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Mente, ¡pórtate bien!

Liderazgo

«La mente es tu propio hogar y puede, por sí misma, hacer un paraíso del infierno; y un infierno del paraíso», advirtió, en 1667, el poeta John Milton. Si aumenta la tensión, baja la tolerancia. Los cambios súbitos y las restricciones en nuestra rutina diaria, y en todo contexto, desafían nuestra capacidad de adaptación; sin esta, inevitablemente, un «infierno» toma el control. 

El confinamiento prolongado en casa, como principal medida para combatir una pandemia, saca a la luz lo que puede suceder en el seno de una familia acostumbrada a una convivencia menos estrecha. La relación entre «presión» y «capacidad de respuesta» ante infortunios no es lineal. 

Cuando la presión externa es mayor que el potencial para reaccionar, se activa un estado de tensión. Así, en algunas personas se detona un torbellino de emociones: ira, enojo, negación, impaciencia, temor, incomodidad, desasosiego, fatiga y las mezclas entre estas. La espiral se complica si no se detectan e incluso pueden caer en un gran caos los miembros de una familia. 

Cuando se asume que la capacidad de respuesta es mayor que la presión, se activa un estado de autosuficiencia o «agrandamiento». El egoísmo no cede ante la urgente necesidad de sentido de comunidad. Quienes sufren de exceso de confianza, aires de inmunidad, indisciplina social y prepotencia afirman: «A nosotros no nos pasará nada, un poco de atrevimiento no hace daño». 

En cambio, si la presión externa es alta, y se desarrolla una equivalente reacción positiva, se activa la fluencia. Un estado emocional pleno de desafíos, pero también de confianza, resiliencia, serenidad, respeto, comprensión, humildad. La adaptabilidad implica el acatamiento de las reglas convenidas, la gestión prudente de las relaciones, de los conflictos y hasta del sentido del humor. Los tres posibles estados conviven en pugna, no son puros ni excluyentes. Una familia puede moverse entre ellos en pocas horas. La afirmación de Milton es tan real que precisamos «vitaminas» de creatividad para fluir en aguas turbulentas. Ante esta realidad, ¿cómo crearlas? 

Una acción sabia es intensificar el buen uso del tiempo. Pese al confinamiento, el tiempo puede ser invertido con proactividad, de manera que el «virus» de la pereza no prolifere a causa de «mentes estancadas». Agendas diarias y retadoras, individuales y colectivas. Volver la mirada hacia el propio hogar: los niños, la limpieza, la lectura, los proyectos, el estudio, las reparaciones. 

Otra es pensar y actuar disruptivamente. La generación de ingresos, en muchos casos, tendrá que ser diferente. El ahorro y la austeridad son cruciales en épocas de adversidad. El talento se multiplica en las mentes audaces, así puede invertirse en modos no convencionales. La tecnología juega a favor; la desconfianza, en contra, y el atrevimiento comedido determina al ganador. 

Finalmente, los contratiempos obligan a aprender y a desaprender. Corresponde aprender a gestionar una «mente con alma solidaria» y no un «hormiguero descontrolado», ni una fábrica de 65.000 pensamientos improductivos diarios. El cuerpo va donde la mente lo dirija, quédese y disfrute en casa… Solo usted, a lo mejor, sabe lo que sucede en su «fábrica», ¡asuma su gerencia!

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