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El futuro del mundo

Sueños…

¿Planificación universal o el caos?

Optimismo social

La pandemia del coronavirus ha cambiado para siempre nuestras formas de vida social y natural. El virus continúa su acelerada expansión y no sabemos cuándo será el final. Lo que sí sabemos es que lo inmediato puede provocar un caos social sin dimensiones, en donde los seres humanos dejen los cadáveres o cuerpos enfermos de sus seres queridos en las calles, y que las muchedumbres sin comida se lancen al saqueo y la destrucción. ¿Habrá una salida? Tenemos el escenario optimista, y el pesimista.

En el escenario optimista, todos tenemos que aportar nuestro esfuerzo, nuestro compromiso de ganar tiempo, hay que seguir las indicaciones de cuidarnos en lo individual y familiar, tratar de desacelerar la expansión del virus hasta que nuestros cuerpos generen defensas o la ciencia encuentre la vacuna que detenga la expansión del espantoso virus.

En este escenario las recomendaciones son para dos grupos de toma de decisiones, la familia y el gobierno. Las familias tienen que planificar como protegerse, mantenerse en contacto electrónico y evitar contagiarse. Generando actividades que protejan la salud mental y física.

Los gobiernos tienen que concentrar los recursos físicos, financieros y humanos en dos direcciones: mantener el control sanitario de la población, atender a los contagiados y cómo eliminar rápidamente los cuerpos de los caídos. Y garantizar el abastecimiento de alimentos y medicinas. Los recursos tienen que concentrarse en generar un ingreso permanente y universal para todas las familias, sean del estrato social que sean, con el fin de que todos tengan los recursos mínimos para abastecerse en lo esencial. Hay que generar recursos para los productores, pequeñas, medianos y grandes, para que continúen produciendo y abasteciendo a la población. De lo contrario el shock tiene que acelerar la confrontación social que se avecina.

Hay una tercera condición en esta visión optimista. Apelar a la solidad social, a la unidad nacional, al desprendimiento para apoyarnos entre todos, sin la consciencia social de que tenemos que apoyarnos entre todos, sufrir juntos sin lastimarnos, no vamos a sobrevivir. Estamos, como nunca antes, ante el desafío de trabajar en forma conjunta, sin ideologías, ni creencias, sino con la fe en que la unidad y la solidaridad nacional, la acción solidaria con nosotros y los otros animales es como lograremos salir adelante.

No vamos a salir sin dolorosas heridas. Hay que limitar los perjuicios sociales y naturales. Solo hay un objetivo sobrevivir y ganar tiempo.

El día después del covid-19

Si se presenta el escenario optimista, y logramos reconstruir las sociedades, los Estados, tendremos la tarea de cambiar nuestros objetivos. De producción, de consumo, de convivencia social. Los nuevos Estados, las nuevas sociedades tendrán que concentrarse en funciones esenciales: educación, salud, seguridad, convivencia culta entre humanos, y solidaria y respetuosa con el resto de seres vivos. Sí por el contrario, no aprendemos la lección, de nuevo y nos lanzamos a reconstruir sociedades basadas en la propiedad privada, el consumo antinatural y la producción intensiva, solamente nos quedará esperar la próxima crisis que elimine por completo al humano, el mal menor, y las condiciones de vida en el planeta, lo verdaderamente triste.

Cuáles serán los retos de la reconstrucción social y natural

  1. El humano tiene que ser consciente de su ser natural, la reconstrucción de la vida social y económica tiene que comprender el respetar que la mitad del planeta le pertenezca al resto de seres vivos, a los bosques, los ríos y los mares. El humano no puede seguir esclavizándolos y torturándolos.
  2. El nuevo mundo tiene que ser sometido a una planificación intensiva. Hay que planificar la cantidad de territorios mundiales que serían el límite de la vida social, y la cantidad de territorio que sería libre para el resto de especies. Hay que planificar la producción familiar, cada familia tiene que producir sus alimentos. Planificar el número de seres humanos por territorio, para no desbordar los recursos del planeta.
  3. Hay que planificar el poder. Necesitamos un cuerpo de dirigentes que regulen las relaciones humanas, políticas y sociales. Para ello se necesita una democracia permanente, en donde escojamos a la gente que merezca más respeto para dirigir la sociedad. Estamos ante el riesgo que grupos armados autoritarios (armados legal o ilegalmente), terminen imponiendo su voluntad al resto de la sociedad. O, que grupos fanáticos religiosos o ideológicas nos conduzcan al oscurantismo y la esclavitud.
  4. El gobierno de la nueva organización social tiene que ser democrático, laico, sin ejército, sin poderes generales. Tiene que concentrarse únicamente en lo básico: educación primaria y secundaria; seguridad ciudadana; protección del medio ambiente y el resto de especies; regular la producción y el consumo de sobrevivencia en contra del consumismo y los lujos.
  5. La equidad tiene que ser completa, entre grupos humanos; y los humanos frente al resto de seres vivos.

Conclusión

Tenemos que transformar el mundo. Lo principal, nuestras relaciones sociales de convivencia, y la convivencia con la vida en el planeta.

De no lograrlo, la epidemia de salud se transformará en caos social y confrontación entre humanos que terminará en confrontaciones armadas en todos los barrios y ciudades, hasta la confrontación nuclear, y el fin de la vida. Tenemos unos días de encierro para pensar cómo vamos a contribuir cada uno de nosotros en la salvación o el juicio final.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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