanzas para el porvenir. El aprendizaje es colosal y las lecciones que está tragedia aporta en cada jornada marcará un rastro del que habrá que asimilar casi todo.

Así las cosas, son varios los asuntos en los que el concepto de “normal” mutará para siempre. Como ha sucedido ante cada despropósito de la historia de la humanidad, aunque muchos lo nieguen, la gente aprende.

De esta desgracia se saldrá con dolor y estrés, pero también con muchas asignaturas aprobadas. Cada escollo superado deja un legado, cada fracaso deja señales indelebles que deberían ser tenidas en cuenta después.

Repetir experiencias nefastas no seduce a nadie y si bien el hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra, también es el ser vivo con mas talento para acomodarse a los retos que le plantea su devenir.

Esto no es el final de la existencia, pero será un duro y costoso golpe para el planeta. Ni siquiera es el peor pero indudablemente servirá para pensar muchas de las cosas cotidianas y revalorizar otras tantas.

La economía global no será igual después de este incidente, pero tampoco los vínculos sociales tendrán el formato ya conocido. Lo que viene será la consecuencia de la búsqueda de un nuevo consenso, un equilibrio distinto, repleto de otros ingredientes y con proporciones diversas.

La crisis del “coronavirus” no figurará en las crónicas como un suceso meramente sanitario, sino como un momento esencial en el que todo volvió a cero para iniciar, desde allí, un resurgimiento como en otras ocasiones, pero que significó, una vez mas, una evolución en este largo derrotero.

Para los nostálgicos la invitación a hacer el duelo. A recordar con alegría cada instante vivido, a ponerle energías a esta fastidiosa transición y a prepararse para dar vuelta la página y disfrutar de un mundo diferente.

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