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Precisamente, lo que no debo, “quiero”

Chachalaqueando con Uthzie

Los seres humanos somos así, en el instante que nos queda vetado algo “lo deseamos más” , y es la razón por la que desde pequeños “impulsivamente” queremos hacer todo aquello que no se nos es permitido. Esto es notable cuando de adultos, estamos bajo algún régimen alimenticio, y justo lo que no está permitido “se nos antoja”.

En mi caso, en esta época de cuarentena he tenido los antojos más extraños y que me sorprenden: como el de visitar a la tía que nunca imaginé deseaba tanto ver, abrazar a las personas fuertemente por más tiempo, ir a lugares que no está permitido visitar, comer de “esas verduras y hierbas” que no se encuentran fácilmente, promover reuniones con personas que tengo mucho tiempo de no ver personalmente, vivir el tráfico de mañanas y tardes mientras escuchaba en la radio a todo el mundo quejándose de los atrasos por ese caos; y/o participar de las actividades de la iglesia diarias. Por alguna razón, mis antojos tienen que ver con lo que un día di por sentado, por seguro y que hoy no puedo hacer, aunque lo desee con toda el alma.

Este tiempo entre otras cosas me hace evidente “esa condición humana” de querer lo que no debo, lo cual no es fácil de aceptar, pero si es lógico de aprender; este tiempo vino para enseñarnos que podemos cambiar, y que debemos querer hacerlo, que al final al tirar la moneda al aire solo puede caer de un lado o del otro. El tiempo no es nuestro, las condiciones no las ponemos nosotros; solo somos dueños de nuestra actitud y de las decisiones que tomemos.

No es momento de querer ir de “pata de chucho” por si no lo necesito, ni de visitar si no es indispensable, tampoco debo juzgar a las autoridades y perder la esperanza junto con la credibilidad, por el contrario, es momento de hacer quizás lo que no quiero, pero lo que debo, por mí, por los míos, por los demás. Es momento de ADAPTARNOS, de poner a prueba nuestra capacidad de control y planificación, es momento de no hablar de Dios; sino de hablarle con Dios.

Todo esto no se trata de hacer lo que puedo; sino de hacer lo que DEBO. No importa si se me antoja lo que sea, sino de aprender a controlar mis antojos; todo lo que parecía importante de hacer diariamente ha perdido importancia.

Todo lo que me esforzaba por hacer y tener; parece haber cambiado de orden de prioridad y está ajeno a lo que verdaderamente se me antoja.

Extraño abrazar, sentir el olor de la otra persona, besar cuando saludo o cuando me despido, extraño ir a comer algo, comprar mi pan en paz, extraño tocar… todo esto no se trata de lo que puedo comprar sino de lo que de verdad se antoja y no debo probar… los seres humanos somos así, pero siempre PODEMOS CAMBIAR.

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