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Capital mundial del perfume

Editado Para La Historia

“En Francia existe una ciudad, en la hermosa Provenza, al sureste del país, que se ha granjeado el título de Capital Internacional del Perfume”.

Oro, mirra e incienso. Eso fue lo que llevaron los Reyes Magos como regalo a nuestro Divino Niño, poniendo la mirra y el incienso a la altura del oro como materiales extremadamente caros. Y es que, desde la antigüedad, al hombre le han gustado los perfumes. Hace 7000 años ya el hombre se perfumaba, como muestran las excavaciones realizadas en los sitios de antiguas civilizaciones y donde se han encontrado frascos que tenían como misión contenerlos. Los egipcios, tan refinada cultura, ya conocían el secreto para obtener el extracto de flores y raíces con el objeto de perfumarse, pero también con motivos religiosos y terapéuticos. De los egipcios lo aprendieron los hebreos, aunque en aquellas lejanas épocas no se conocían la destilación ni mucho menos el alcohol, que son dos elementos muy importantes en la perfumería contemporánea.

En Francia existe una ciudad, en la hermosa Provenza, al sureste del país, que se ha granjeado el título de Capital Internacional del Perfume. Y a justo título. Hablamos de Grasse, pequeña ciudad que existe al menos desde el siglo XI. De los 200 perfumistas que existen en el mundo, a 40 los encontramos aquí y más del 10% de sus habitantes vive directamente de esta industria. Porque en Grasse, la palabra industria es sinónimo de poesía, lujo y refinamiento.

Seguramente recordaremos la famosa novela del escritor alemán Patrick Süskind y que fuera tan maravillosamente llevada al cine por Tom Tykwer con el nombre de El Perfume. Habla de su personaje Grenouille (rana en español), que vino a esta ciudad -como muchos otros del resto de Europa en esa época- en busca de conocimientos, nuevas técnicas y perfeccionar sus conocimientos en el arte de la perfumería y crear el más excelso de los perfumes. De hecho, es en Grasse que se filmó la película de la que les hablo y que ayudó al mayor renombre de la ciudad.

La historia de Grasse y su relación con el perfume comenzó en los años 1500, cuando en Grasse se instalaron talleres para curtir pieles, en particular pieles destinadas a la fabricación de guantes. Este proceso necesitaba mucha agua y Grasse era el lugar ideal para estos menesteres. El curtido de pieles genera muy malos olores, ya que el material de base utilizado es el cuero de los animales que tiene tendencia a descomponerse. Como si eso fuera poco, para el proceso, los artesanos de la época añadían orines y excrementos para facilitar el curtido. Evidentemente el resultado era una piel con bastante mal olor, cosa que disgustaba enormemente a los nobles de la época, principales clientes de estas pieles para guantes. Algunos artesanos comenzaron a introducir las pieles en baños de agua con perfumes para mitigar aquellos malos olores. Así comenzó en Grasse la industria del perfume.

Catalina de Médicis, la reina de Francia que vino de Florencia, era amante de todos los lujos y usaba perfumes procedentes del Lejano Oriente, hasta que escuchó de aquéllos que se producían en Grasse. Poco a poco, la industria del curtido dio paso a la del perfume. Provenza, que es rica en flores como la lavanda, el jazmín y el azahar, pronto vio cómo se cultivaban también otras como la tuberosa, el clavel, la mimosa, la rosa y la violeta para extraerles sus aceites. Es necesario decir que en la zona de Grasse hay un microclima que, con tierras relativamente cálidas y la humedad que llega del cercano Mediterráneo, da las condiciones ideales para el cultivo de las flores.

El proceso más antiguo para la extracción de los aceites florales es el enflorado, mediante el cual sobre una placa de vidrio a una grasa pura de cerdo o res se agregan flores, más cada día, en un proceso que dura 3 meses. Después se separa el extracto de la flor de la grasa. Es el proceso más antiguo y el más costoso. Con el desarrollo de la química en el siglo XIX comenzaron a utilizarse extractos sintéticos.

En el Versalles de Luis XIV, con tanto lujo y oropel, el baño corporal era considerado algo malsano para la salud. La pestilencia en aquel lujo era inmensa, los olores corporales eran insoportables y el uso a los perfumes fuertes para amainar tan desagradables efluvios llegó a ser ley para no molestar a las personas que estaban a su lado. Las costumbres en cuanto a la higiene corporal comenzaron a cambiar a finales del siglo XIX durante la época victoriana en Inglaterra, lo que conllevó a usar perfumes más delicados puesto que ya no era necesario ocultar tantos olores personales.

Hoy en día se puede visitar la ciudad de Grasse para deleitarse en sus jardines, en particular a la caída del sol, cuando las flores exhalan su mejor aroma. También se pueden visitar los establecimientos de los perfumistas, entre los cuales los más famosos son Fragonard, Molinard y Galimard. Estas no son visitas pasivas, pues allí uno puede participar en la destilación, en el embotellado o crear su propio perfume. Las grandes casas de moda, como Chanel y otras, se abastecen para sus creaciones de perfumes con las materias primas procedentes de esta ciudad y de sus campos aledaños, aunque ya hay otros países que contribuyen al renombre de Grasse. En particular pienso en Bulgaria, que exporta grandes cantidades de extracto de rosa a Francia.

Desde las estrechas callejuelas de Grasse se pueden visitar otras hermosas ciudades de Provenza como son Niza, que se encuentra a tan solo 20 kilómetros, la Riviera Francesa, Montecarlo, Antibes… y degustar los maravillosos exponentes de la gastronomía provenzal.

Campo de Lavanda en Grasse

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