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El Covid 19 y yo

Punto De Vista

“Ayer expresaba mi miedo al virus y la persona con quien hablaba me contestó que el miedo paraliza. Su respuesta me dejó pensando que tal vez no es miedo, sino respeto”.

El virus está  presente y cada día no sé qué tan cerca ha estado de mí. No lo puedo ver, es un villano invisible. Mi defensa es una simple mascarilla, un recipiente con alcohol en gel y la regla de un metro o dos de distanciamiento físico con el resto de las personas. Aun así, pienso cada acción: con quien hablo, quien me habla, que objetos toqué, quien se me acercó más de lo debido, por dónde caminé, tal vez el virus ya esté en mis zapatos, en mi ropa, en mí.

Aparecen lugares donde me controlan la temperatura y nuevas formas de vigilancia me recuerdan todas las películas apocalípticas sobre virus, contagios y pandemias.

Entro a mi casa con la esperanza de que los escudos fueron bien usados y hoy al menos el virus no me alcanzó. Acto seguido, el protocolo de quitarse la ropa, bañarse, para continuar con el saludo familiar, a lo que se suma la angustia por la posibilidad de contagiar a nuestros seres queridos inadvertidamente.

Pero el villano siempre entra al hogar, sigue ahí, insistente, en la televisión, la radio, las redes sociales, nos persiguen las gráficas, los escenarios, los análisis, las estadísticas, los presagios, los rezos. Todas otras cuestiones locales, nacionales o mundiales, pasaron a un segundo o tercer plano. En el presente el protagonista es el COVID 19, el futuro parece que desapareció.

El nuevo virus cambió mi saludo, mis interacciones cotidianas, pero también instauró términos divisorios: nosotros y el otro, los sanos, los infectados, los recuperados, los grupos de riesgo, los que están aquí, los que vienen de afuera, los que tienen y los que no tienen, los de banderas blancas y rojas…Palabras y expresiones que ahora son cotidianas: distanciamiento social, distanciamiento físico, anti bacterial, tapaboca o mascarilla.

El Covid 19 es un hecho social total, que nos quitó las certezas, el control de todo. Nos recordó que aparecen contingencias y no siempre estamos preparados. Nos recordó lo frágiles que somos. Como hecho social hay un sinfín de aristas que no estamos analizando.

La incertidumbre está presente y necesitamos no solo de epidemiólogos, sino también de sociólogos y antropólogos que nos expliquen cómo vamos a vivir de aquí en adelante o mejor dicho, como vamos a convivir.

Me preocupan las líneas divisorias trazadas que a veces suenan a inocentes y culpables. Me preocupa que no podamos evolucionar hacia una mejor sociedad, una sociedad menos desigual. Lo anterior nos obliga a pensar en función de la pandemia, de la post pandemia y en lo estratégico para el país.

Mientras tanto, lo más certero que tengo es mi mascarilla y el alcohol en gel.

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