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Ni jóvenes vasallos ni viejos castrados

Mirilla Indiscreta

Encuarentenado y con instrucciones que amenazan mi libertad, si decido salir de mi forzado encierro sanitario, he tenido que aceptar sin derecho a un juicio justo, que me clasifiquen y sentencien, como deshecho viviente en una sociedad que desprecia y condena por inservibles a sus ancianos.

Ofreciéndoles como alternativa, en el reinado de don coronavirus 19, la de morirse en su casa, al lado de los suyos, sin la atención médica oficial. Que discrimina y señala, además del enfermo a todos los suyos. o bien pedir auxilio, para que lo retiren de la circulación y se vea condenado a un deceso en soledad y a un entierro sin dolientes.

El hombre viejo que no haya acumulado fortuna en la sociedad de consumo pierde la esencia de todas sus virtudes, y lo sacude la realidad de un sistema avorazado por engullirse a la juventud en sus años productivos, haciéndola esclava, del crédito sin fin, que hace dueños de las cosas, cuando ya no tienen valor, y que los obliga a lanzarse sin remedio en las arenas movedizas de la tentación.

Angustia por tener, como el centro de una vorágine viciosa, que transforma la satisfacción de necesidades inciertas, como que fueran necesidades sentidas y ciertas, que afortunadamente desaparecen con la edad y la experiencia.

Que llevan a la juventud a ver de lejos, o tolerar y a veces decidirse, por la corrupción y el crimen, que la transformen, a costa de cualquier valor o circunstancia, en un viejo con plata.

Saben, que el sistema, finalmente los expulsa del proceso productivo y los sentencia a la incertidumbre, del limbo del no ser, en el cual, ni se tiene… ni se és.

Y ahora para el colmo, a los viejos los contabilizaron como el factor de riesgo marginal, de una estratagema planetaria, diseñada para preparar al mundo, para un nuevo modo de producción.

Que tiene como base de sustentación, el control poblacional totalitario, llevado a los extremos, hasta donde lo permita la sociedad, midiendo sus reacciones y tolerancia, para lograr que otorgue su consentimiento por añadidura.

Aplastada por el control mediático, propiedad o coludidos, con los dueños del mundo, la humanidad reacciona robotizada y confundida ofreciendo, si es preciso, su nalga para que se la marquen y la dirijan sin oposición, siempre que la salven.

Un sistema corrupto por definición estructural, avivando en su agonía, el último latrocinio que permite el sistema antes de morirse… haciendo daño, y darle paso a una nueva era donde la tecnología discrimine por educación y el capital concentrado en poquísimas élites lo haga por el poder de la opulencia.

Administrado el nuevo orden por sus potencias económicas, políticas y militares.

La humanidad robotizada y sin conciencia, inerme frente al proceso productivo, que fabrica masas y controla países… Sometidos y contabilizados.

No es un nuevo mundo privilegiando a la sociedad ni estimulando al individuo y su emprendimiento.

Es ese mundo, ahora mutando, que reclamará a la sociedad como masa y a los individuos como peones calificados.

Todo el esfuerzo productivo y creador de los menesterosos y más débiles, para consolidar el poder hegemónico de la nueva clase dirigente universal.

En el festín de la transición, se morirán los viejos, fríamente calculado, por los creadores de los virus domesticados… pero aterrorizarán a todos.

¡El terror es parte del sometimiento!

Y los disidentes, denunciados y acusados por los serviles, de conspiración, a los que hay que desacreditar, amenazar y callar.

Es el plan de los inteligentes, de los dueños del capital y el conocimiento. Creadores de la enfermedad, de su tratamiento y su curación.

En tanto se universaliza el terror, se cuentan los muertos y se consolida el nuevo orden:

Bienvenidos usureros, corruptos, mafiosos y ladrones.

Se necesita su cooperación para distraer, encabronar y reprimir a la plebe.

Se necesita que no se den cuenta y acepten dócilmente que seguirán siendo esclavos.

Sólo nos queda, que algunos viejos, idealistas, valientes y rebeldes decidan confrontar el plan siniestro y se convoque a las juventudes, antes de que terminen de lavarles el cerebro e instalarles el nuevo chip de la mansedumbre y la esclavitud pactada.

No por jóvenes vasallos… ni por viejos castrados.

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