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¡Un poco de coherencia!

Catarsis

A propósito del mensaje del señor Alejandro Giammattei, ayer por la noche, en el que dijo que él nunca había dicho que cerraría el país, cuando el domingo recién pasado, en su discurso amenazó con cerrar el mismo por 15 días; publicamos hoy el artículo que nuestra Columnista Carmina Valdizán escribiera en este medio, el día 11 de diciembre del año pasado.

Con frecuencia suelo hablar de la congruencia, de lo importante y sano que es llevar una vida congruente. Si bien las palabras coherencia y congruencia son hasta cierto punto sinónimos, considero que la congruencia la tomamos más a nivel filosófico, casi esotérico. Mientas que a la coherencia le damos una connotación más fuerte, más real. Una persona con padecimientos mentales la llamamos incoherente, no incongruente.

Hablemos entonces de la coherencia y concentrémonos en una de las acepciones que le da la Real Academia Española. «Coherencia: Actitud lógica y consecuente con los principios que se profesan». Imagino que cuando leyeron este significado se les vinieron a la mente muchas personas, unas pocas coherentes y otras tantas incoherentes. No es de extrañar que cada día percibamos más incoherencias a nuestro alrededor.

Uno de los principales factores que hacen a una persona respetable y confiable es la coherencia. Si carece de ella, no sabemos qué podemos esperar y por ende desconfiamos. Somos más propensos a creer las noticias falsas y las mentiras que se puedan decir de esta persona. ¿Y cómo no? Sí se contradice así mismo con sus acciones y palabras. Mientras que, si es una persona coherente, la mayoría dudará de estas acusaciones y cuestionamientos, otorgándole el beneficio de la duda.

Sin embargo, no es que la naturaleza humana haya cambiado, la gran mayoría hemos escuchado más de alguna vez el antiguo y famoso refrán anónimo: «Haz lo que digo, y no lo que hago». Y no dejemos por un lado la célebre frase de un reconocido estoico, Séneca: «Haz pues, mi querido Lucilio, lo que dices que tú mismo me dices que haces.»

Nada nuevo es este comportamiento humano, tan solo ahora por medio del Internet y las redes sociales, sentimos que el mundo es cada vez menos coherente.

Esta semana salieron a la luz sendas incoherencias por parte de muchas personas y otros cuantos que se tuvieron que tragar sus propias palabras. ¿Cuántas veces no dijimos que se debía respetar el principio de presunción de inocencia y que toda persona tiene derecho al debido proceso antes de ser condenado mediáticamente? ¿Qué nos decían? Para comenzar corruptos, acompañado de un abanico de insultos. Y con esto se demuestra quién es coherente, pues, aunque se le haya acusado de abuso sexual a una persona que condenó y se burló abiertamente de muchos otros que han sido acusados por delitos que aún no han sido probados y aún no tienen una sentencia firme, a él se le deben de respetar sus derechos como a todos los demás.

Pero ahí vemos a los incoherentes que, habiendo condenado la falta de presunción de inocencia, hoy salen a condenar a este periodista sin que medie una sentencia firme.

Tampoco puedo dejar de mencionar a la diputada electa para la próxima legislatura que, al día de hoy, no tiene su Constancia Transitoria de Inexistencia de Reclamación de Cargos y está haciendo de esto un circo político de victimización. Ella sabe bien que es un requisito indispensable para tomar posesión del cargo al que fue electa y que en la misma posición se encuentran muchísimas personas. Es la ley y se debe acatar, ella debe respetar las reglas y no pedir un trato especial, eso demostraría que tiene coherencia.

Mencioné un par de ejemplos políticos, pero la coherencia se debería de dar a todo nivel, desde el esposo que se ufana de su familia pero no respeta su matrimonio y tiene una o más amantes o el religioso que santigua a cada rato pero hace daño a otros por medio de sus acciones. En ambos casos hay incoherencia.

Busquemos la coherencia en nuestras vidas y cuidémonos de quien no lo es, la coherencia se demuestra cuando nuestras palabras y nuestras acciones son las mismas.

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