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Siempre aguas con los incendios forestales

Lugar Hermenéutico

La emergencia global del COVID 19 nos ha envuelto en una dinámica en la cual, mañana tarde y noche pasamos en modo alerta del virus, sin embargo, como una realidad paralela el mundo sigue su curso, el sol sale cada mañana, los ecosistemas se están regenerando, empiezan a asomarse tímidamente algunas lluvias propias de la época, como también dejan verse los incendios forestales en todo el país.

Como cada año principalmente en los meses de marzo y abril, miles de hectáreas de bosque se perderán en Guatemala, ya la semana pasada tuvimos noticia de los incendios forestales en Totonicapán, que volvieron ceniza miles de legendarios arboles de varias comunidades, no obstante, frente a la pandemia, esta noticia paso casi inadvertida.

Los bosques en general son de los grandes proveedores de servicios ambientales, además de proteger y enriquecer la biodiversidad en el planeta y un elemento fundamental en la lucha contra el fenómeno del cambio climático.

Los árboles mantienen el agua en el suelo, evitando la erosión y la liberan nuevamente a la atmosfera produciendo un efecto de enfriamiento.  Por ello los árboles son un gran sumidero de carbono, por lo que la preservación de los bosques es vital en el equilibrio del ciclo del carbono en el mundo y en el combate al cambio climático.

Anualmente nuestro país sufre de grandes pérdidas en materia de bosque provocados por la incorporación de nuevas tierras forestales a usos agropecuarios o bien por la quema de grandes extensiones de pastizales y en muchos casos por la irresponsabilidad de las personas.

Si a lo anterior sumamos la alteración de las condiciones climáticas reflejadas por altas temperaturas, un déficit hídrico, así como por la poca capacidad de respuesta del Estado, nos encontramos ante un serio problema que anualmente consume miles de hectáreas de sagrados árboles.

Basta recordar la tragedia boscosa que se suscitó en el año 1998 en Peten muchas otras que se han dado recientemente, a tal grado que algunos estudios refieren que a este ritmo el país podría perder su masa boscosa en menos de 10 años.

Solamente en 2017 se registraron tres mil 633 puntos de calor.  En 2018, dos mil 95 y el año pasado más de 8,000. puntos de calor en dicho territorio, lo cual es alarmante por las graves consecuencias que cada incendio tiene en los sistemas ambientales en general.  

En un país donde casi el 33% de su territorio están catalogadas como “áreas protegidas”, es de prestar especial atención al tema pues necesariamente el bosque como los otros sistemas ambientales están intrínsicamente ligados con el bienestar de las personas, de las comunidades, del país.

En este sentido la prevención y el fortalecimiento de la capacidad de respuesta para prevenir, así como extinguir los incendios forestales deben ser una política clara de acción del Estado.

Más allá de la institución que tenga a su cargo estas labores de respuesta debe enfocarse el mayor esfuerzo en la prevención de estos, principalmente con los medios que la tecnología pone hoy al alcance en lo respectivo a la teledetección, por mencionar un ejemplo.

Recordemos que el nombre Guatemala deviene del termino Quauhtlemallan, que significa, “Tierra de árboles” o “Lugar de muchos árboles”, dada la riqueza natural que caracterizaba el territorio hace más de cinco siglos, sin embargo, a este paso solamente el nombre quedará de lo que en un momento fue un paraíso boscoso y biodiverso.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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