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La violencia del Presidente

Conexión México

¿Cómo le explicamos al presidente Andrés Manuel López Obrador que las mujeres en México tenemos otros datos?

Invisibilizar el riesgo que miles de mujeres corren frente a sus agresores, con quienes se mantienen en confinamiento, también es una forma de violentar al género.

El discurso del presidente AMLO resulta desquiciante cuando descalifica los llamados de auxilio de cientos de mujeres que están pidiendo garantías y protección para no terminar siendo una nueva cifra en las estadísticas feminicidas.

Es importante pedirle al mandatario del país no violentar a las mujeres con un discurso donde sus argumentos ideológicos se mezclan con una aberrante realidad que hoy se vive en México y que él trata de ignorar.

Es lamentable, que la carta firmada por más de 6 mil mujeres mexicanas entre activistas, diputadas incluso del mismo partido del presidente y organizaciones gubernamentales no haya llegado a las manos de un mandatario que en el tema de las mujeres sólo ha demostrado una nueva misoginia de izquierda que en tiempos de la pandemia no nos sirve de nada.

Las cifras de violencia están al alza y los feminicidios siguen reportándose con esa “normalidad” letal que lastima ante la ausencia y el acompañamiento de autoridades que ignoran y bloquean las denuncias de delitos por violencia de género.

El Gobierno de México se está caracterizando por ignorar una política pública que respalde los derechos y garantías individuales de las mujeres para denunciar y dar seguimiento a los procesos contra cientos de agresores y feminicidas que siguen gozando de impunidad.

Hablar de cifras ya no es suficiente. El presidente AMLO se ufanó al rendir protesta como mandatario de gobernar con una gabinete paritario que hasta hoy ha servido de muy poco cuando se habla de respaldo para las mujeres del país.

Tampoco se trata sólo de ventilar las voces de ultrafeministas o del activismo con intereses particulares. La violencia feminicida en México tendría que ser un asunto de seguridad nacional cuando miles de mujeres en diferentes regiones del país siguen perdiendo la vida en condiciones violentas.

Muchas de ellas hoy ya son estadística, pero hasta hace algunas semanas pidieron auxilio sin recibir respuesta o apoyo para saber qué hacer, dónde resguardarse o cómo denunciar.

Si esto lo vivimos en las regiones urbanas del país, sería bueno contarle al presidente que hay otra realidad silenciada en las zonas rurales.

Ahí les quedamos debiendo a las mujeres indígenas que en la total orfandad enfrentan la violencia en su máxima expresión.

Las mujeres en México rechazamos que la ideología se use para minimizar el riesgo de más violencia y muertes a manos de agresores que siguen actuando bajo el amparo letal de la impunidad.

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