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El Fanatismo

Ventana Cultural

«El fanático cree ciegamente en algo y lo defiende, no piensa en otra cosa que no sea en eso, no permite el cuestionamiento salvo lo que él piensa».

¿Cuántas veces no nos hemos encontrado con gente que afirma que es bueno ser fanático? O nos hemos encontrado con gente que admira o sigue un tipo de género musical, o un tipo de ideología política que la defienden a capa y espada.

El fanatismo lo podemos encontrar en diferentes facetas y máscaras que, en esencia, no deja de ser fanatismo. Lo encontramos en las campañas políticas que reúnen a cientos de seguidores prometiendo el cielo y las estrellas, pero a la larga, solo logran que sus seguidores lleguen a extremos peligrosos y violentos; otros, en conciertos de tal o cual grupo o cantante, que se enojan con todo aquel que comente algo negativo de ellos, incluso los fanáticos de alguna rama deportiva o también, la religiosa. En sí el fanatismo lo encontramos en cualquier parte y en diferentes formas, pero no deja de ser fanatismo.

Pero ¿Qué es el fanatismo? No es otra cosa que la adhesión apasionada, desmedida y obstinada a una causa, persona, o ideología, de modo indiscriminado o de modo violento.

Cuando supera la racionalidad, puede llegar a extremos como torturar o someter a otros para cambiar sus creencias por las de ellos. No podemos negar que por causa del fanatismo, se puede cambiar la historia, pero es un cambio que no lleva a nada bueno.

El que es fanático tiene una necesidad imperante de creer en algo, una creencia que se vuelve ciega y bota toda libertad de pensamiento.

Bien dicen en un libro: “si encuentras a un fanático, aléjate de él, porque el fanático no piensa y no ve más allá de lo que quiere ver”, no podemos negar que es cierto lo que dicen estas palabras. Históricamente encontraremos fanáticos en todas las eras e imperios.

El fanatismo es lo contrario del conocimiento y de la filosofía como amor al conocimiento.

El fanático cree ciegamente en algo y lo defiende, no piensa en otra cosa que no sea en eso, no permite el cuestionamiento salvo lo que él piensa. Pero el filósofo vive libre, porque busca aquello de lo que carece.

No es malo creer en algo, porque necesitamos creer, pero creer con la convicción que la creencia que es vivida es más honrosa. No podemos hacer que otros crean lo que nosotros creemos, pero podemos respetar las creencias de los demás, aunque no las compartamos del todo.

Es cierto, el fanatismo se puede encontrar en diferentes formas y facetas, pero es menester del filósofo no afanarse en algo, no confundir pasión con fanatismo, porque el segundo es el extremo de algo, y los extremos no son nada buenos.

Es necesario tener siempre un cambio de pensamiento, porque cuando aprendemos algo, todo va cambiando y el fanático no permite que nada cambie, sino que gire todo en su entorno. Es necesario cambiar el pensamiento y empezar a ver todo bajo la luz de la Verdad, la luz de la Divinidad que mora dentro de cada uno de nosotros. Es necesario cambiar la perspectiva para que los cambios que esperamos, se puedan ver con nuestro ejemplo.

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Libre expresión de pensamiento.

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Claudia Alexandra Figueroa Oberlin

El arte siempre lo llevé de la mano con la literatura, me dediqué al teatro, a la danza por más de quince años, y a las artes marciales, ahora soy miembro de diferentes asociaciones y academias de poesía: Asociación Actuales Voces de la Poesía Latinoamericana, donde participo con crítica literaria, Academia Nacional e Internacional de Poesía de la Benemérita Sociedad Mexicana de Geografía y Estadística, América Madre, Unidos por las Artes, Movimiento Literario de Centroamérica, y locutora de la radio el barco del romance con el programa Una Ventana al Mundo, donde hablo de los viajes, la historia y la cultura, recito poemas y leo cuentos o fragmentos de otros autores y propios.

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