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Defecando al virus

Mirilla Indiscreta

Una Lectura Para Llegar Hasta El Final

El estado de la nación y la indulgencia de mi Editor me permite recorrer la semana, teniendo la sensación de que todos los días son domingo, es más, siguiendo los consejos de escritores ilustres, comienzo a ver mi computadora, como un instrumento de trabajo cotidiano.

Trabajo significa horario, vestimenta, propósito, responsabilidad, y como toda tarea obligatoria, también mucha disciplina.

Abandonar la cama y asearme como todos los días, parte de esa rigurosa forma de enfrentar cada veinticuatro horas.

Vestirme formalmente, quizá con menos atuendos, pero dejando el pijama en su lugar y marcarme un horario para cumplirlo.

Otros, no tendrán ni computadora, ni sabrían que hacer con ella, si de pronto la tuvieran.

Realidades contrastantes que laceran el alma, pero que allí están a flor de la piel patria, y que borrarlas en abordaje de la crisis, no las desaparece del horizonte de la incertidumbre que provoca la angustia del mañana sin presente.

La imagen de un puchero en el centro del círculo de una familia sumida en la miseria, en un entorno que se repite en el vecindario, como un espejo sin otra imagen que reflejar.

Un pedazo de tortilla amenazando con fugarse de la apretada tenaza del índice y pulgar espera turno para sumergirse en el cuenco, qué al centro, ofrece una sopa de legumbres, sin más carne que las manos callosas y tiernas, del mayor de la casa, su compañera de vida y los tres hijos, que lo remojan con avidez, solidaridad y hambre.

Aquellos gestos tan ingenuos como inevitables, no constituyen una provocación al desorden, expresa nada más el anticipo de lo que serán los llamados Daños Colaterales en la guerra… que se reducen a ser un dato estadístico en las cuentas de los gestores del conflicto.

Este mensaje lo completaba, como otros que se suman a los miles que atiborran las pantallas de los celulares, la participación en la escena de otra familia, solo que acomodada, inmersa en el aburrimiento del encierro, pero con gran espíritu cívico, en torno a la mesa, debidamente surtida de alimentos y bebidas, disfrutan la feliz oportunidad de tenerse a todos en casa… todo el tiempo… con la felicidad de disfrutar una oportunidad… igual al de la otra familia… irrepetible…

Los aldeanos, mustios y en silencio… Estos otros, apoyando con alegría y buena fe, la consigna mundial: NO SEAS NECIO… QUEDATE EN CASA.

La primera Guerra mundial que se desarrolló entre 1914 y 1919 registra entre 10 a 31 millones de víctimas sin sumar a los valientes soldados que en nombre de su honor y de la patria, ofrendan su vida, pensando siempre en la gloria, y no en quienes, aún en lo más cruento y oprobioso de la batalla… siempre ganan… dinero y poder.

La segunda Guerra Mundial librada entre 1939 y 1945 registra de 70 a 83 millones de víctimas.

Los daños colaterales, formalidad usual para referirse a las muertes de civiles, a quienes inmolan por estar en el lugar equivocado en el momento y tiempo equivocado los calculan en la primera guerra mundial en setecientas setenta y un mil personas y en la segunda en ciento ocho millones, doscientos noventa mil, trescientas veintiocho.

En busca del poder político y el sucedáneo poder económico, la historia, desde sus tiempos remotos resume la existencia del homo sapiens en un interminable relato de guerras.

Esta primera etapa del siglo 21, no ha sido la excepción y por el contrario, la exaltación de los vicios del modelo económico, han exacerbado las contradicciones y profundos abismos entre la opulencia y la miseria, marcando el final de una era que agonizando permite a sus protagonistas, el debate entre un sepelio sencillo o si se puede todavía venderle un traje de etiqueta al muerto.

Dos visiones: La instalación de un gobierno mundial de burócratas igualmente ambiciosos sobre los imperios, o el acuerdo de los imperios para repartirse el botín planetario.

Las dos opciones, versiones similares de ocurrencias financieras de los dueños del capital para tener a los burócratas o a los imperios al servicio de sus decisiones.

A los políticos el control administrativo, a los gobiernos el control político de los políticos.

Democracias antidemocráticas, con elecciones, sin votos ni pueblo, usurpando y prostituyendo el nombre de la Democracia, porque suena democrático.

En ese mundo revuelto, nuestro tiempo será marcado por La Primera Guerra mundial abierta y descaradamente bacterio-virucida que registrará la historia, y para no defraudar el relato, siempre impulsada por los homo-sapiens, en su corta pero destructiva estancia en nuestro maltratado planeta.

Menos de cien mil años en su condición antropomórfica actual, huéspedes inteligentes, de un planeta que se formó hace aproximadamente cuatro mil cuatrocientos setenta millones de años.

Nos advierte, que puede llegar al extremo de su propia extinción consciente como especie y que no le importa que podamos ser inquilinos pasajeros del mundo.

Que no nos avergüenza compararnos con los dinosaurios, que sin virtudes intelectuales, vivieron y dominaron la tierra por 160 millones de años.

El cataclismo meteórico que los extinguió vino del espacio infinito, inevitable… el nuestro, mediante un metódico e inteligente sistema evolutivo, jugando a la desaparición total y poniendo sobre la vida, meditados cálculos financieros, donde incluso la muerte pueda producir beneficios e instalar un nuevo modelo de explotación entre humanos.

Somos aproximadamente siete mil millones de seres humanos sobre la faz de la tierra, de los cuales tres mil setecientos millones quinientas mil son mujeres, equivalente al cuarenta y nueve puntos y medio de la población.

En nuestra Guatemala los adultos entre 70 y 74 años constituyen el 0.5 por ciento de hombres y el 0.7 por ciento de mujeres y así de manera decreciente, hasta llegar a quienes están en el rango de los 85 a los 89 años, con el 0.1 por ciento en hombres y 0.2 por ciento en las mujeres.

Con los no censados podríamos llegar al número de 19 o 20 millones de guatemaltecos.

El porcentaje de habitantes, con mayor número de posibilidades de caer víctimas de la pandemia estaría en el orden de las 24 mil personas (yo de metiche), cálculo que en la contabilidad de quienes manejan el mundo estará en el rango de lo tolerable.

Si extrapoláramos arbitrariamente los porcentajes sobre la población mundial de siete mil quinientos millones de habitantes, podrían llegar a ser nueve millones, las víctimas de la primera guerra mundial bacteria-virulenta del planeta.

Con este humilde chapín, medio viejo, medio enfermo y medio escribidor de ribete.

Entiendo el compromiso y brutal presión sobre los gobernantes, especialmente los responsables de los ejecutivos.

Sabiéndose en medio de la encrucijada magnificada de tener miles de muertos exponencialmente contados para implantar el terror sobre los habitantes de la tierra y cedamos a la infame presión, de aceptar sin chistar la instalación de un nuevo orden.

Cargando con aparatos burocráticos inmersos en la trágica economía qué sustentada en el consumo y la ganancia, no puede borrar en un instante los anti valores que priman para sobrevivir en ese mundo de corrupción como parte del sistema.

Entiendo al Presidente Giammattei, sacudido por las mareas de los intereses y ambiciones sistémicas, que dejan poco margen a la honestidad, por maniobrar entre tiburones.

¡Si suelta la pita, pocos o muchos los muertos, el sistema lo hará responsable!

Si tensa la pita, el resultado será poner a competir, Al hambre con la enfermedad sin tener la experiencia para compararlo.

Yo de momento me acomodo frente a la computadora, tratando de transformar las letras en trabajo permanente.

Confiando en Dios y la receta avalada por científicos del mundo: Que poniendo cada cuatro horas una pizca de sal sobre la lengua y haciéndola circular sobre mi boca, en salmuero el paladar y expulso el resto para no recargar a mis pobres riñones.

Cambiaré mi PH de la garganta y lo transformaré en alcalino, con lo cual mataré al virus en la puerta misma de mi cuerpo y los rematarán en el estómago los ácidos gástricos para expulsarlos finalmente en el retrete gratificando la sensación de mi función biológica cumplida.

No es fórmula mía, yo soy abogado más inclinado a defender que a jugar con los remedios.

Es el magister Juan Panay, brillante químico farmacéutico peruano respaldado por estudios realizados en universidades alemanas, quien ofrece, montado en el caballo de la ciencia, esa receta para los pobres del mundo.

Les recomiendo el video: En 7 días el Perú puede vencer al CORONAVIRUS sin gastar ni un centavo.

Yo lo estoy haciendo, con mucha esperanza y fe… lo estoy haciendo.

No olvido que fue Jesús quien le dijo a la iglesia “Ustedes son la sal de la tierra” nos está diciendo con esas palabras “que nosotros detenemos el proceso de descomposición de la humanidad, al mismo tiempo que le traemos sanidad, esto es salvación” (Samuel Barruecos)

En las manos de nuestro Padre y esta medicina de los pobres presiento que Ganaremos otra vez.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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