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Y cuando despertó, la bandera todavía estaba allí

Barataria

Las banderas de la pobreza, de la marginación, de la falta de oportunidades, de la desnutrición, de la exclusión, del racismo, de la falta de trabajo en realidad no deberían ser blancas.

Se dice que en medio de las crisis de cualquier índole, de las catástrofes se hacen visibles los grandes abismos sociales porque en medio de la zozobra se puede observar cuánto hemos avanzado como sociedad en el desarrollo humano.  De esa cuenta es que una crisis sanitaria sin precedentes se ha puesto en el conocimiento de toda una situación que no es de extrañar pero que siempre ha estado allí, sin que muchos nos demos cuenta.

Hoy en día se ha producido un fenómeno social nuevo para muchos, en relación a las banderas blancas de muchas personas que con estos actos manifiestan sus necesidades primarias relacionadas con la falta de dinero para comprar alimentos y manifestar además que hay grandes desigualdades en este país y que con el confinamiento a que estamos sometidos desde hace casi dos meses, evidentemente muchos no han podido generar lo necesario para subsitir.

Estas personas que se manifiestan en la Plaza Central, en el Puente del Incienso y en muchos otros lugares tanto en la Ciudad de Guatemala como en el interior, fueron incluso rechazadas por el señor Giammattei afirmando que eran “acarreados”, por personas que pretendían dañar la imagen del gobernante.

Las desigualdades sociales en un país como Guatemala no son nada nuevas, algunos de los lastres de pobreza, exclusión, marginación y racismos tienen sus raíces desde la Época Colonial y ha seguido por la turbulenta historia de desgobiernos en Guatemala, que ni la era democrática ha podido solucionar y se ha afincado a través de un sistema corrupto en el cual no solo han participado gobernantes, políticos, sino también empresarios avorazados y oportunistas que han terminado millonarios de los negocios del propio Estado.

Estamos frente a un país en el cual las necesidades primarias de la mayoría no se llenan y hoy en día cuando estamos en medio de esta crisis causada por el COVID 19 resulta evidente, las banderas blancas siempre han estado alzadas, lo que pasa es que muchos no las vemos y los gobernantes que nos han precedido menos.  De tal suerte que siempre oímos de desnutrición, de economía informal, de falta de trabajo digno, pero en realidad el Estado ha sido incapaz en cubrir estas necesidades.

La descalificación malvada que hizo el señor Giammattei no es una casualidad, sino por el contrario, es el resultado de los políticos que no han sabido privilegiar la dignidad humana, que se dedican a realizar una serie de obras de infraestructura (que por supuesto no es para nada equivocada) pero que no dedican tiempo para combatir aquellos lastres que pesan en Guatemala y que afectan a millones de guatemaltecos.

Esto lo vemos en los problemas serios que están teniendo hoy en día los Alcaldes de los Municipios en determinar quiénes son aquellos “comerciantes informales” de sus respectivos lugares que hoy en día no han podido salir a comercializar y necesitan de la ayuda gubernamental.  Los Alcaldes se han quejado que les quieren hacer firmar una declaración jurada, pues claro está es necesaria para determinar que la ayuda no sea clientelar. Sin embargo, es completamente necesario comprender que esta falta de control municipal únicamente demuestra la falta de visión de los Alcaldes de promover programas para que de alguna manera estos comerciantes puedan ser un sector incluido dentro de las políticas municipales.  La falta de visión de los Alcaldes en combatir la desnutrición, en promover la educación y otros aspectos necesarios para el desarrollo humano se quedan cortas, porque a los Alcaldes les interesa la feria del municipio, hacer jaripeos, conciertos y otro tipo de actividades que han privilegiado sobre la misma población.

Resulta una verdadera paradoja para el mismo Estado querer hacer que los comerciantes “informales” así llamados, se puedan formalizar sin que exista un verdadero proyecto de incentivos para ello.  El Estado es incapaz de ofrecerle un mejor sistema de salud, un fondo de retiro y ni siquiera les ofrece un acceso digno a cotizar en el Seguro Social para que al momento de retirarse puedan contar con una pensión digna.  Contrariamente el Estado únicamente desea que los “comerciantes informales” se formalicen para cuestiones tributarias lo cual nunca los va a sacar de la informalidad.  Menos en el caso de las Municipalidades que viven exigiendo arbitrios a los comerciantes sin beneficiarlos en nada.

Las banderas de la pobreza, de la marginación, de la falta de oportunidades, de la desnutrición, de la exclusión, del racismo, de la falta de trabajo en realidad no deberían ser blancas, porque esto significa que hay una rendición al sistema impuesto, un sistema creado para empobrecer, sino que deberían ser banderas rojas de exigencia ciudadana porque estas necesidades no surgieron hoy, contrariamente siempre han pervivido en la sociedad guatemalteca y cada cuatro años son el lema de políticos oportunistas, cada vez que se quiere desviar la atención del desgobierno se utilizan como publicidad, así hemos oído de la desnutrición en el corredor seco, pero no solo allí hay desnutrición, sino que existen en muchos lugares también.  Se habla de “comerciantes de la economía informal”, cuando se explica la debilidad del gobierno en materia tributaria como si con estos impuestos el Estado estaría mejor, sin embargo no se pone la mira en la defraudación aduanera que botó a un gobernante, pero que al día de hoy cinco años después sigue viento en popa.  Estas banderas son visible hoy, como lo fueron con la catástrofe del Volcán de Fuego y otros desastres pero luego pasa el tiempo y se olvida y se cree que hasta hoy en medio de la crisis sanitaria surgen estas necesidades pero no es así.  Por ello, al final de todo, los gobernantes deberán poner la mira en donde realmente están las grandes necesidades de la población, porque de otra manera, al cabo de mucho tiempo volveremos a ver estas banderas que se ocultan cada cierto tiempo.

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