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El incalculable e ilimitado valor de la vida humana

Barataria

“La vacilante actitud del Gobernante en tomar las medidas adecuadas ha puesto al país en una situación muy difícil”.

Las catástrofes y las crisis muestran el lado más cruel y el lado más sensible de los seres humanos y en momento de dificultad todos tendemos a darle el verdadero valor a la vida.  Es en estos momentos cuando lamentamos los decesos y, en medio de la actual crisis sanitaria causada por el COVID -19, muchos esperamos el informe gubernamental para que nos indiquen los casos de personas contagiadas, los de las personas recuperadas y siempre esperamos que nunca aumente el número de las personas fallecidas.  Existe una especie de empatía de la preservación de la vida y nos alarmamos en los distintos países en que han fallecido muchos que han sucumbido ante la enfermedad.

Es entonces en realidad dónde se considera el valor incalculable de la vida humana.  Sin embargo, debemos de ser claros que este valor de la vida humana no lo vemos fuera de la crisis.  En un tiempo antes de que surgiera el primer caso del contagio por el Coronavirus Covid-19, en el mes de marzo, a diario estaba falleciendo personas víctimas de extorsiones, asaltos y delincuencia en nuestro país.  Según estadísticas del INACIF en el año 2019 se registró en Guatemala más de 4,000 muertes violentas asociadas a hechos de delincuencia, sin contar las otras muertes por hechos de tránsito y fallecimientos por falta de atención médica.

Antes de la llegada de la crisis sanitaria en Guatemala ya nos habíamos acostumbrado a ser una sociedad insensible a la violencia cotidiana, que leíamos en los periódicos y en los telenoticieros en donde se nos narraban los asesinatos a sangre fría de pilotos, tenderos y comerciantes que se niegan a pagar extorsiones, incluso habían videos que se hacían virales con este tema.  Nos hemos acostumbrado a ver el precario sistema de salud con tanto desdén, que pocos se enteraron que en el mes de Julio del año recién pasado (2019) hubo un brote de dengue hemorrágico que produjo la muerte de 27 personas en un solo mes y de ellos 18 era niños, y si alguien pesaba que eran del área rural hubo muertes en la Ciudad de Guatemala (zona 18 en concreto), casi la misma cifra de fallecidos por el coronavirus actualmente en Guatemala.

Lo importante entonces es que quienes nos gobiernan entiendan que no es solo durante una crisis sanitaria o una catástrofe que se debe apreciar el valor de las vidas humanas, sino que es siempre y que es obligación del Estado preservarla.   No sería posible que actualmente lamentamos la pérdida de vidas humanas y el Gobierno haga muchos esfuerzos para evitar que muchos más mueran, sin embargo una vez finalizada la crisis volvamos a ver los diarios llenos de personas muertas por la delincuencia común y la organizada o por los extorsionistas y las maras, puesto que esto únicamente mostrará un presidente hipócrita que no valora realmente la vida humana, porque así como se hacen esfuerzos por frenar el avance de los contagios del coronavirus, deberán de hacerse esfuerzos en seguridad, combate a la desnutrición y combate frontal a la delincuencia para que prevalezca el valor de la vida humana sobre todo.

La disyuntiva que hoy tiene el señor Giammattei al endurecer medidas para evitar un mal mayor con el número de contagios y por supuesto más muertes, pone en contraposición la necesidad de preservar el valor de las vidas humanas y las consideraciones sobre evitar que la economía recaiga aún más.  Las medidas de un gobernante siempre van a ser impopulares y por ello están sujetos al juicio de la historia que determina si las medidas fueron adecuadas o no dependiendo del éxito con que se logre.  Sin embargo la vacilante actitud del Gobernante en tomar las medidas adecuadas ha puesto al país en una situación muy difícil.

No podemos en ninguna manera considerar que luego de haber iniciado firmemente tomando decisiones adecuadas incluyendo el tiempo de semana santa, posteriormente el mismo presidente de la República relajó a la población, mencionando que “doña Chonita” podía abrir, disponiendo cierres departamentales que en realidad se han cumplido al pie de la letra hasta esta semana recién pasada, permitiendo que muchas personas se desplacen en el fin de semana cuando en realidad era innecesario y aun permitiendo que todo mundo saliera a festejar el día de la madre.  El control de los casos comunitarios literalmente se perdió y ahora no le queda otra que endurecer las medidas porque de otra manera se puede ir de las manos.

En realidad no puedo comprender cómo en medio de una crisis sanitaria, el presidente se permitió hacer excepciones para el poder económico de manera que parecía un péndulo decidiendo medidas drásticas y luego relajándolas o permitiendo que se relajaran sin forzar a que el confinamiento sea una cuestión seria.  Cuando se van a cumplen ya 60 días de confinamiento muchos que han sido obedientes al mismo y se han quedado en sus casas están realmente fatigados de esta situación, en tanto que algunos otros hasta ahora en realidad con las últimas  medidas han iniciado un confinamiento a regañadientes.

Esta falta de decisión del gobernante le ha hecho un gran daño a la economía del país, porque ahora mismo no se puede pensar en una desescalada de las medidas en un tiempo más corto, porque los casos empiezan a subir porque si el tiempo de contagio es entre 5 a 12 días según algunas fuentes serias entonces podemos presumir que los actuales casos de enfermos es de personas que se han contagiado entre finales de abril y principios de mayo, es decir cuando ya habían medidas de confinamiento, pero que nunca se forzaron a un cumplimiento extremo porque se establecieron medidas y luego se pensó en relajarlas porque no habían muchos contagios, los cordones sanitarios no fueron la excepción.

Cierto es que la economía ha sufrido y es previsible que sufra aún más pero lo más importante es preservar la vida, al margen de las consideraciones de muchos sobre las pérdidas económicas; siempre habrá una ocasión para iniciar de nuevo si se tiene la vida para hacerlo, pero sin ello no importará lo que hemos perdido o ganado ya no se podrá hacer nada.

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