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La empatía en tiempos de coronavirus

Barataria

En este tiempo de confinamiento al que hemos estado sometidos de buena o mala gana, debido a la pandemia del COVID 19, hemos visto a través de hechos que suceden a diario y que da lugar a que se viertan en las redes sociales una serie de reacciones de las personas que comentan en favor o en contra de las medidas que ha tomado el Gobierno y la forma en que estas medidas impulsadas en su cumplimiento.  Resulta que para ninguno de nosotros es grato estar confinados a nuestras viviendas y mucho menos saber que los costos económicos van a ser muy fuertes.  Sin embargo algo que está claro es que existe una mayoría consciente de que esta emergencia sanitaria es grave y que en tanto esta controlada hay que hacer un esfuerzo por mantenernos en casa, practicar el distanciamiento social, uso de mascarilla, lavarse las manos frecuentemente y otras recomendaciones; se podrá vencer la pandemia controlándola eficazmente.

El hecho está en que en las crisis siempre se demuestra lo mejor o lo peor de la humanidad.  Hay pensamientos verdaderamente desquiciados que se hacen virales en las redes sociales, asimismo hay otros pensamientos verdaderamente nobles.  De igual manera hay muchas acciones que son dignas de imitar, pero existen otras acciones realmente censurables.  En la sociedad actual se promueven igualmente valores y antivalores que muchas veces no tienen mucho que ver con la condición socioeconómica ni la clase social de las personas que las apoyan, pueden ser antivalores como el caso de los migrantes llevados a un centro estatal en Quetzaltenango, se aglutinó una turba que pedía que se fueran del lugar, actitud por demás censurable; o bien valores como aquellos que muestran su solidaridad con otros tratando de hacerles llegar alguna ayuda o alimentos.

En estos tiempos se habla mucho de empatía y de hecho se le tiene como una exigencia social.  Ese sentimiento de afecto hacia la actitud de unas personas hasta desear que las cosas por las que actúa le salgan muy bien.  Pero esta sociedad actual, acostumbrada a llamar bueno a lo malo y malo a lo bueno; confunde sin duda alguna la empatía como una actitud de la sociedad.  Esta semana se dio un caso inaudito en el cual dos migrantes que vinieron deportados de los Estados Unidos y que resultaron positivos del Covid 19, habiendo sido ingresados al Hospital Temporal que se encuentra en el Parque de la Industria, salieron de dicho lugar huyendo. La acción de las fuerzas de seguridad dio como resultado que uno de ellos fue detenido el otro al día y el segundo al dia de hoy no se le ha localizado, poniendo en grave riesgo no solo la contención del mismo virus en el país, sino a muchas personas y a un grueso número de la población que podría ser contagiado por esta persona dada la volatilidad con que este virus; si no lo creemos veamos cuantos resultaron contagiados en San Pedro Sacatepéquez y en Patzún por un solo caso.

Lo realmente triste parece ser la actitud de muchas personas que en redes sociales “disculpan”, “perdonan” y hasta “alaban” el atrevimiento de este migrante de que ha sabiendas de que esta contagiado por el Covid 19 y en tratamiento en un hospital se va del lugar e irresponsablemente huye sin que hasta la fecha le hayan encontrado, con el grave riesgo de que las personas con las que haga contacto conocidas o no, familiares o no, cabe una posibilidad de contagie a más y que esto pueda tener consecuencias lamentables.

En las redes sociales muchos llaman a no estigmatizar a los migrantes lo cual es completamente legítimo, pero es incorrecto el llamado a tener empatía con la persona que egoísta e inconscientemente ha actuado de manera irresponsable huyendo de un hospital en donde estaba en tratamiento de su enfermedad y que aseguraba para la sociedad misma el hecho de que no podía infectar a nadie más en lo que se curaba. Algunos pueden hablar de la presión que siente un deportado al venir al país, las deudas que contrajo para irse a Estados Unidos y la falta de empleo en Guatemala que le obligó a viajar.  Esto es cierto, pero olvida que aquí en Guatemala muchos estamos confinados también y lo hacemos con el único fin de colaborar con el Estado para detener esta pandemia, muchos han perdido igualmente trabajos y algunos otros no están llegando a fin de mes y sin embargo están siendo responsables.  No podemos tener empatía ante el actuar irresponsable del migrante que puede contagiar a otros.

Hay que tener empatía con quien,  actuando de manera responsable, pueda tener problemas; pero nunca podemos tenerlo con quien ha actuado irresponsablemente o bien contra toda la ley o carente de ética.  En sociedades como la nuestra, renuentes a confrontar la realidad de las cosas y siempre dispuesta a considerar los tipos ideales como verdades, es muy probable que muchos sientan empatía ante lo que le sucede a los demás sin considerar las razones por las cuales las personas pasan por ciertas situaciones. 

Bajo la bandera de la empatía, nuestra sociedad vive disculpando las irresponsabilidades, faltas morales e incluso los delitos de las personas.  ¿Cuántas veces hemos leído o escuchado comentarios sobre que la delincuencia tiene su raíz en la pobreza y falta de oportunidades?  Muchos hablan sobre esto, pero en realidad están estigmatizando a los pobres a quienes les llaman delincuentes pero esto no es cierto porque la delincuencia tiene más aristas que el estrato social, sino veamos cuantos delincuentes de “cuello blanco” existen.  De igual manera tratamos de disculpar a quienes son conducidos a los tribunales por violar el toque de queda, en lugar de señalar la irresponsabilidad, solo por esta falta han sido conducidos más casi 10,000 personas lo cual demuestra irresponsabilidad más otras causas.  La empatía y la falta de responsabilidad no van de la mano, no son complementarias sino que diametralmente opuestas porque en realidad la empatía no puede estar acorde a los antivalores como la irresponsabilidad, el engaño o el crimen.

Debemos de llamar las cosas por su nombre. Si alguien huye de un hospital contagiado con Covid 19 es un irresponsable y no debería tener la empatía de la sociedad sino que contrariamente deberíamos estar exigiendo que vuelva al hospital para no poner en riesgo a otros, incluyendo su familia.  De la misma manera que no podemos tener empatía con quienes, pudiendo estar en casa, salen “de paseo” sin necesidad únicamente porque se aburren del confinamiento o de la misma manera no podemos tener empatía con el funcionario público que está haciendo piñata de recursos públicos aun en crisis o del comerciante que acapara los productos para luego venderlos al triple del precio, ni de las telefónicas y bancos que están cobrando en plena crisis para que se les den sus pagos agobiando aún más a sus clientes quienes no saben si seguirán teniendo trabajo. 

La empatía es un valor social muy importante, pero que tampoco deberá identificarse con la irresponsabilidad, falta de conciencia social, crimen y otros antivalores puesto que esto definitivamente no nos va a hacer ni mejores personas ni una mejor sociedad.  La próxima vez que en redes sociales se vea tentado a promover empatía por alguien, esté seguro que esta persona ha actuado con responsabilidad.

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Emilio Estrada

El Doctor Emilio Estrada, es abogado egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, obtuvo su PhD en Sociología en la Universidad de Salamanca, España, es abogado litigante.

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