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Ha llegado la hora final

Sueños…

Los humanos vivimos de imágenes, sueños y mitologías. Una de las leyendas que todos llevamos en el corazón es la historia del juicio final.

Todos esperamos que en algún momento inesperado suenen las trompetas de Jericó, y empiece el apocalipsis. Aquel momento en que todo será juzgado, evaluado y tendrá su verdadero valor.

Todos quisiéramos que cuando se produzca el Armagedón todos estemos preparados. Pues esta crisis de covid-19, nos presenta ese gran reto. ¿Estaremos preparados para construir un mundo de equidad, solidaridad, paz y tranquilidad?, ¿seremos capaces los humanos de cambiar el modo de producción depredador y destructor del ambiente, por uno respetuoso de la naturaleza y que le otorgue iguales derechos al resto de animales y plantas?

De la respuesta a esas preguntas depende que continuemos como una máquina moderna acelerada que va a estrellarse contra un muro de granito, para destruir las condiciones de vida en la Tierra, o seremos capaces, por fin, conscientemente, de construir un mundo en donde la sociedad humana conviva con el resto de especies en condiciones de respeto y cariño.

Nunca la sociedad genera un nuevo modelo de desarrollo si no se agota el anterior. Los analistas se dividen en dos tendencias al tratar de comprender que mundo quedará al finalizar la pandemia del coronavirus. La inmensa mayoría aún se inclina a creer que el mundo va a retornar a la normalidad anterior, y que la tarea es reconstruir los mercados, las relaciones políticas, educativas y financieras anteriores al 2020. Otro grupo, insignificante, considera que toda va a cambiar, que nunca volveremos a la vida anterior; que los humanos vamos a cambiar la manera de comprender la vida social y natural, que seremos más benevolentes con el resto de seres vivos, y que vamos a tender a destruir menos el planeta.

La historia nos deja la enseñanza de que la forma de producción y la estructura de socio-política que de ella se deriva, constituyen la fuente sobre la que descansa nuestra relación entre humanos y con la naturaleza. Eso indica que sí volvemos a la normalidad anterior, pronto, continuaremos la marcha de la propiedad privada para el intercambio, producción y consumo intensivo e irracional. Y terminaremos nuestra tarea de exterminar todas las otras especies, y finalmente las condiciones de vida en todo el planeta.

Por el contrario, sí la crisis se prolonga a un año o más, y las pérdidas de vidas, dolorosamente, se intensifican, entonces, el humano tendrá que replantearse el modo de producción y de relaciones con la naturaleza y el resto de animales y plantas. Tendremos que construir un nuevo mundo, socialmente igualitario, equitativo y solidario; unas relaciones con la naturaleza de respeto y convivencia, respetando sus entornos salvajes y no sometiéndolos a nuestro control y su tortura. ¿Cómo será ese nuevo mundo?, nadie lo puede saber, dependerá de lo prolongado de la crisis y sus impactos en el número de habitantes humanos.

Por primera vez desde la disolución de nuestra vida como nómadas, cazadores, recolectores, podremos convivir con nuestras diferencias sociales, personales y culturales. Generando un mundo de consumo natural, sin someter a destrucción total los bosques, los ríos, los animales y las plantas.

Hemos llegado a un momento de destrucción ambiental, que genera el cambio climático que nos somete a duras condiciones de supervivencia, y que las pandemias y desastres naturales se presentan de forma más continua y violenta. Sin tomar en cuenta, que la degeneración humana podría permitir que las potencias militares se enfrenten en una guerra nuclear, desesperados por la pérdida de sus antiguas ganancias financieras y de poder, lo que podría poner fin a cualquier proyecto de sociedad solidarias y felices.

Hemos llegado al momento en que el humano domina la ciencia y el conocimiento de todas las leyes del desarrollo. Esta crisis pone al humano ante la tarea de emanciparse, a sí mismo, y a la naturaleza. Hay que construir una sociedad humana consciente, con claridad de que somos animales, de que somos parte de la creación, de que tenemos que construir una sociedad sin explotación de los otros seres ni de los mismos humanos. El resto de animales no son de nuestra propiedad, son compañeros de viaje, de vida y sufrimientos en este mundo.

Sí queremos tener derecho al árbol de la vida, tenemos que construir una sociedad mejor, totalmente diferente.

Como dirían Rifkin, Christiana Figueres, Harari, Zurita y tantos otros, este virus es una señal de que el cambio climático provocado por el humano es insostenible. Sí no es el coronavius, algo más grave va a ocurrir. Según los analistas la actividad humana del capitalismo, de la producción para el intercambio y la acumulación de capital, genera los desastres naturales –pandemias, sequías, huracanes, inundaciones, etc.

Surgirá un mundo nuevo, con humanos nuevos que tengan consciencia de que el mundo de propiedad solamente para el ser humano es irracional, que el humano no tiene que ser propietario para ser feliz y culturalmente profundo. O seguiremos siendo los mismos egoístas creados por la revolución agrícola.

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