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Un nuevo ser humano, o el desastre

Sueños…

La sociedad humana se ha despertado del profundo sueño de la producción intensiva valorada por la destrucción del planeta y todas las especies del mundo. Los humanos hacen su propia historia, pero la pesadilla que se les presenta con la crisis sanitaria actual, les recuerda que sus riquezas, consumo intensivo, propiedades lujosas son el resultado de una destrucción caótica de las condiciones de vida en el planeta.

El lunes 23 de marzo amanecimos con la sorpresa turbadora de que emergen los fantasmas del pasado cercano. Las bolsas de valores en el mundo más desarrollado se derrumban; ya nadie confía en los bancos centrales de las potencias financieras; la FED anuncia la compra sin límites de bonos del tesoro, es decir vamos a endeudar a todos los gobiernos del mundo para salvar de nuevo a los bancos. El final será una desoladora inflación generada por exceso de liquidez, quiebra de las finanzas públicas y escasez de alimentos en todo el planeta.

Como un rayo atronador del cielo, la peste moderna, el covid-19, arrasa las economías y las sociedades, el humano tiene enfrente una tarea fundamental, reconstruir sus relaciones con la naturaleza bajo otro esquema, ya no la propiedad privada y el consumo exagerado, sino el respeto y la dignificación del resto de especies, bosques, ríos y mares. El humano tiene que conformarse con vivir en un pequeño porcentaje de superficie del planeta, con una población limitada. De lo contrario el holocausto del mundo será una realidad.

Veamos. Entre 1972 y 1980, tanto el Instituto Tecnológico de Massachussetts, como la UNESCO en su obra Firmemos la paz con la Tierra, comprobaron que la huella ecológica aumentaba y podría llegar el momento en que el planeta no tendría la capacidad de regenerarse naturalmente.

2019, según Nature, “en los últimos 20 años, las áreas salvajes de todo el mundo han sufrido un declive catastrófico, estudio de Current Biology. La naturaleza salvaje global se ha reducido desde la década de 1990 una décima parte, lo que representa un área que duplica el tamaño de Alaska. La selva amazónica y el centro de África son las zonas más afectadas.” Es un llamado de crisis más “…solo 30,1 millones de km2 –el 23% de todo el área terrestre– permanecen salvajes, sobre todo en Norteamérica, norte de Asia, norte de África y Australia. Los científicos han constatado que se ha perdido un área de unos 3,3 millones de km2, en particular en Suramérica con un 30% de pérdida, y África un 14%.”

En la misma revista Nature, se indica que “En el 58,1% de la superficie de la Tierra la pérdida de biodiversidad ha alcanzado unos niveles tan altos que será necesaria la intervención humana para que los ecosistemas puedan seguir cumpliendo su función…”, también que hemos destruido el 50% de los bosques del planeta en los últimos 50 años. Con el agravante de que en el 2050 alcanzaremos la cantidad imposible de alimentar de 10 mil millones de depredadores humanos. Eso crecimiento demencial lleva a la sobrepoblación, la industrialización desaforada y la urbanización que son monstruos que no pueden saciarse.

El humano está por fin frente a su destino final. Convivir con la naturaleza en forma respetuosa y con cariño o hundir al planeta en el fango y en el fuego. La disyuntiva es clara, la paradoja es seguimos creciendo económicamente y acumulando riquezas innecesarias o protegemos el ambiente, la naturaleza. Contener el coronavirus nos orienta a consumir radicalmente menos, no crecer económicamente puede hundir al humano en el infierno de las matanzas.

En el corto plazo, los gobiernos y sus políticas monetarias y financieras tendrán que orientarse a sostener la crisis. Primero, limitar y controlar los virus; segundo sostener la demanda de la población tratando de sostener la producción de bienes y servicios fundamentales, comida, medicinas, transporte, seguridad; sosteniendo los costos de hogares y empresas en lo posible, para evitar la incertidumbre, el desorden social y el pánico. Pero, el futuro depende de la capacidad de todos los seres humanos de construir unas nuevas relaciones sociales, que recuperen la esencia natural del ser humano, que le permita respetar y tener cariño por la naturaleza. El porvenir necesita un nuevo ser humano. Hoy, la sociedad ha retrocedido más allá de su punto de partida. Podremos vivir sin propiedad privada, sin riquezas, produciendo cada familia sus alimentos, otorgando derechos al resto de especies.

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