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¡Cuiden al virus!

Mirilla Indiscreta

Uno de los riesgos catastróficos de esta pandemia, es que se termine protegiendo al coronavirus, por ser el soporte estratégico de los intereses y ambiciones desarrollados en su entorno.

No cabe la menor duda que para algunos ha sido un loteríazo en plena crisis, y al margen de lo que afecte a la sociedad, los beneficiados con la tragedia en curso, confían en qué, como se presume, fue creado por el ser humano, en sus manos estará, en consecuencia, su control y desaparición.

En tanto ese esperado momento llega, todas las miserias que han caracterizado al ser humano dentro de un modelo de perversa explotación de todo lo explotable, convoca a una última cena de buitres.

Así, ¡sí el sistema se muere!, ¡el bandido le fue fiel, hasta el último momento que la corrupción se lo permitió!

¡Y si pervive! … ¡Por lo menos! obtuvo el trozo miserable del último botín, que le correspondió, como sirviente de quienes deciden aquí y en la inalcanzable cúpula del poder del mundo.

Pero la plebe irredenta y cómplice por terror o por hambre, de los intereses de quienes los clasifican y discriminan, tiene como límite de tolerancia el desengaño.

¡Cuando se ve fuera de la lista de amiguetes, de la repartición arbitraria del dinero, de la bolsa o de la caja…!

¡Cuando se da cuenta que su respaldo cuenta, pero no alcanzó número en la rifa de los beneficiados…!

¡Así como está presto alzando la mano y los gritos de gratitud, puede en cuestión de minutos desconocer al “samaritanoy sumarse a los verdugos de los repartidores!

Cuando los iguales se percatan que no alcanza ni alcanzará lo repartido por los “cabales”, comienzan a sumar las cajas y su costo y la feria de los repartidores se transforma en la plaza pública de los ejecutados.

Los iguales, la plebe, la muchedumbre, la masa, la gente, siempre serán más que los demás y aunque no se conozcan, se hermanan por las circunstancias.

A esas que se refería don José Ortega y Gasset (Madrid 1883-1955):

 “Yo soy yo y mis circunstancias” afirmaba en su obra Meditaciones del Quijote, después de haber reflexionado en la Rebelión de las masas, sobre el individuo-masa.

Este título que a simple vista evocaría una revolución o alzamiento, típico de una rebelión, no es así. Por el contrario, se desliza magistralmente, en torno a un estudio sobre el individuo en el contexto social.

Ese individuo que puede alcanzar el pináculo de su propio reconocimiento frente al resto de la gente o puede hundirse en la vulgaridad común de la masa y acompañar las reacciones colectivas más primitivas y deleznables.

Esas circunstancias de Ortega y Gasset, equivalen a las “condiciones” de Marx y Engels insertas en el manifiesto del Partido Comunista de 1948.

Todo finalmente se reduce al Entorno Social y el predecible comportamiento del Hombre-Masa, irreflexivo y cruel reaccionando tanto como individuo o como masa.

Y ese punto crítico, estalla: Cuando surge la reacción de la masa como masa frente a lo incierto, o su reacción aislada ante una amenaza como individuo.

Estas “circunstancias” frente a las “condiciones” se intuyen y palpan ya como renuencia o desobediencia en todo el mundo y también en Guatemala.

Frente a un modelo que “agoniza-matando”, en la mesa del comportamiento humano, le otorga, para algunos, la oportunidad de vender por partes el cadáver putrefacto del modelo societario decadente y moribundo, a un buen precio y para otros, la de disputarse la propina por encubrir el crimen.

Afuera de la morgue, la muchedumbre, la masa, la gente, la plebe, los comunes, ansiosa porque le repartan las prendas del muerto, pueden igualmente aplaudir, o gritarles ladrones y apedrear a quienes se tomaron la foto antes de entrar al anfiteatro.

El mundo entero metido en el dilema de lucrar como individuo o incendiar el escenario como masa.

Pero sucede que un reloj inexorable está marcando el final de la obra, y la muchedumbre desencantada, está al borde de la histeria colectiva.

El Dios del gran sacerdote -un vellocino de oro- parece sé convertirá en cobre, que escribirá su nombre en una lúgubre tumba histórica sin flores ni aplausos.

Por otro lado, en un mundo, supuestamente al borde de la extinción humana, en donde aún se amenaza con la guerra, será porque sus dueños saben cuándo parar la guerra y también la extinción de los seres humanos, de los que forman parte.

Por esa razón, sus servidores adoran al virus domesticado y continúan despreciando a la masa, a la muchedumbre, a la gente, que ya se encuentra en prometedora transición para transformarse en jueces y verdugos, de jueces y verdugos oportunistas y villanos.

La rendición de cuentas, que se escucha como rumor en lontananza será multiplicada en ruido por la masa que señalará individuos.

Y parafraseando una voz anónima ésta advierte que: … cuando venga la acusación de los enemigos, el silencio de los “amigos” lo sentenciará.

¿QUIÉN CON UNA LUZ SE PIERDE?

TEXTO PARA COLUMNISTA

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