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No seamos hombres de poca fe

Kidon

El Estado de Calamidad, es uno de los estados de excepción que regula nuestra Constitución y se desarrolla en la Ley de Orden Público, por virtud del cual se limitan ciertas garantías individuales con el objeto de salvaguardar la vida e integridad de las personas o la salud, ante un acontecimiento de grave impacto social.

Las directrices emanan del poder ejecutivo, y son ratificadas por el órgano soberano de representación popular, es decir el Congreso de la República, con lo cual adquieren fuerza de ley para ser ejecutadas en beneficio del país.

Como restricción de garantías, tienen a incomodar y en su caso, a causar cierto daño en algunos sectores de la población, que ven como las limitaciones a sus derechos constitucionales afectan su locomoción, el trabajo, la industria, el comercio, así como la reunión o manifestación y la libertad de expresión entre otras, por un período de tiempo determinado.

Entiendo perfectamente la afección patrimonial que ocasiona el estado de excepción, pues, como profesional liberal, por supuesto que me afecta directamente en los ingresos mensuales que genero, lo que sumado a la carga de pagar una planilla de tres personas, más los gastos inherentes a mi hogar, me han llevado a reducir o diferir algunos pagos.  

Pero, también valoro mi salud y la de las personas que me rodean, por lo cual, considero necesario continuar con el aislamiento social unas semanas más, esto, con el objeto de lograr el mínimo contagio, así como para evitar la sobresaturación hospitalaria, con las consecuencias conocidas en otros países.

El quédate en casa no lo digo yo, lo dicen y piden cientos de profesionales de la medicina alrededor del mundo en cada entrevista que les hacen y difunden, donde vemos como el efecto de la pandemia se ha encargado de rellenar cada centro de salud donde los galenos prestan sus servicios, algunos, en condiciones deplorables y otros sometidos a un régimen laboral extenuante, al igual que los enfermeros, bomberos, agentes de policía y personal militar, que, por la profesión que desempeñan, tienen obligadamente que salir en defensa de los conciudadanos.

Por fortuna, debido a la contención y limitación de horarios ordenados por el gobierno, se ha logrado reducir el contagio de la enfermedad, permitiendo por una parte atender a los pacientes para lograr su recuperación y por la otra, desarrollar ciertas actividades laborales, de tránsito, de comercio y de abastecimiento, lo cual no sería posible si estuviéramos sometidos a un encierro total.

De la misma forma, los escolares y universitarios, así como diversos profesiones y empleados públicos y privados, continúan desarrollando sus actividades en forma remota desde su hogar, lo cual no es cómodo ni ideal, pues no se logra la proyección estimada, pero debemos recordar que hoy el objetivo primordial es velar por la salud e integridad de la población.

Así mismo, algunos pagos por la prestación de servicios, créditos y obligaciones pecuniarias se han postergado o condonando las penalidades por el incumplimiento; y las demás cargas económicas o tributarias, están siendo analizadas para establecer si se aplicarán de continuar el confinamiento parcial.  

En toda crisis lo indispensable es no perder la calma, actuar con serenidad y templanza, compartiendo en un ambiente familiar de amor y por supuesto, poniendo toda nuestra fe en el supremo creador, quien, con mucha antelación nos reveló que todo esto debería de pasar previo a su venida, y que estaría con nosotros hasta el final de nuestros días.

Como todo lo terrenal, el estado de excepción es temporal, y tarde o temprano pasará, y seguramente la recuperación vendrá, pues como dice el viejo y conocido refrán, no hay enfermedad que dure cien años ni cuerpo que lo aguante. Por nuestra parte, no quedará más que actuar con valor y en forma responsable en la protección del interés general.

“Señales antes del fin… Habrá grandes terremotos, y hambres y enfermedades en diferentes lugares, y en el cielo se verán cosas espantosas y grandes señales”. Lucas 21:11.

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