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Y resucitó…

Barataria

En un día como hoy Domingo todos los cristianos celebramos un acontecimiento que cambió el curso de la historia y estableció el fundamento del cristianismo, conocido como la resurrección de Jesús.  Al margen de muchas consideraciones, la diferencia clara es que, si Jesucristo no hubiera resucitado, el cristianismo no fuera sino otro cúmulo de proposiciones éticas y filosóficas que no fueran veneradas, creídas y defendidas como hasta ahora y en realidad cosas muy vanas.  En medio de un confinamiento obligado y una crisis sanitaria sin precedente para la actual generación no resulta raro escuchar o leer en las redes sociales expresiones de fe en Dios y deseos porque un milagro pueda suceder para que la pandemia se desvanezca o deje de ser tan letal o alarmante como parece.  La fe, siendo la seguridad de un ideal que se espera y el convencimiento pleno de algo que, aunque no lo veamos actúa; resulta un aliciente para el cristiano de considerar que Dios tiene el control de la situación y aunque no lo percibamos así, tampoco ha perdido el dominio de las cosas.

En la semana santa, un tanto atípica a las que se han acostumbrado generaciones, ha llegado al momento que, gracias al confinamiento muchos hayan tenido mucho más tiempo para reflexionar, puesto que no pudieron ir a la playa, o salir a algún lugar del interior de la República habrán tenido más tiempo para considerar las acciones propias.  En realidad resulta una paradoja que un país que se considera con un alto índice de cristianos practicantes resulte ser un país tan corrupto, en donde casi todos los negocios del Estado que hemos visto por años se han visto opacados por actos de corrupción.  Hemos tenido Presidentes, Ministros, Diputados, Magistrados y Jueces señalados por actos de corrupción, tráfico de influencias y otros delitos ello sin contar con los funcionarios públicos que a su modo, hacen exacciones ilegales.  Y esto lo único que confirma es que en Guatemala existe un abismo muy grande entre la creencia y la práctica.

En efecto, el cristianismo es mucho más que proclamar a los cuatro vientos que creemos en Jesús y sus dichos ya que implica necesariamente la práctica de ello y cuando muchos ocupan cargos públicos poco a poco se olvida de su Dios para caer en actos vergonzosos y descarados que implican el apropiarse malamente de recursos públicos.  Sin embargo, cual fariseos, les encanta demostrar ante todos su “creencia en Dios”, utilizando muchas veces los recursos del Estado o bien hacer invocaciones a Dios antes de las reuniones públicas.  Esta desviación del Estado Laico, como es Guatemala, es nocivo para el país ya que el Estado no tiene religión oficial por lo que la práctica privada de la religión es libre de cualquier funcionario, sin embargo no puede utilizar la institución a su cargo para hacer oraciones, plegarias o rezos, esto lo puede hacer por supuesto, pero como una práctica privada en su casa o en la iglesia de su culto.

Nos sorprendemos como por ejemplo en las sesiones de Jefes del Bloque del Congreso, el Presidente de tal organismo invita y hace una invocación a Dios antes de iniciar labores, sin embargo en el mismo hemiciclo parlamentario vemos cómo los negocios públicos los tratan sin la menor ética correcta.   De igual manera vemos muchas veces como Alcaldes hacen oraciones previo a realizar sesiones de su propio concejo municipal sin embargo viven haciendo cada despilfarro y uso corrupto de los recursos de municipio, y así podríamos seguir de una lista larga de quienes públicamente profesan una fe que no practican en sus vidas, porque si los que profesamos una fe en Cristo la practicáramos ciertamente muchos males de este país no se llevaran a cabo, porque quien teme a Dios no haría, ni sería cómplice de los actos perversos y corruptos que tienen a nuestro país en trapos de cucaracha.

Las tragedias que azotan a la humanidad traen consigo la demostración de lo peor y lo mejor de los seres humanos.  En medio de las tragedias hay quienes sin escrúpulos lucran con la necesidad del pueblo, habrán funcionarios públicos que ven en este tiempo la oportunidad para apropiarse de los escasos recursos públicos para enriquecerse; o por el contrario habrán quienes mostrarán sus valores, su ética y su fe haciendo las cosas correctamente, porque así lo exige el Dios de quien profesan su fe y utilizaran todo lo que está de su parte para hacer un mejor trabajo.

Lo importante de una fe que profesamos no es seguir los actos externos que realizamos como parte de esa fe, asistir a la iglesia y cumplir con los sacramentos es naturalmente bueno, pero estos actos externos no harán que valga nuestra fe si no están respaldados por el valor interno y nuestra conducta diaria.  Sea en el lugar en el cual nos desarrollamos, ejerzamos la profesión, oficio o trabajo que realizamos o bien como muchos funcionarios públicos ejercen ese llamado a la función pública, la importancia radica en ser auténticamente cristianos y entonces sí, podemos realmente adorar realmente y en verdad a ese Jesús Resucitado.

TEXTO PARA COLUMNISTA

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